BARCELONA (OBC) / Rendidos al virtuosismo de Colom y Rosado

BARCELONA (OBC) / Rendidos al virtuosismo de Colom y Rosado

Barcelona. L’ Auditori 9-III-2021. Temporada OBC / Josep Colom, piano. Alberto Rosado, piano. Juanjo Mena, director / Obras de Beethoven, Poulenc, Lutoslawski, Ginastera.

Feliz reencuentro entre la OBC y el director vitoriano Juanjo Mena en un concierto que contó con la presencia de dos pianistas de la talla de Josep Colom y de Alberto Rosado, quien fuera tiempo atrás alumno del barcelonés y que actualmente imparte música de cámara y piano contemporáneo en el Conservatorio de su Salamanca natal. La dirección de Juanjo Mena denotó a lo largo del concierto una total sintonía con los profesores de la orquesta, un hecho que se hizo palpable ya desde la brillante interpretación de la Obertura del ballet Las criaturas de Prometeo de Beethoven, cuyo tempo lento-vivo a la manera de Coriolano, permitió elaborar un juego de contrastes cuyo sentido descriptivo culminó con una vistosa interpretación del finale que describe la huida del héroe tras haber robado el fuego a los dioses.

La página beethoveniana sirvió de preámbulo a tres obras escritas en décadas consecutivas del Siglo XX: el Concierto para dos pianos de Poulenc, fechado en 1932, las Variaciones sobre un tema de Paganini para dos pianos de Lutoslawski, escritas en Varsovia en 1941, y finalmente las Variaciones concertantes, op.23 que elaborara Ginastera en 1953.

De la primera, Rosado y Colom ofrecieron una versión mordaz y brillante, cuya vistosidad hacía plena justica al eclecticismo que contiene la obra. Las citas a Mozart, los grados diatónicos propios de la música balinesa que Poulenc conociera a través de la Exposición Universal de 1931,  la modernidad americana que rezuma en el último movimiento, cristalizan en una composición poliédrica que permite explotar al máximo las habilidades de los solistas. Colom, magistral como siempre (no importa que afronte Mompou, Bach, Chopin o Mozart) exhibió un pianismo que sigue dejando huella una y otra vez en las salas de concierto, mientras que Rosado explotó la vertiente más eléctrica y colorista del Concierto.

Ambos pianistas desplegaron, con una habilidad y destreza asombrosas, el castillo de fuegos artificiales técnicos que se desprende de las virtuosísticas Variaciones sobre un tema de Paganini para dos pianos de Lutoslawski  –basadas en el último de los caprichos, que también inspirara, entre otros, a Liszt o a Rachmaninov-  y que corresponde al período histórico de los trágicos acontecimientos acaecidos en Varsovia en los albores de la década de 1940.

Juanjo Mena, por su parte, se mostró especialmente cómodo en las las Variaciones concertantes de Alberto Ginastera, cuyos colores orquestales fluctúan sobre un imaginario folklore argentino. Las doce variaciones permitieron el lucimiento del primer violonchelo, contrabajo y violín, del arpa, de distintos instrumentos de viento… para configurar un lienzo musical de gran belleza y plasticidad. Mena recaló en la elegancia del fraseo, en equilibrios sonoros nada desbocados, haciendo prevalecer el sentido melódico de la obra y estableciendo una total sintonía con unos músicos que se sintieron muy cómodos bajo la dirección del vitoriano.