BERLÍN / El viaje de Orlando a través del tiempo, según Olga Neuwirth

Berlin. Komische Oper. 16. 5. 2026. Ema Nikolovska, Alma Sadé, Eric Jurenas,Karolina Gumos, Anna Nekhames, Günter Papendell, Kevin(a) Taylor. Dirección musical: Johnnes Kalitzke. Dirección de escena: Ewelina Marciniak. Olga Neuwirth: Orlando
La Komische Oper de Berlín ha presentado la première alemana de Orlando, de la compositora austriaca Olga Neuwirth, cuyo estreno absoluto tuvo lugar en la Ópera Estatal de Viena en 2019. La obra, subtitulada Una biografía musical ficticia, no se había vuelto a representar desde entonces, lo cual se antoja del todo comprensible tras el estreno berlinés. La velada de tres horas lleva al público al límite de su resistencia, tanto en lo musical como en lo escénico.
El libreto en inglés, escrito por la compositora en colaboración con Catherine Filloux, se basa en la novela homónima de Virginia Woolf, de 1928, en la cual el personaje principal, sin edad, vive desde el siglo XVI hasta el XX y cambia de género a lo largo de los años, pasando de hombre a mujer. Neuwirth amplía la trama hasta nuestros días, de modo que los vídeos de Natan Berkowicz incluyen imágenes de las dos guerras mundiales, el Holocausto, el lanzamiento de la bomba atómica y episodios que van desde el movimiento feminista de 1968 hasta el populismo de derechas actual. En su producción, la directora de escena polaca Ewelina Marciniak se centra en los dos papeles principales de la obra: el personaje titular y la narradora, que exhibe rasgos que la identifican con la escritora Vita Sackville-West, amante de Virginia Woolf. Alma Sadé es la elocuente narradora, vestida por Julia Kornacka al estilo masculino de Sackville-West. La mezzo macedonio-canadiense Ema Nikolovska, que al principio interpreta a Orlando como un hombre con camisa blanca y pantalones negros, comienza en un registro grave, usando a menudo el recitativo y una declamación de tono masculino; tras su transformación en mujer con un vestido azul, pasa a registros más agudos y a tonos más suaves y femeninos. Es justo señalar que la cantante brindó este exigente papel de forma admirable.

La partitura es un collage por regla general estridente de paisajes sonoros disonantes, murmullos etéreos, madrigales ingleses, efectos electrónicos parpadeantes, aportaciones de una banda de rock y diversas citas. Se puede reconocer la «Cold Song», del King Arthur de Purcell, un concierto para violín de Johann Sebastian Bach, así como villancicos y canciones infantiles. A los solistas del coro de la Komische Oper se les permite cantar en un registro moderado, mientras que al coro infantil de la casa se le impone un canto estridente hasta el límite del dolor. También se superpone la voz de Churchill, y seis técnicos de efectos de sonido con sonajeros, campanas, cáscaras de coco y otros objetos extraños completan el paisaje sonoro. A este caos se suma la combinación de canto y habla, lo que dificulta la comprensión y exige mucho a los intérpretes. Con todo ello, Johannes Kalitzke, especialista en músicas actuales, mantiene en todo momento una visión clara y conjuga las distintas capas musicales en un cosmos sonoro gigantesco, aunque ciertamente agotador.
En la escenografía de Mirek Kaczmarek, dominada a la derecha por un montículo de hierba y un roble, se cuela una y otra vez una caja que muestra la habitación de Orlando con papel pintado en la pared, un escritorio y una pila de libros. La acción comienza en Inglaterra en 1598. La llegada de la reina Isabel I, con una colosal crinolina adornada con apliques dorados, crea una imagen impactante, y a Karolina Gumos incluso se le permite cantar afinada. Anna Nekhames, en el papel de Sasha y vestida con pieles blancas, también puede hacer uso de virtuosas coloraturas. Cuando la princesa rusa abandona a Orlando, el roble del fondo se derrumba. Tras este episodio ambientado a principios del siglo XVII, Orlando conoce al escritor Greene. Günter Papendell interpreta de forma impactante a este ambiguo personaje y más tarde también encarna a Shelmerdine, el marido de Orlando, con quien tiene un hijo.

La persona no binaria Kevin(a) Taylor interpreta la escena queer con voz estridente y actuación exaltada. El Ángel de la Guarda, ataviado de forma extravagante con una toga blanca y joyas, interpretado por el contratenor Eric Jurenas, también puede incluirse en esta categoría. Al fin y al cabo, la compañía llama a su producción ¡La definitiva ópera híbrida de ciencia ficción queer!
La dirección de escena concede mucho espacio a las contribuciones coreográficas de Agnieszka Kryst. A menudo son de estilo neoclásico, pero tras la transformación de Orlando derivan en una estrafalaria orgía en la que los bailarines desnudos exhiben enormes pechos y penes desmesurados. También se vuelve a ver a representantes del mundo del travestismo y a drag queens con trajes de fantasía de colores chillones. Todo ello da como resultado un espectáculo visual exuberante y, al mismo tiempo, fatigosamente sobrecargado. El público del estreno abandonó la sala con inusual rapidez tras una ronda de aplausos de cortesía.
Bernd Hoppe
Foto: Jan Windszus

