Scherzo | CRÍTICAS / BAYREUTH / La excelencia cotidiana del Ensemble Diderot, por Eduardo Torrico

BAYREUTH / La excelencia cotidiana del Ensemble Diderot

BAYREUTH / La excelencia cotidiana del Ensemble Diderot

Bayreuth. Ordenkirche St. Georgen. 9-IX-2022. Ensemble Diderot Violín y director: Johannes Pramsohler. Obras de Haendel, Tuma, Fux, Orschler, Telemann y Goldberg.

El ‘freelancismo’ es una de las grandes virtudes de la música antigua, pero también uno de sus grandes defectos. El talento interpretativo que ha emergido en los últimos años es realmente asombroso, y ello ha propiciado la aparición de un sinfín de magníficos grupos, especialmente formaciones de tamaño camerístico. Pero el ‘freelancismo’, que tanto ayuda en la germinación y en florecimiento de esos grupos, es la delgada línea roja que separa a los buenos de los muy buenos, y a los muy buenos de los excepcionales. Cuanta más estabilidad hay en una plantilla, mayor es la excelencia. En realidad, son muy pocos esos grupos de música antigua que hacen vida de cuarteto, bien porque no les apetece, bien porque no se lo pueden permitir. En mi opinión, esa vida de cuarteto, ese mantenerse juntos durante años y emprender sin apenas cambios en la plantilla tantos y tantos proyectos, es lo que ha situado al Ensemble Diderort a la vanguardia.

Fundado en 2008 por el violinista sudtirolés Johannes Pramsohler, desde entonces han estado siempre ha su lado el violinista ilicitano Roldán Bernabéu, la violonchelista francesa —de origen surcoreano— Gulrim Choï y el clavecinista —también francés— Philippe Grisvard, con algunos colaboradores fijos que se unen a ellos cuando hay que aumentar el orgánico, como ocurrió en el concierto que ofrecieron en la pasada Quincena Musical de San Sebastián, donde también estuvo el violinista italiano Simone Pirri (tenían que tocar obras para tres violines, claro), o como ocurre con el laudista anglo-croata-noruego Jadran Duncumb cuando precisan de cuerda pulsada. El Diderot se halla ahora inmerso en una gira que ayer le hacía recalar en el Festival de Ópera Barroca de Bayreuth, donde una vez más quedó de manifiesto la sublimidad de este ensemble radicado en París.

Ofreció un programa titulado Triosonaten aus Dresden, es decir, sonatas en trío compuestas para ser tocadas en la corte de Dresde cuando era concertino de su orquesta (la mejor de toda Europa en aquel tiempo) el virtuoso del violinista Johann Georg Pisendel, o relacionadas de una u otra forma con la ciudad sajona, como sucede con la Sinfonía en Si bemol mayor HWV 339 (que no es sino una sonata en trío) de Georg Friedrich Haendel, estrenada probablemente en Italia hacia 1707 (hay quien la data un año antes, en Hamburgo), pero de la cual existía una copia en la Biblioteca Estatal de Sajonia. Las demás sonatas en trío del programa son de Frantisek Ignac Tuma, Johann Joseph Fux, Johann George Orschler y Georg Philipp Telemann, y aunque ninguna de ellas supera a la de Haendel (si exceptuamos la Sonata en trío en Mi bemol mayor TWV 42:Es1 de Telemann, correspondiente a la primera producción de su Tafelmusik, que es una auténtica maravilla), la música es de una elevadísima calidad.

Muy curiosa, por sus aires precursoramente galantes, es la Sonata en trío en Fa menor de Orschler, compositor bastante desconocido que nació en 1698 en Breslavia (lo que hoy es la Wroclaw polaca), que fue alumno de Fux y que, tras pasar por diversas cortes (Falkenberg, Praga, Olomouc y Liechtenstein), acabó siendo miembro de la Wiener Hofmusikkapelle, seguramente requerido por su antigua conexión con Fux (Kapellmeister que fue de dicha institución), que en el momento de la llegada de Orschler a Viena ya llevaba varios años fallecido.

El Ensemble Diderot tiene un sonido muy particular, un sonido que lo hace inconfundible. Me recuerda en no pocos aspectos al de la extinta Musica Antiqua Köln, lo cual no debe sorprender si tenemos en cuenta que Pramsohler ha tenido, entre otros maestros, a Reinhard Goebel (de hecho, toca con un violín Ruggeri que perteneció al mencionado Goebel). La compenetración entre los cuatro componentes es admirable. Su complicidad se advierte desde el todo momento y se ve que disfrutan con cada nota que tocan. El público, que prácticamente era el mismo que el día anterior había acudido en la misma iglesia al concierto de Ars Antiqua Austria, mostró su caluroso entusiasmo a los miembros del Diderot, que tocaron como propina un movimiento de una sonata en trío de Johann Gottlieb Goldberg (sí, el de las variaciones que llevan su nombre). Curioso contraste: el grupo Letzbor había sido despedido el día anterior con tibios aplausos, todo lo contrario de lo que sucedió veinticuatro horas después con Pramsohler y compañía.

Eduardo Torrico