BERGEN / Confluencias musicales en la ciudad de Grieg

BERGEN INTERNATIONAL FESTIVAL. 21.V / 4.VI 2025
Con una enérgica y por momentos inflamada interpretación del Concierto para piano en La menor de Edvard Grieg concluyó el pasado miércoles la 73ª edición del Festival Internacional de Música y Artes Escénicas de Bergen, el principal certamen musical de Escandinavia, que cada año tiene lugar durante los últimos días de mayo y primeros de junio en la bella localidad noruega, un enclave de ensueño rodeado de montañas y fiordos que por sí solo merece una reposada visita. El concierto que cerraba el festival, ofrecido en el inmenso Grieghallen, el auditorio local, estuvo protagonizado, como es costumbre, por la Orquesta Filarmónica de Bergen, formación bicentenaria actualmente en busca de nuevo titular, tras finalizar su mandato el británico Edward Gardner. En el podio, una directora en ascenso, la neozelandesa Gemma New (a quien pudimos ver en España hace un par de semanas dirigiendo en el Auditori de Barcelona a la OBC) quien ofreció un sólido y a veces rudo acompañamiento a la solista, la pianista de Mónaco (con raíces en Sri Lanka) Shani Diluka, desconocida para el cronista que firma estas líneas. Diluka exhibió virtuosismo y conocimiento de una partitura que es icono y símbolo de Noruega (de ahí que el festival concluya siempre con esta obra) pero también una cierta precipitación en los ataques y, en general, una tendencia a exagerar las dinámicas, características que se pusieron de nuevo de manifiesto en la propina ofrecida, una libérrima lectura de la Danza del fuego de Manuel de Falla, que sonó como reinventada en manos de la solista. La Filarmónica de Bergen conoce al dedillo el concierto de Grieg, y acompañó con la solvencia debida. La primera parte la ocupó enteramente una versión con recitados (en noruego) del mendelssohniano Sueño de una noche de verano, deliciosa partitura, como es bien sabido, que New tradujo con agilidad y delicadeza, extrayendo muy buenos resultados tanto de la orquesta como del coro femenino, quienes a su vez arroparon a unos actores que tuvieron que sacar adelante, apoyándose únicamente en sus voces y movimientos escénicos, la dramaturgia shakespeariana inserta en la brillante partitura del compositor alemán. La impresión final fue que se trataba de un extraño programa para despedir una edición del festival que se antoja transicional, en espera de la gran cita de 2027, cuando el certamen celebre sus primeros 75 años de existencia.

Así parecía reconocerlo de forma implícita el director del festival, el compositor noruego Lars Petter Hagen, durante la charla que mantuvo con SCHERZO el día previo a la clausura del certamen. ‘Esta edición es la número 73, y ya estamos calentando motores para la edición de los 75 años -afirma Hagen- que será muy especial, más larga, con eventos muy importantes e incluso la edición y publicación de un libro que repasará con todo lujo de detalle la historia del BergenFest’. El festival, en efecto, arrancó en 1953, aunque en realidad sus orígenes se remontan al año 1889, como explica Hagen. ‘En ese año hubo una gran exposición en Bergen, circunstancia que aprovechó Grieg, quien por entonces vivía en Bergen -donde había nacido- para organizar lo que entonces se llamó el Bergen Musikfest. El certamen fue un gran éxito, pero no logró establecerse como un evento anual hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Fue entonces, en 1953, cuando el festival logró despegar, tomando como principal modelo el Festival de Salzburgo; una bella y coqueta ciudad situada en un bellísimo enclave natural, cuna además de un gran compositor… ese fue el punto de partida’. La primera edición contó con la intervención estelar de la legendaria soprano Kirsten Flagstad, auténtica gloria nacional, a quien este año el festival ha querido recuperar mediante un concierto muy especial concebido por el director coral Stepen Higgings, quien ha trabajado con algunos técnicos e ingenieros de sonido para mezclar la voz de la propia Flagstad procedente de sus viejas grabaciones con el sonido directo del Edvard Grieg Vokalensemble y el Valen Vokalensemble, en una experiencia única que vuelve a traer a nuestros días a la más grande cantante que ha dado Noruega… antes de Lise Davidsen. La edición de 2025 ha contado también con otra gran dama de la lírica de las últimas décadas, la estadounidense Joyce DiDonato, que realizaba su debut en Bergen con un recital que tenía a Alma Mahler como principal protagonista.

