Beethoven: Amada lejana, amada inmortal (II)

Beethoven: Amada lejana, amada inmortal (II)

Ahora que ya han oído An die Hoffnung op. 32, podemos seguir. Esta canción está inspirada por una joven aristócrata, viuda, madre de cuatro  hijos, que cometió el error de ser amiga del alma de Beethoven. De modo que Beethoven creyó que aquello era más que amistad.

En cualquier caso, diremos que a Beethoven le gustaban cada vez más jóvenes (lo que era un obstáculo) y siempre eran nobles, lo cual (ahora lo veremos) era un obstáculo insalvable. Esa dama era Josephine von Deym, viuda del Conde Joseph von Deym, treinta años más viejo que ella y que resultó que no tenía tanta fortuna como pensó la familia de ella cuando le entregó aquella joya de veinte años a ese señor de cincuenta. Y que conste que en 1799 tener cincuenta años era tener muchos años. El matrimonio solo duró cinco, porque el Conde tuvo la gentileza de morirse en 1804; y Josephine se quedó sola, sin demasiada renta y con cuatro hijos, uno de ellos no nacido aún al morir el Conde. Pues bien, estamos en 1805 y Beethoven compone para Josephine el lied que acabamos de oír. Le obsesiona esta mujer.  Leamos ahora a Swafford:

“Por entonces, Beethoven estaba cortejando en serio a Josephine. Cortejándola como compositor, escribió para ella una canción: An die Hoffnung (A la esperanza). Y entonces la familia sí se sintió verdaderamente alarmada, y la propia Josephine comenzó a sentirse acosada. Admiraba a Beethoven más que a ninguna otra persona viva, pero se hallaba en una situación delicada, a la vez que trataba desesperadamente de llevar al mismo tiempo el museo, la casa de huéspedes y la familia. Al parecer, sus sentimientos hacia Beethoven eran espirituales y de admiración, no románticos, y menos aún sexuales. Para colmo, Josephine pertenecía a la nobleza.

De casarse con un plebeyo como Beethoven, perdería su título y sus privilegios.

Legalmente podía incluso perder la custodia de sus hijos. […]  Se trata de una canción para ser cantada y tocada por una mujer joven y concebida para no asustarla, en el sentido de que la música no es tan ardiente como el texto, que se dirige a una personificación de la esperanza del mismo modo en que An die Freude se dirige a una personificación de la alegría”.

Hasta aquí, las palabras de Swafford: Beethoven, tormento y triunfo, traducción de Juan Lucas, uno de esos hermosos libros que publica Acantilado. Creo que ya es el momento de plantear una cuestión como el de “la amada inmortal”. El próximo día haremos una primera aproximación. Pero no perderemos de vista este poema.