BARCELONA / Una gran ‘Traviata’ frente a las adversidades

BARCELONA / Una gran ‘Traviata’ frente a las adversidades

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. 5 y 15-XII-2020. Verdi, La traviata. Lisette Oropesa/Pretty Yende, Dmitry Korchak, Giovanni Meoni, Gerardo Bullón, Gemma Coma-Alabert, Laura Vidal, Felipe Bou, Antonio Lozano. Directora musical: Speranza Scappucci. Director de escena: David McVicar.

El regreso de La traviata al Liceu es un ejemplo de firmeza del equipo directivo y de entrega del equipo artístico y técnico en una pasión común por seguir ofreciendo ópera a pesar de la dura situación de lucha frente a la expansión del coronavirus. Tras las dos primeras funciones, celebradas en un teatro desangelado —ni se llegaron a cubrir las 500 localidades fijadas como tope por el Govern de la Generalitat, ya que, entre el puente y las incertidumbres, muchos abonados optaron por devolver sus entradas— los directivos se plantaron frente a una situación injusta, reclamando, a la vista de las excepcionales medidas de seguridad del coliseo de la Rambla, la autorización para abrir con el 50 por ciento de aforo, es decir, mil espectadores en lugar de un absurdo tope que representaba poco más del 21 por ciento del aforo de la sala. En esta ardua lucha hay que destacar la acción ante los políticos llevada a cabo por Salvador Alemany, presidente de la Fundación Gran Teatre del Liceu.

Por fin se consiguió la rectificación y el teatro pudo reemprender la agenda de funciones programadas hasta el 30 de diciembre, aunque siempre con el peligro inminente de un nuevo cierre a tenor del alarmante aumento de la cifra de contagios.  Nada que ver, a pesar de todo, con el frío y decepcionante ambiente en el que se desarrollaron las dos primeras funciones, lo días 4 y 5 de diciembre, en una sala en la que casi había menos personas que en el escenario. De hecho, trabajan unas trescientas personas en la reposición del montaje de David McVicar, una coproducción de la Scottish Opera (Glasgow), la Welsh National Opera (Cardiff), el Teatro Real y el Liceu, que el teatro barcelonés presentó por última vez como espectáculo inaugural de la temporada 2014/15.

Es un buen espectáculo, quizá demasiado fúnebre y pesimista en su concepto, algo que en estos tiempos resulta aún más deprimente. Desde el preludio, la amenaza de la muerte de Violetta es omnipresente —hasta el celebérrimo Brindis resulta tristón—, pero esa obsesiva y negra mirada del director de escena escocés radiografía el drama interior de la desdichada cortesana sin concesiones al glamur. La ambientación es de época, con una escenografía y un magnífico vestuario —diseñado por Tanya McCallin— que evocan con oscuras texturas el lujo decadente de los salones del París de La dama de las camelias. La dirección de actores es óptima, en un clima asfixiante que la certera iluminación de Jennifer Tipton baña en tonalidades oscuras y difuminadas, como si de un retrato del pasado se tratara.

Dos mujeres triunfan en esta reposición de forma contundente. De entrada, la enérgica dirección de Speranza Scappucci, muy en la línea de su maestro Riccardo Muti, tiene una intensidad dramática de excepcional fuerza. Hay nervio verdiano y un sentido del ritmo implacable —bien sostenido por la orquesta— en una lectura que deja espacio a la emoción lírica y el brillo vocal. La otra triunfadora es la soprano Lisette Oropesa, que dio vida a una Violetta de desbordante expresividad y brillo vocal. Su colega Pretty Yende estuvo muy bien en el primer acto, con medios más potentes, pero en el arco expresivo más dramático del personaje, Oropesa traduce la angustia y desesperación de Violetta con una paleta vocal más rica en matices. Cantó Addio del passato de forma admirable, pero, a diferencia de su histórica velada en el Teatro Real de Madrid, no hubo bis.

Más discretos estuvieron Dimitri Korchak y Giovanni Meoni. El tenor ruso ofreció un Alfredo Germont muy vehemente, pero muy tenso en los agudos y poco elegante en el fraseo. Por su parte, el barítono italiano Giovanni Meoni fue un musical y muy correcto Germont padre, pero sin el empaque, la distinción y la potencia de los grandes barítonos verdianos.  Buen nivel en el equipo de comprimarios —Gerardo Bullón (Douphol) y Felipe Bou (Grenvil), Gemma Coma-Alabert (Annina), Laura Vila (Flora) y Antonio Lozano (Gastone)— y en la respuesta coral: cantar con mascarilla es duro e incómodo y la formación, muy bien dirigida por Conxita García, se entrega a fondo en cada función a pesar de las limitaciones.

(Foto: Antoni Bofill)