Beethoven: Amada lejana, amada inmortal (I)

Beethoven: Amada lejana, amada inmortal (I)

Felicidades, Ludwig Van.

Permítame que le cuente. No importa quién soy, lo que importa es el cuento, o eso quiero creer. Que no es un cuento, sino conjeturas sobre su vida. Sobre sus amores. Radio Clásica, de Radio Nacional de España, me dio la oportunidad de tratar obras suyas como teatro o narrativa más allá de Fidelio. Fue en noviembre. Ahora quiero atenerme a algunas obras suyas y las damas que pudieron estar alrededor de esas obras más o menos como lo conté entonces. Lo cierto es que algunas nos consta que estuvieron. Hay un enigma, ahora lo veremos.

La bibliografía sobre Beethoven es enorme, es bien sabido. Claro que les recomendaría un libro poco menos que definitivo, aunque nada lo sea. Es el publicado por Acantilado hace un par de años, Beethoven,  Tormento y triunfo, de Peter Swafford, traducido por nuestro querido Juan Lucas. Y otro muy reciente, que se fija en detalles y obras de especial significación, de manera que ellas tratan de abarcarlo el sentido del todo. Es Beethoven. Un retrato vienés, escrito por Arturo Reverter y Victoria Stapells, y publicado por Tirant Humanidades.

El libro de Swafford cita y utiliza una biografía amplia, inmensa. Resulta sorprendente, sin embargo, que ni nombre ni cite una monografía del calibre de la escrita por Jean y Brigitte Massin, unas 850 páginas publicadas por Fayard. Este libro es uno de los más útiles a la hora de estudiar a Beethoven. Swafford lo ignora, no sabemos si en el sentido british: lo ignora, es decir, finge no conocerlo por desdén o por alguna que otra mezquindad semejante; o en el sentido estricto en español: lo ignora, porque no sabe que existe. Que me perdone Mr. Swafford por ser tan ingrato después de haber disfrutado de su libro espléndido y justo antes de citar uno de sus párrafos. Pero, caramba, las cosas como son. Los que nos dedicamos a cuestiones como ésta –la música, el teatro, el ensayo, la literatura- sabemos muy bien qué es el ninguneo.

Vamos a citar a Swafford, pero antes les recomendaría la audición de un Lied de Beethoven, An die Hoffnung, A la esperanza. Hay dos Lieder suyos con este título; el que propongo ahora es el opus 32, no el opus 94. Se compone en el mismo momento en que trabaja en la primera versión de Fidelio. Ya veremos el sentido de este Lied.

Dice así, y disculpen las infidelidades del traductor:

Tú, que en la tempestad de la noche confortas el alma atormentada de manera suave y silenciosa.

Ah, esperanza. Dale consuelo al sufriente, Y que un ángel se lleve sus lágrimas.

Cuando callan voces queridas, Cuando la memoria se pierde bajo las ramas marchitas,

Acércate entonces a este que sufre / A este que tiembla y se arrebuja junto a las urnas sepultadas.

Y si acaso  su mirada, Al apagarse la última luz / Se rebela contra el destino,

Déjale que mire cómo termina su existencia, Reflejo en la nube / A la que el sol ilumina de cerca.

Óiganlo, por favor. Lo tiene a su alcance, ya saben. El próximo día seguiremos.