BARCELONA / OBC: una posible manifestación de intenciones

BARCELONA / OBC: una posible manifestación de intenciones

Barcelona. L’Auditori. 21-I-2022. OBC. Pierre-Laurent Aimard, piano. Director: Ludovic Morlot. Obras de Bach, Carter, Schumann, Jolas y Mahler.

Una lectura posible del programa propuesto por Ludovic Morlot para este concierto de la OBC, de la que será director titular a partir de la próxima temporada, sería entenderlo como una manifestación de intenciones: en su nueva responsabilidad y, concretamente, a la hora de programar, Morlot prestará especial atención a la música contemporánea (en esta ocasión y por primera vez en los atriles de la OBC, Interventions, para piano y orquesta, de Elliott Carter, obra creada en 2008, y  Letters from Bachville de Betsy Jolas, obra de 2019); exhumará obras casi olvidadas (en este caso, la Introducción y Allegro para piano y orquesta op. 134 de Schumann); rescatará para la programación de una orquesta sinfónica obras ‘secuestradas’ por los conjuntos de música antigua (en el concierto que comentamos, nada menos que el Tercer concierto de Brandemburgo de ‘san’ Juan Sebastián Bach); y no olvidará, ni mucho menos, el gran repertorio clásico-romántico que todavía es la base –y lo que le queda- de la programación de una gran orquesta sinfónica (esta vez Mahler, concretamente el sexto movimiento —“Was mir die Liebe erzählt”—, plausiblemente segregado —con permiso de los puristas—, de la Tercera sinfonía).

Lo mejor del concierto fue, con diferencia, ‘lo de siempre’, es decir, la excelente interpretación del Mahler elegido, que Morlot dirigió con profundo convencimiento y exquisita sensibilidad a la batuta de una orquesta dúctil, con una cuerda suntuosa y unos vientos —especialmente las ocho formidables trompas— virtuosos. Buenas las intenciones en programar el fascinante y luminoso Bach, en el que primeros atriles de la OBC se esforzaron por resaltar los contrastes de contrapunto y tímbricos, aunque no llegaran a expresar la gloria del barroco.

Sin duda la idea de ofrecer obras casi olvidadas de grandes maestros es buena, pero el Schumann programado no parece la mejor elección. Compuesta esa Introducción y allegro para piano y orquesta op. 134 en 1853, se trata de una obra superficial, a veces casi banal, una de las últimas antes de que Schuman fuera internado en un sanatorio. Ni siquiera la maestría del pianista Pierre-Laurent Aimard dotó de verdadero interés a la obra. En cambio, Aimard estuvo fantástico en las Interventions de Carter, dialogando en estupenda versión desde el piano con una orquesta muy efectivamente dirigida por Morlot. Ambos tensaron los hallazgos concertantes y virtuosísticos de una obra difícil y dieron cumplida cuenta de la original estructura de la partitura. También las Letters from Bachville —donde Bachville encierra en cifra la Leipzig de Bach— alcanzaron una buena interpretación por Morlot y la OBC, que a veces dejaba descubrir las menos fugaces y las más transparentes —pocas, en verdad, estas últimas— citas de Bach inmersas en la complicada forma de la obra.