BARCELONA / Stefan Dohr deja su impronta en el Auditori

BARCELONA / Stefan Dohr deja su impronta en el Auditori

Barcelona. L’ Auditori. 9-X-2021. Stefan Dohr, trompa. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Catalunya (OBC)‎. Director: Kazushi Ono. Obras de Hosokawa, Mozart y Elgar.

El director japonés Kazushi Ono se puso por primera vez al frente de la OBC esta temporada, que será la de su despedida como titular, ya que el próximo año tomará las riendas de la Filarmónica de Bruselas. Antes, en primavera, dirigirá dos programas de campanillas, con las Sinfonías nº 7 de Bruckner y nº 2 de Mahler, respectivamente.

En esta ocasión, Ono ofreció el estreno en España de Moment of Blossoming, el concierto para trompa de su compatriota Toshio Hosokawa, que compuso esta obra por encargo de la Filarmónica de Berlín, el Barbican Centre de Londres y el Concertgebouw de Ámsterdam, siendo su destinatario Stefan Dohr, trompa solista de la Filarmónica de Berlín desde 1993 y protagonista en este concierto de la OBC.

Dohr cautivó con una obra que es una metáfora de una flor de loto —protagonizada por el solista (el ser humano)— que, sobre un estanque, representa el despertar de nuestra conciencia en su relación con la naturaleza. Obra sutil, de refinadas texturas, en la que efectos sonoros delicadísimos, aparentemente inmóviles, crean una atmósfera serena muy afín a la estética oriental. La magia de Dohr radicó en congeniar esos delicados efectos con una orquesta que le ofreció una amalgama de colores bien trenzados, con un Ono siempre atento al volumen sonoro.

Estrenada en 2010, la obra es de notable exigencia para el solista —más por los efectos requeridos que por el alarde virtuosístico al que debe someterse—. Precedió al Concierto para trompa nº 3 de Mozart, el más exigente a nivel técnico del salzburgués.  La radiante tonalidad de Mi bemol mayor propició una versión radiante, con unos diálogos bien entrelazados entre solista y orquesta. En el Larghetto emergió, con sonoridades translúcidas, todo el sentido expresivo de esta delicadeza mozartiana.

La velada se cerró con las Variaciones Enigma de Elgar, obra que ya interpretó la OBC en abril de 2019 bajo la dirección de Miguel Harth-Bedoya. Hubo algunas carencias, pero también apreciables virtudes interpretativas. En los pasajes en tutti, la sección de metal, en su búsqueda de la espectacularidad, empañó el trabajo de maderas y cuerdas. En la undécima variación (G.R.S. Allegro di molto) o en el Finale Allegro, se llegó a desvirtuar el buen trabajo alcanzado en otras variaciones. Sobresalió una emotiva versión de la celebérrima novena variación, Nimrod, matizada cuidadosamente por la batuta de Ono, quien a su vez supo otorgar el correspondiente protagonismo a la viola en el Andantino de la sexta variación y al violonchelo en el Andante de la duodécima, dedicada por el compositor a su amigo Basil G. Nevinson. Los aires impetuosos de tocata sobre un rítmico compás ternario de la tercera variación o la mendelssohniana Romanza, evocadora de la obertura Mar en calma y viaje feliz, fueron los momentos álgidos de este atractivo y ecléctico cuadro musical que sigue magnetizando por su solemnidad inconfundiblemente británica. Buen trabajo de Ono y la OBC, pese a esos volúmenes excesivos en instantes muy concretos de las Variaciones, lo cual empañó una más que notable versión.