BERLÍN / Christoph Loy enciende ‘La fiamma’ de Respighi, una historia de amor y brujería

Berlín. Deutsche Oper. 29-IX-2024. Olesya Golovneva, Martina Serafin, Doris Soffel, Georgy Vasiliev, Ivan Inverardi, Patrick Guetti. Dirección musical: Carlo Rizzi. Dirección de escena: Christof Loy. Respighi, La fiamma.
Desde hace unos años, la Deutsche Oper Berlin ha cosechado una notable serie de éxitos con la puesta en escena de óperas de principios del siglo XX. Todas estas producciones llevan la firma escénica de Christof Loy, que guarda una afinidad especial con este repertorio. En esta ocasión, Loy ha centrado su atención en una auténtica rareza: La fiamma de Ottorino Respighi, estrenada en 1934 en Roma y representada sólo en contadas ocasiones desde entonces.
La trama, ambientada en la Rávena del siglo VII, gira en torno al poder, y tiene como protagonista a Silvana, atrapada en un infeliz segundo matrimonio con el exarca Basilio. Despreciada por su suegra, Eudossia, Silvana mantiene una apasionada aventura amorosa con su hijastro, Donello. Esta relación prohibida desencadenará la tragedia, que culminará con la acusación de brujería a Silvana, que finalmente es condenada a morir en la hoguera.
La música de Respighi es estilísticamente variada y de desbordante riqueza, rozando a veces una intensidad casi dolorosa. Desde el podio, Carlo Rizzi, al frente de la orquesta de la Deutsche Oper Berlin, logró guiar con seguridad a los cantantes en sus exigentes papeles, brindándoles la atención adecuada. El director supo asimismo encontrar el impulso melódico adecuado en escenas importantes, como la de la anunciación del regreso de Donello o en el dúo de Basilio y Silvana.

Un excelente reparto garantizó el éxito del estreno el 29 de septiembre. La soprano rusa Olesya Golovneva interpretó a Silvana con arrolladora intensidad, inagotables reservas vocales y una actuación completamente inmersiva. Por desgracia, el vestuario diseñado por Barbara Drosihn, y en particular, el sencillo traje negro con el que vistió a la cantante, resultó monótono y carente de originalidad. La Eudossia de Martina Serafin, soprano centrada usualmente en papeles más dramáticos, se benefició de su potente tesitura grave, así como de su riguroso registro agudo, lleno de carácter. Completó el trío de “mujeres marginadas” —idea central que explora la ópera de Respighi— el personaje de Agnese di Cervia, una anciana que, al inicio de la obra, es perseguida por una turba enfurecida, acusada de brujería y arrastrada a la hoguera. La actuación de la veterana Doris Soffel fue espectacular por su entrega tanto vocal como dramática, especialmente en el momento en que, antes de morir rodeada por las llamas, lanza su maldición sobre Eudossia, Silvana, Basilio y Donello.
En los papeles secundarios también escuchamos destacadas interpretaciones vocales. El bajo Patrick Guetti, como el exorcista, impresionó con su poderosa voz, mientras que la soprano lírica Sua Jo, en el papel de la criada Monica —enamorada de Donello, y enviada por Silvana a un convento como castigo—, deslumbró por su brillante registro. En el rol de Donello, el tenor Georgy Vasiliev estuvo algo por debajo de lo esperado. Su voz, de tintes baritonales, careció de la sensibilidad necesaria para encarnar al joven amante. Sin embargo, su entrega actoral fue notable, y el dúo de amor con Silvana al final del segundo acto produjo un fuerte impacto. Por su parte, el barítono Ivan Inverardi, ya familiarizado con este tipo de repertorio, encarnó a un Basilio lleno de autoridad, irradiando poder en escena, pero capaz de mostrar una faceta más sensible, logrando un difícil equilibrio entre fuerza y vulnerabilidad. Excelente, como es habitual en este teatro, la labor del coro en todas sus intervenciones.
Por desgracia, la austera escenografía contrastó de forma desconcertante y decepcionante con la exuberancia musical. Herbert Murauer ideó un decorado revestido de paneles de madera, que daba la impresión de prolongar sobre el escenario el recubrimiento de la platea. En este entorno despojado, sólo un paisaje natural, que se reveló al abrir la pared posterior, ofreció algo de variedad visual.
Bernd Hoppe


