BARCELONA / ‘Lessons in Love and Violence’: potente lección de ópera contemporánea

BARCELONA / ‘Lessons in Love and Violence’: potente lección de ópera contemporánea

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. 26-II-2021. Benjamin, Lessons in Love and Violonce. S. Degout, D. Okulitch, G. Jarman, P. Hoare, S. Boden. Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu. Director musical: J. Pons. Director de escena: K. Mitchell.

En la crítica estética de ya hace tiempo se citaba bastante la sentencia orsiana de “lo que no es tradición, es plagio.” Es de suponer que don Eugenio, todo clasicismo novecentista, se habría consternado al escuchar y ver en el ben plantat Teatre del Liceu la ópera Lessons in Love and Violence del compositor George Benjamin (Londres 1960), sobre libreto de Martin Crimp (Dartford, Kent, 1956). Sin embargo, este feroz drama cantado hunde sus raíces no ya en la literatura anterior, que por supuesto lo hace, sino en la realidad histórica, el controvertido reinado de Eduardo II de Inglaterra y su desenfrenada pasión por su favorito Gaveston que le costaría el reino y la vida.

Naturalmente importa mucho más la elaboración literaria de esta oscura historia, empezando por el drama de Cristopher Marlowe, siguiendo por la adaptación brechtiana de este último y acabando en esas Lessons escritas por Crimp y musicadas por Benjamin.  Hay tradición, don Eugenio, y qué tradición. Pero, sobre ese humus, la invención nueva es asombrosa. Y la muy trabajada e inteligente compenetración de compositor, libretista, director musical y escenógrafo fue de tal manera que pareciera que ese libreto solo pudiera ser vivificado por esa música, y la acción solo pudiera desarrollarse creíblemente en una escena estrictamente contemporánea, exquisitamente dispuesta y coreografiada, en la que el dormitorio del rey y su gran lecho –donde se dan cita pasión amorosa y violencia- es el escenario, con estratégicas variaciones de utillaje y eliminación, de las siete escenas de la ópera.

La verdadera espina dorsal de esa combinación de excelencias fue la versión musical que dirigió Josep Pons al frente de una grandísima –por cualidad y cantidad- orquesta. Por cantidad, porque la dimensión de la instrumentación obligó a eliminar las cuatro primeras filas de la platea para ubicar parte de la orquesta. Pons sacó de ella lo mejor: brillantez de las cuerdas agudas y oscuridad de las graves; vientos y metales incisivos, a veces como latigazos; y una riqueza de timbres reforzados por inusitados instrumentos, toda clase de percusiones, celesta y címbalo, quizá una sutil alusión a la época histórica en que se desarrolló el drama real.

Uno hubiera esperado que, con una orquesta tan nutrida y extendida en profundidad, los cantantes, situados detrás de esa masa sonora, tuvieran dificultades. Si las tuvieron, no las percibí o apenas las percibí. En el papel del Rey, el barítono Stéphane Degout sacó todo el partido de una particella escrita por Benjamin precisamente para él: es un papel para barítono lírico, que pide elegancia en la línea de canto, línea de canto mantenida incluso en los momentos en que el desdichado personaje parece incluso acercarse a la demencia. Es el precio que paga por su desaforado –y maldito- amor por Gaveston, este interpretado por el bajo-barítono Danile Okulitch, cuya voz (oscura y mórbida) y su porte (entre dandi y decadente) componían bien el personaje altanero y odioso.

Evolucionando de espectadora frívola del drama, hacia cómplice del asesinato de su esposo por el senescal del rey, Mortimer, la soprano Georgia Jarman, que estuvo segura en los difíciles agudos de su partitura. Y en papel del traidor asesino del rey y luego esposo de la reina –y aquí y en el momento de la primera escena en que se habla de aprestar una representación , pura ficción, claro, de ese adulterio y magnicidio, es difícil sustraerse a la evocación de Hamlet, “tradición”, no “plagio”- el tenor Peter Hoare, en parlandos siniestros que hacían perfecta justicia del ora vulgar, ora refinado lenguaje de Crimp, o en canto a veces sibilino, a veces violento, compuso perfectamente el cruel personaje. También tenor, haut-contre francés, como Benjamin quiere, y no contratenor, Samuel Boden, gustó con esa especial manera de tenor lírico.

La tradición literaria y musical, pues, declarada a veces, insinuada otras, está presente e incluso conforma mucha de estas Lessons in Love and Violence, pero el genial tratamiento de Benjamin y Crimp de un material secular hacen de la obra una profunda, deslumbrante, potente y verdadera lección de lo que debe ser una ópera contemporánea. Y todo un toque de atención para quienes niegan la posibilidad de ese género en los tiempos –ciertamente confusos y con frecuencia irracionales- de la época presente.

(Foto: Antoni Bofill)