Benjamin Alard: “Grabar la integral Bach es algo descomunal”

Benjamin Alard: “Grabar la integral Bach es algo descomunal”

En la historia de la discografía ha habido proyectos monumentales que se han acometido a lo largo de un buen número de años y que se han plasmado en varias decenas de volúmenes. Eso, por desgracia, forma parte de un pasado que seguramente no se repetirá, ya que los discos —al menos, en su formato físico— se han acabado convirtiendo en una rareza. Por ello, resultó sorprendente que Harmonia Mundi anunciara hace tres años que iba a grabar todas las obras para teclado que se conservan de Johann Sebastian Bach. La empresa se le encomendó al clavecinista y organista francés Benjamin Alard (Ruan, Normandía, 1985), quien acaba de publicar el tercero de los catorce volúmenes previstos. Para cuando concluya esta titánica tarea, Alard habrá dejado huella de su excepcional magisterio en aproximadamente una cincuentena de discos. Pero Alard no se ciñe a las grabaciones: su actividad concertística es incesante, incluso en tiempos de pandemia como los que vivimos. De hecho, será una referencia ineludible en las dos próximas temporadas del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), en las que ofrecerá, distribuidas en seis actuaciones, las cuatro partes del Clavier-Übung bachiano.

Acaba de salir el tercer volumen de su integral bachiana. En los dos volúmenes anteriores incluyó algunas piezas de compositores alemanes como Kuhnau, Böhm, Pachelbel, Reinken o Froberger. En este último, en cambio, ha optado por tres autores franceses: François Couperin, Nicolas de Grigny y André Raison. ¿Por alguna razón especial?

Me gusta incluir en los conciertos que hago de Bach música de otros compositores, sin que necesariamente estos tengan que ser alemanes. Couperin es un compositor al que adoro. Cuando era joven, toqué infinidad de veces sus misas para órgano. Y siempre que tengo opción, suelo incluir en mis recitales piezas de L’art de toucher le clavecin. Pero a la pregunta concreta que me hace, la decisión de incluir música de compositores franceses en el tercer volumen de la integral tiene que ver con la influencia que estos tuvieron en Bach. De la misma forma, en el cuarto volumen habrá autores italianos, como Vivaldi, de cuya música se nutrió considerablemente. Bach es maravilloso, por supuesto, pero a veces hacer solo música de Bach es demasiado. Y en una integral tan amplia como esta, consideré desde el principio que era aconsejable que apareciesen esos compositores que de una forma u otra influyeron en Bach. (…)

En una época como la que atravesamos, en la cual grabar un disco es una mezcla de locura y heroicidad, ¿qué es lo que le llevado a acometer una obra tan mastodóntica como esta integral? Se lo digo con sinceridad: me cuesta imaginar a alguien embarcándose en una aventura así en estos tiempos.

Le tengo que ser sincero: cuando acepté grabar la integral, no imaginé ni por lo más remoto que iba a ser algo tan descomunal. Sin embargo, no me arrepiento, que conste. Me siento muy feliz y me considero un privilegiado por tener la ocasión de hacer algo así. Y no solo me refiero a poder tocar esta maravillosa música, sino también a la labor de intensa investigación que conlleva. Investigación no es únicamente incluir obras que tienen relación directa con Bach, como las de Couperin y Raison de las que antes hablábamos, sino utilizar distintos instrumentos: órganos, claves, claviórganos… Le tengo que estar eternamente agradecido a Harmonia Mundi por haber confiado en mí para un proyecto como este y, sobre todo, por haberme dado total libertad para realizarlo. Harmonia Mundi proporciona, en mi opinión, algo de lo carecen la mayor parte de los sellos discográficos: una relación de proximidad muy intensa con los músicos que graban para ella.

¿Cómo organiza las grabaciones? Porque también en esto comprobamos que la suya es una integral atípica.

Planifico con bastante antelación lo que voy a registrar en cada sesión, pero muchas veces, cuando me siento delante del órgano o del clave, decido cambiar lo que había ideado. Es algo que me puedo permitir por lo que antes comentaba de la libertad que me brinda Harmonia Mundi. Esos cambios no solo tienen que ver con las obras, sino con los registros que en un principio tenía pensados. A veces, incluso olvido esos registros, así que no me queda más medio que improvisar. Me está resultando una experiencia muy enriquecedora.

¿No siente a veces escalofríos por encontrarse solo en medio de algo tan inmenso?

Solo no estoy, porque he establecido una gran complicidad con Alband Moraud, el ingeniero de sonido. Se puede decir que los dos estamos realmente juntos en esta historia.

¿Ha calculado el tiempo que le va a llevar concluir la integral?

Mi calculo es que la completaremos a lo largo de diez o doce años. Pero imagino que no voy a acertar, porque ya me pasó cuando el Palau de la Música me propuso abordar en concierto toda la obra para clave de Bach. Preveíamos que en el proyecto de Barcelona íbamos a dedicar ocho años, pero, a medida que avanzábamos, nos dimos cuenta de que no serían suficientes. Como muy pronto, lo concluiremos en 2025.

Le van, desde luego, las empresas arriesgadas, porque ahora tiene previsto hacer en el Auditorio Nacional de Madrid las cuatro partes del Clavier-Übung.

Ha sido una propuesta del Centro Nacional de Difusión Musical que me ha hecho mucha ilusión. Por supuesto, tendremos que cruzar los dedos para que todo llegue a buen puerto, porque estamos viviendo una situación tremendamente complicada debido a la pandemia de la Covid-19. Serán seis conciertos, con clave y con órgano, a lo largo de las dos próximas temporadas. En la primera, haremos las Partitas, es decir, el Clavier-Übung I, en dos conciertos (los días 14 de enero y 24 de marzo) y las Seis corales Schübler, o sea, el Clavier Übung III (el 20 de marzo), este, dentro del ciclo Bach Vermut. En las corales tocaré el órgano Grenzing de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional. (…)

 

[Foto: Bernard Martinez]

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 367 de Scherzo, de noviembre de 2020)