BARCELONA / Sonya Yoncheva y Annalisa Stroppa animan la enésima reposición de ‘Madama Butterfly’

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. 9-XII-2024. Sonya Yoncheva, Matthew Polenzani, Lucas Meachem, Annalisa Stroppa, Juan Noval-Moro, Carlos Cosías, David Lagares. Coro y Orquesta del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Paolo Bortolameolli. Dirección de escena: Moshe Leiser y Patrice Caurier. Giacomo Puccini: Madama Butterfly.
Aprovechando el bendito tirón popular de Giacomo Puccini en la taquilla, el Gran Teatre del Liceu despide al año con la maravillosa Madama Butterfly y, para rentabilizar aún mas las cuentas, ofrece por cuarta vez el clásico y más bien discreto montaje coproducido con la Royal Opera House y dirigido escénicamente por Moshe Leiser y Patrice Caurier. Estrenado en 2006, y con dos anteriores reposiciones (2013 y 2019), regresa en Navidades al coliseo barcelonés con Daysy Evans como responsable de la reposición y tres repartos, en una agenda de 15 funciones programadas hasta el 28 de diciembre bajo la batuta del director chileno Paolo Bortolameolli, director asociado de la Filarmónica de Los Ángeles, donde fue mano derecha de Gustavo Dudamel, titular de la Sinfónica Nacional Esperanza Azteca (México) y principal Director Invitado de la Filarmónica de Santiago (Chile).
Bortolameolli mostró en el foso pasión, energía e ideas claras. En su detallista lectura, de tempi más bien rápidos, sostuvo con precisión y firmeza el pulso dramático de esta suntuosa y refinada partitura, otorgando fuerza y brillantez a las escenas más intensas, pero se echó en falta mayor mesura en el control de las dinámicas. Una vez más, la abierta y minimalista escenografía de Christian Fenouillat perjudicó la proyección de las voces, que quedaron desprotegidas frente a la opulencia orquestal pucciniana.

En su regreso al Liceu, la soprano búlgara Sonya Yoncheva brindó una Cio-Cio San de gran calado dramático pero, quizá por los nervios, no estuvo muy fina en el control de sus medios, con pianísimos quebrados y exceso de vibrato. Emocionó más por temperamento que por sutilezas expresivas y la fragilidad y ternura que inspiró la desdichada heroina pucciniana quedaron desdibujadas por el sentimiento trágico ya desde el primer acto. El tenor estadounidense Matthew Polenzani fue un Pinkerton de sólidos agudos y fraseo irregular, con cambios de color en la voz y un movimiento escénico muy rígido. La emoción pucciniana cautivó mucho más en la notabilísima Suzuki de la mezzosoprano italiana Annalisa Stroppa, interpretada con gran lirismo y belleza vocal. Actualmente, su voz está madura para papeles de mayor enjundia y esperamos verla pronto de nuevo en el Liceu.
Correcto, sin más, el barítono estadounidense Lucas Meachem como Sharpless y, a pesar del peso orquestal, buenas prestaciones del tenor asturiano Juan Noval-Moro (Goro), el tenor catalán Carlos Cosías (Príncipe Yamadori) y el bajo-barítono andaluz David Lagares (Tío Bonzo). Buena actuación del coro en la bellísima escena a bocca chiusa.
Javier Pérez Senz
(fotos: David Ruano)


