BAYREUTH / ‘Floridante’ de Haendel en el universo de Jane Austen

Bayreuth. Teatro de la Ópera de los Margraves. 12-IX-2026. Max Emanuel Cencic, Sonja Runje, Bruno de Sá, Eva Zalenga, Gerrit Illenberger, Yannis François. Wroclaw Baroque Orchestra. Dirección musical: Markellos Chryssicos. Dirección escénica: Max Emanuel Cencic. Haendel: Floridante.
Compuesta en 1721, Floridante pertenece al grupo de óperas menos frecuentadas de Georg Friedrich Haendel. Bayreuth Baroque la ha recuperado en su edición de este año en el marco histórico del suntuoso Teatro de la Ópera de los Margraves, con una nueva producción firmada por el director artístico del festival, Max Emanuel Cencic. La acción, situada originalmente en una Persia de resonancias míticas, ha sido trasladada a la Inglaterra georgiana, tomando como referencia el universo literario de Jane Austen.
El escenógrafo Helmut Stürmer -tristemente fallecido el pasado año- concibió para la producción un elegante decorado interior en negro y plata, dominado por altas puertas y ventanales. La posibilidad de girar y reorganizar sus distintos elementos permite transformar continuamente el espacio y crear nuevos ambientes. A esa imagen aristocrática contribuyen también los elegantes figurines de Corina Gramosteanu, que van desde vistosos uniformes militares hasta los refinados vestidos de las damas.
Protagonista de la ópera a la que da nombre, Floridante es un jefe militar al servicio del brutal Oronte, quien tiempo atrás había ordenado asesinar a la familia real, usurpando el poder. Solo sobrevivió la princesa Elisa, criada como hija de Oronte bajo el nombre de Elmira y prometida a Floridante como recompensa por su victoria en la guerra. Pero Oronte ha roto su promesa porque desea convertir a Elmira en su propia esposa. Floridante confía en rescatarla con la ayuda de Rossane, verdadera hija de Oronte, y de Timante, prometido de esta.

Cencic decide concentrar su puesta en escena en los personajes y en las huellas psicológicas que han dejado en ellos sus respectivos traumas. Introduce además un personaje mudo, la esposa de Oronte, a quien este golpea durante una obertura dramáticamente acompañada por rayos y truenos. La mujer muere más adelante, como revela una ceremonia fúnebre. La brutalidad de Oronte alcanza su extremo en el segundo acto, cuando viola dos veces a Elmira. Son escenas estremecedoras que terminan por ensombrecer incluso el lieto fine: en lugar de ser perdonado, Oronte muere a manos de sus propios súbditos.
Una vez más, Cencic asumió el papel protagonista, reuniendo a su alrededor un reparto de primer nivel, como viene siendo habitual en Bayreuth Baroque. A pesar de su larga trayectoria, su voz de contratenor mantiene la redondez, la calidez y el equilibrio entre los registros. Tras una pomposa marcha, su aparición con la anhelante aria «Alma mia» permitió apreciar la suavidad conmovedora de su canto. Muy diferente resultó «Bramo te sola», en el segundo acto, abordada con vehemente impulso y con un virtuosismo que se mantuvo intacto en las ornamentaciones. En el tercero logró establecer un rico contraste entre el recogimiento y la intimidad de «Se dolce m’era già viver» y la bravura de su número final «Mia bella» final.
En su mismo terreno, el sopranista Bruno de Sá, en el papel de Timante, se mostró como mínimo a la altura del protagonista, cuando no superior, desplegando su virtuosismo con absoluta facilidad desde su primer solo, «Dopo il nembo e la procella», número que el Cencic escenógrafo acompaña, de forma un tanto desconcertante, con una danza de seis criados provistos de cubos y escobas, una ocurrencia bastante extemporánea que, por fortuna, no se repitió durante el resto de la función. De Sá hizo asimismo que el aria «Lascioti, oh bella», al comienzo del segundo acto, sonase irresistiblemente seductora, llevando la voz hasta sus registros extremos. Por último, se mostró plenamente en su elemento en «Amor comanda», convertida en un desenfadado diálogo con la flauta de pico.

