BARCELONA / Un gran Gimeno al frente de la Filarmónica de Luxemburgo y el Orfeó Català

BARCELONA / Un gran Gimeno al frente de la Filarmónica de Luxemburgo y el Orfeó Català

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 11-V-2022. Charles Castronovo, tenor. Ludovic Tézier, barítono. Orfeó Català. Orchestre philharmonique du Luxembourg. Director: Gustavo Gimeno. Obras de Puccini y Messiaen

Olivier Messiaen compuso a los 22 años Les Offrandes oubliées y Puccini había cumplido los 21 al componer la Messa di Gloria. Junto a Hymne, escrita por el músico francés a los 24 años y recompuesta en 1946, fueron las tres obras que configuraron el programa del primer concierto de la gira del Orfeó Català y la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, dirigida por su titular, Gustavo Gimeno, que los llevará a actuar en el Théâtre des Champs Elysées de París y en la Philharmonie de Luxemburgo.

No pudo ser mejor el debut en el Palau de Gimeno. Gesto claro y perspicaz, atención al matiz y al detalle sonoro, elegancia… De la Philharmonie destacó la uniformidad de la sección de cuerda en los intimistas pianissimi que se encierran en la lamentosa primera sección (La Cruz) y la placidez conferida a La Eucaristía. Más colorista la interpretación del Hymne, en la que la yuxtaposición temática y color orquestal permitieron hacer disfrutar de la plenitud de la formación luxemburguesa. El particular sonido proporcionado por las escalas modales que van sucediéndose permitió escuchar una Philharmonie muy sólida en todas sus líneas, de sonido muy corpóreo y equilibrado y especialmente precisa en una sección de violines. Fue un Messiaen meditativo, interiorizado, voluntariamente agresivo en pasajes como Le Péché de Les Offrandes, pero, por encima de todo, dotado de una sugestiva atmósfera mística y etérea gracias a la dirección de Gimeno.

Ya en la segunda parte, el protagonismo lo copó el buen hacer del Orfeó Català en una obra propicia al lucimiento como es la Messa di Gloria de Puccini. Gimeno ofreció una visión muy enfática, que incidió en las brillantes sonoridades de tintes verdianos (impecable el metal de la orquesta) y que tuvo en el sugestivo y operístico inicio uno de los momentos en los que el coro se sintió más a gusto. Buen trabajo de todas las secciones de un Orfeó que, dispuesto en los laterales del anfiteatro, cantó a placer, enfocado más en la vertiente luminosa de la obra que en su apartado de recogimiento.

El tenor Charles Castronovo cantó con solvencia en sus intervenciones en el Gloria y el Credo, pero su voz, que no tiene problema en la proyección ni en la naturalidad de canto, posee un exceso de vibrato en los agudos que enturbia su su buen hacer. El barítono Ludovic Tézier, de voz tersa, firme y de clara proyección, brilló con luz propia en un pasaje tan agradecido como es el Benedictus, así como en el delicadísimo dúo del Agnus Dei con el que concluye la Messa de Puccini.

Lluís Trullén

(Foto: Marco Borggreve)