BARCELONA / Rinaldo Alessandrini encumbra la música de Monteverdi

BARCELONA / Rinaldo Alessandrini encumbra la música de Monteverdi

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. 7-XI-2021. Concerto Italiano. Director: Rinaldo Alessandrini. Madrigales de Monteverdi.

Con un concierto dedicado a los madrigales guerrieri et amorosi pertenecientes al libro VIII de Claudio Monteverdi, Rinaldo Alessandrini y el Concerto Italiano iniciaron en la Sala Foyer del Gran Teatre del Liceu el largo recorrido en el que, en el transcurso de las próximas cinco temporadas, supondrá la integral de los nueve libros que el compositor de Cremona dedicó a un género que ha quedado indisociablemente vinculado a su nombre.

La carrera de Alessandrini ha estado siempre asociada al nombre de Monteverdi, de quien sigue siendo uno de sus traductores más cualificados. Sus interpretaciones, tanto en concierto como en grabaciones, son siempre referenciales (tanto de los madrigales, como de las óperas). La sala del Foyer del Liceu se llenó para escuchar esta propuesta, en la que Alessandrini, al frente de ocho voces y una docena de instrumentistas, elevó a la máxima expresión el estilo concitato y el sentido proto-operístico que envuelve a estas obras, en una constante transmisión de emociones. Las tensiones instrumentales, el sentido dramático y los constantes efectos vocales emergieron de modo magistral, respaldadas por una orquestación que recalaba cuidadosamente en los planteamientos armónicos. Ejemplo de ello lo encontramos en la magistral lectura de Il combattimento di Tancredi e Clorinda.

La idea monteverdiana de congeniar los estilos agitados, suaves y moderados en una misma música para dotar de pasión y emotividad son premisa fundamental para la interpretación de estos madrigales. Dirigiendo desde el clave, Alessandrini planteó una lectura en la que despreciaba los ornamentos vacuos y en la que la prosodia de Monteverdi emergió desde las primeras notas, secundada por unas armonías punzantes pero siempre equilibradas.

Sensacionales las ocho voces del coro, perfectamente empastadas. Y plenamente equilibrado el sonido instrumental, que, desde el arpa barroca hasta el clave, creó la atmósfera adecuada para el devenir del canto. Alessandrini atendió siempre a una búsqueda cuidadosamente razonada de los equilibrios, logrando una lectura que reflejó el sentido propio de las pasiones humanas. El maestro italiano volvió a elevar a lo más alto la música de Monteverdi.