BARCELONA / Un Gardiner heroico en el Palau

BARCELONA / Un Gardiner heroico en el Palau

Barcelona. Palau de la Música. 10-II-2020. Orchestre Révolutionnaire et Romantique Director: John Eliot Gardiner. Beethoven, Sinfonías nº 2 y 3.

En la segunda entrega de la integral sinfónica beethoveniana que durante estos días puede escucharse en el Palau, Gardiner nos reservó un programa que incluía la Segunda y la Tercera. Surgió el Gardiner en su estado más puro para regalarnos una versión de la Heroica para recordar durante mucho tiempo. La Heroica aparece cincelada bajo un discurso cuya narrativa —muerte y resurgir hacia al triunfo— despliega un arsenal de efectos sonoros, de estados emocionales, de elementos sorpresivos que se elevan como un monumento musical titánico que el director británico esculpiría una vez más de manera prodigiosa.

Esta vez Gardiner al frente de su Orchestre Révolutionnaire et Romantique se movió por su terreno preferido: opulencia sonora, efectos tímbricos bellísimos, una cuerda que llevó casi a la extenuación por la exigencia de los tempi y unas dinámicas cuya gradación creaban sonoridades sorprendentes. Antes, Gardiner y la ORR desplegaron su talento con la Segunda, la sinfonía que Berlioz definió como “una sonrisa de principio a fin”. La versión irradió energía y la diversidad de registros —como el tremendo fortissimo en Re menor o aquel que creaban las cuerdas en el último movimiento sin, obviamente, entrar en el efecto de vibrato— aparecían con multitud de ráfagas y destellos luminosos creando un discurso vigoroso bajo unos tempi endemoniados.

Gardiner guardó la proporción de los cánones clásicos dentro de un discurso llevado al extremo por sus constantes efectos centelleantes. A la postre, el público que abarrotaba el Palau pudo escuchar una versión de la Segunda mucho más dinámica incluso que la grabada en la integral discográfica de 1994. Un brillante preámbulo para una Heroica que, desde el amplio primer tema ofrecido por los violonchelos hasta el deslumbrante final, con su triunfal tono de Mi bemol, cautivaba por una perfecta construcción arquitectónica llena de innumerables y sorprendentes efectos sonoros.

Gardiner narraba un discurso opulento, mostrando una serenidad bruckneriana en la Marcha fúnebre y máxima vivacidad en el scherzo con las trompas naturales adquiriendo protagonismo. El discurso de Gardiner se dirigía claramente hacia el estallido de optimismo final. Mil y un detalles dentro de un mar de destellos instrumentales prodigiosos, equilibrios de sonido entre las secciones perfectamente articulados que se moldeaban en una versión que inexorablemente nos conduciría hacia un final radiante. Gardiner manejó la orquesta a su antojo y esta respondió con el mejor de su talento para ofrecernos una Heroica de momentos elocuentes a momentos de una intimidad poética exquisita —valga como ejemplo el célebre diálogo camerístico entre los primeros atriles de las cuerdas— y así regalarnos un Beethoven enérgico, brillante y, sobre todo, triunfal.