Quizá el personaje de mayor peso en la obra sea Elmira, a la que la contralto Sonja Runje dotó de una notable intensidad. Su interpretación comenzó con cierta contención expresiva y un volumen reducido, aunque la voz fue ganando en cuerpo y calidez, como pudo apreciarse ya en el dúo con Floridante, «Ah, mio caro», al final del primer acto. Los sollozos que entrecortan «Notte cara» anunciaban el progresivo trastorno del personaje. Elmira se ha rebelado con vehemencia contra las agresiones de Oronte y en «Vivere per penare» aparece ya al borde del colapso. Para ello, Runje recurrió a cambios deliberados del color vocal e incluso al grito para expresar la situación límite de la protagonista. Solo con el jubiloso «Sì, coronar vogl’io» recupera Elmira el impulso vital que finalmente le permite subir al trono junto a Floridante.
También resultó muy convincente como Rossane la soprano Eva Zalenga, cuya voz fresca y flexible se hizo especialmente evidente en la deliciosa «Gode l’alma innamorata», en la que además puso de relieve una gran espontaneidad escénica. Su timbre se fundió de forma admirable con el de Timante en el delicado dúo «Fuor di periglio». Otro de sus mejores momentos fue «Se risolvi abbandonarmi», aria de profunda sensibilidad en la que Rossane asegura a Elmira su fidelidad inquebrantable.
La imponente presencia escénica y el porte autoritario de Gerrit Illenberger se ajustaron perfectamente a la figura de Oronte, al que prestó además la autoridad de su poderosa voz de bajo-barítono. Destacaron las rápidas coloraturas de «Ma non s’aspetti no» y, muy especialmente, «Che veggio, che sento», la escena de la prisión, donde el personaje roza la locura mientras el fasto escenográfico de los actos anteriores se transforma en la desolación de unos grises muros de ladrillo.

Excelente impresión dejó la Wroclaw Baroque Orchestra, formación polaca residente en esta edición del festival, que bajo la dirección de Markellos Chryssicos tocó con brillantez y energía. El director griego supo caracterizar con precisión los diferentes afectos de la partitura y atender a sus contrastes expresivos, concediendo siempre a los cantantes la necesaria libertad. En el coro final, «Quando pena la costanza», irrumpieron las trompetas mientras sobre los intérpretes, reunidos en el proscenio, caía una lluvia de confeti en forma de corazones rojos. La función del 12 de septiembre, quinta de las ofrecidas, concluyó con una entusiasta acogida del público, al que se ofreció como propina la repetición del coro.
Como es habitual, las representaciones operísticas se alternaron con conciertos a cargo de reconocidos solistas. El más espectacular fue probablemente The Sopranos, celebrado el 11 de septiembre en el Teatro de la Ópera de los Margraves. El italiano Federico Fiorio, el israelí Maayan Licht y el hondureño Dennis Orellana rivalizaron en bravura y virtuosismo vocal ante un público entusiasmado. Como propina, los tres cantantes ofrecieron «Pur ti miro», el dúo final de L’incoronazione di Poppea de Monteverdi, en una insólita versión a tres voces.
Previamente, los tres cantantes se habían presentado por separado. Fiorio lo hizo con «Spesso tra vaghe rose», de Siroe, re di Persia de Hasse, mostrando una voz de timbre más bien infantil y puro, aunque dotada de la agilidad necesaria para afrontar las exigencias virtuosísticas del aria. Orellana eligió «Non son sempre vane larve», aria de Sigismondo en Arminio de Händel, a la que confirió un carácter especialmente conmovedor gracias a la fluidez del legato y a una expresión doliente.
Los primeros fuegos artificiales de la velada llegaron con Maayan Licht en «Un pensiero nemico di pace», aria de Bellezza de Il trionfo del tempo e del disinganno de Haendel. Su voz no destaca por el caudal, pero posee una agilidad prodigiosa, que le permitió afrontar con absoluta facilidad coloraturas, trinos y todo tipo de ornamentaciones. Licht volvió además a hacer de sus intervenciones un espectáculo en sí mismo, con sucesivos cambios de vestuario y una presencia escénica deliberadamente exuberante, propia de un primo uomo.
Tras el descanso, Licht afrontó dos auténticos caballos de batalla: «Nel già bramoso petto», aria de Aquiles de Ifigenia in Aulide de Porpora, que desplegó con seducción y dedicó a su madre, presente en la sala, y «Son qual nave», de Arbace, perteneciente a Artaserse de Broschi, donde hizo gala de un ataque impetuoso y de unos graves de notable presencia.
También merecen destacarse la fervorosa interpretación de Fiorio de «Verso già l’alma», aria de Aci de la serenata homónima de Haendel, y las dos arias de Meleagro de Atalanta, también de Haendel, cantadas por Orellana: «Care selve», dicha con conmovedora sencillez, y «Sì, sì mel raccorderò», resuelta con brillante aplomo.
La Wroclaw Baroque Orchestra volvió a acompañar a los solistas, esta vez bajo la dirección del violonchelista Jaroslaw Thiel. El conjunto aportó además dos páginas instrumentales al programa: la ágil Sinfonia de Marc’Antonio e Cleopatra de Hasse y el Concerto à più istrumenti op. 5/6 de Evaristo Felice Dall’Abaco, que tras un comienzo delicado fue adquiriendo un carácter cada vez más animado.
Bernd Hoppe
Foto: Clemens Manser