El nombre y la figura de Edvard Grieg confiere al festival una dimensión internacional, que se añade a la propia vocación de la ciudad, que fue durante muchos años la capital de Noruega, además de su principal conexión con el mundo exterior, gracias principalmente a su potente industria pesquera, circunstancias que propiciaron a lo largo de los últimos siglos un intenso intercambio, no sólo comercial, sino también cultural, cuyo mayor reflejo es la robusta tradición musical que atesora y que se remonta al Renacimiento. La formación instrumental que acabaría cristalizando en lo que hoy en día conocemos como la Orquesta Filarmónica de Bergen se fundó hace casi 250 años, y en sus calles nació y creció la figura más importante que ha dado al mundo la música noruega, el venerado Grieg. ‘El punto de partida del Festival de Bergen fue por supuesto la música clásica’ explica Hagen, ‘y desde el primer momento se concibió como un diálogo entre artistas internacionales, nacionales y locales, un intercambio de ideas tanto artísticas como específicamente musicales, estableciendo una relación entre el pasado y el presente; por ejemplo, llevando la música actual a la casa natal de Grieg y combinándola con su propia música’. De hecho, el festival se desarrolla en espacios históricos muy especiales, algunos tan impactantes como la Håkonshalle, o el salón de rey Håkon, un formidable edificio construido en el siglo XIII que durante varias centurias fue el epicentro y el hogar de la realeza noruega. Por su impresionante acústica, el Håkonshalle resulta ideal para la música vocal y de cámara, y entre sus densos muros han desfilado este año figuras como el ensemble Nevermind de Jean Rondeau (con un programa dedicado íntegramente a su reciente adaptación para conjunto de las Variaciones Goldberg de Bach), el violonchelista noruego Truls Mørk, el pianista italosuizo Francesco Piemontesi o la exuberante contralto norteamericana Jasmin White, de voz y presencia en verdad imponentes, que dejó boquiabierta a la audiencia con un inolvidable recital de Lieder de Schubert, Brahms y Berg.

Lars Petter Hagen asumió la dirección del BergenFest en 2022, aunque en realidad la primera edición enteramente firmada por él fue la de 2023. ‘Este es por lo tanto mi tercer año -declara Hagen- en un festival que amo mucho y en el que espero poder dejar mi impronta. Aunque el festival se autodenomina “de música y artes escénicas”, desde que asumí el mando me propuse poner un énfasis especial en la música clásica, y especialmente en la imbricación y el diálogo entre la música clásica y la música contemporánea. Yo mismo soy compositor, por lo que puede imaginar que la música actual está muy presente en la programación. Sin ir más lejos, este año hemos incluido en el programa un buen número de conciertos y espectáculos en los que se combina la música clásica con la actual. Hacemos también encargos a compositores y hemos creado la Festival Academy of Bergen (FAB), que es una plataforma para nuevos artistas y creadores, a través de la cual entran en contacto jóvenes compositores y jóvenes intérpretes, creando talleres y trabajando juntos’. Cabe resaltar dentro de este ámbito la presencia este año de dos relevantes conjuntos dedicados a la creación contemporánea; por una parte, el veterano Ensemble Modern, que ha unido fuerzas con el artista japonés Ryoji Ikeda (conocido internacionalmente por sus caleidoscópicas esculturas sonoras) en un programa concebido específicamente para las cuerdas del Ensemble Modern, en el cual se genera una suerte de ‘ritual escénico’ que mezcla sonido, espacio y acción teatral; por otra, la presencia del también veterano conjunto noruego BIT20 Ensemble, con un programa dedicado a la compositora islandesa Bára Gísladóttir, en el que se ha interpretado la pieza The moon is an eye is a pond and so on and so forth, una suerte de ‘art-metal sinfonietta’, tal y como la describe el director del BIT20, Bjarni Frímann.
Así y todo, la mayor presencia de la música actual no es la única de las improntas que pretende marcar Lars Petter Hagen durante su mandato. ‘Quiero enfrentar y contemplar la música clásica desde diferentes ángulos y perspectivas; por ejemplo, relacionándola de modo intenso con la música folclórica, en especial con la rica tradición folclórica de Noruega, esa misma que tanto inspiró a Edvard Grieg. Pero tampoco somos ajenos al proceso de globalización, de modo que estamos incorporando músicas folclóricas de otras partes del mundo. Este año tenemos artistas procedentes de 27 países, haciéndonos eco del interés creciente que despiertan no solo las músicas populares de los tiempos pasados, sin también su posible combinación con las músicas del presente’.
En cuanto a la ópera, su presencia en el festival es escasa. ‘Bergen no posee un teatro de ópera’ -afirma Hagen- ‘aunque tenemos el Grieg Hall, que tiene un foso para la orquesta y la posibilidad de realizar montajes escénicos. Sin embargo, resulta complicado, porque durante el periodo que dura el festival el escenario del Grieg Hall está muy ocupado, de modo que cualquier producción debe concentrarse en el primer o en los primeros días del certamen. Este año no hemos tenido ópera (salvo una producción de ópera de cámara) aunque seguirá habiéndola en años sucesivos. Hace un par de años inauguramos el festival con una versión en concierto de Tosca, con Lise Davidsen, Freddie de Tomasso y Bryn Terfel, que tuvo un enorme éxito’.
Sin embargo, y haciendo honor a su denominación de festival de ‘música y artes escénicas’, en el BergenFest hay mucho teatro musical, y también mucha danza. ‘No tenemos un programa específico dedicado a las artes visuales -afirma Hagen- pero hay una exposición vinculada con el festival, en el Bergen Kunsthall. Este año hemos elegido al gran artista surafricano William Kentridge como artista residente, ya que se trata de una figura muy interesante en el ámbito de la interdisciplinaridad. Kentridge trabaja con música, pintura, video, teatro… es un artista visual en el sentido más amplio del término. Se trata de la primera vez que incorporamos al BergenFest a un artista visual, pero para mí Kentridge posee un estatus artístico que en cierto sentido le aproxima a la figura del compositor. En todo caso, se trata de una primera experiencia que posiblemente repetiremos en años sucesivos’. Además de la exposición que Hagen menciona, William Kentridge ha presentado en Bergen dos proyectos: Oh To Believe in Another World, una película sobre la Décima Sinfonía de Shostakovich, durante la cual la sinfonía del compositor ruso se interpreta en directo, acompañando un film que ilustra las tortuosas relaciones de Shosta con el régimen soviético, utilizando la técnica conocida como stop motion; y The Great Yes, The Great No, una pieza de teatro musical a través de la cual el artista surafricano reflexiona sobre el fenómeno del exilio, cultural y político.

Según Lars Petter Hagen, el público que asiste al Festival Internacional de Bergen es ‘una mezcla muy saludable de público local, nacional e internacional. El grueso del público sigue siendo local, y para mí continúa siendo muy importante estimular a la gente que vive en Bergen y sus alrededores para que acudan a nuestros conciertos y espectáculos, y en ese sentido organizamos conciertos gratuitos y familiares; pero, al mismo tiempo, recibimos a mucha gente que acude al festival desde otros puntos de Noruega -no solo de Oslo- y acogemos a un número creciente de visitantes de otras nacionalidades. De hecho, el festival pretende ser, como ya se ha indicado antes, un punto de encuentro entre gente de Noruega y de otros países, de modo que se propicie un permanente diálogo cultural y artístico. En mi opinión, es muy importante fomentar esos tres niveles. Si te limitas a ser un festival internacional, acabas volviéndote irrelevante para el público local’. En cuanto al nivel de asistencia, Hagen confiesa sentirse satisfecho. ‘Este año hemos vendido más de un ochenta por ciento de las entradas, con algunos espectáculos en los que se ha colgado el cartel de sold out’. La financiación del BergenFest resulta de una mezcla bastante equilibrada de aportaciones públicas, privadas y venta de taquilla. ‘Aproximadamente el 50% del presupuesto procede de las aportaciones públicas, y el resto lo tenemos que conseguir nosotros, convenciendo a los patrocinadores privados. Se trata de una fórmula bastante poco habitual en Noruega, donde por regla general este tipo de iniciativas culturales reciben aproximadamente un 90% de financiación pública. El hecho de que tengamos tanta aportación privada tiene que ver con la vocación internacional de Bergen’, apostilla Hagen.
Juan Lucas


