BARCELONA / Jordi Savall culmina su ciclo Beethoven con una gran ‘Novena’

BARCELONA / Jordi Savall culmina su ciclo Beethoven con una gran ‘Novena’

Barcelona. Gran Teatre del Liceu. 15-XII-2021. Beethoven, Octava y Novena sinfonías. Sara Gouzy, Laila Salome Fischer, Mingjie Lei y Manuel Walser. La Capella Reial de Catalunya. Le Concert des Nations. Director: Jordi Savall.

Si dirigir las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven ya es, en condiciones normales, un reto imponente en la carrera de un director y una orquesta, hacerlo en tiempos de pandemia cobra dimensiones heroicas. Lo ha conseguido Jordi Savall al frente de Le Concert des Nations en un ambicioso proyecto iniciado hace dos años y que ha tenido un feliz final con la interpretación de la Octava y la Novena en el Gran Teatre del Liceu.  El gran violagambista y director catalán sufrió la Covid-19. El contagio se produjo durante una gira por Polonia, con varios casos detectados entre los músicos de su orquesta, lo que obligó a cancelar en octubre de 2020 un concierto en Cracovia precisamente con la Novena. Tras 21 días de aislamiento, reemprendió paulatinamente sus actividades.  Los conciertos consagrados a las siete primeras sinfonías se celebraron en el Auditori de Barcelona entre 2029 y este año, en el que han grabado todo el ciclo. De hecho, el lanzamiento de la segunda entrega editada por AliaVox, con la Pastoral y las tres últimas sinfonías ha acompañado el esperado concierto que ahora comentamos.En la presentación del proyecto Beethoven, Savall afirmo que deseaba “vivir la misma experiencia que vivieron los músicos en la época en que interpretaron a Beethoven por primera vez”. Y su aproximación al glorioso ciclo transmite esa energía vital que invita a redescubrir, con mil detalles de su escritura subrayados con primor, tanto la huella clásica de Mozart y Haydn como los hallazgos geniales del compositor de Bonn sin aditamentos románticos.

Una de las claves del éxito ha sido el trabajo como concertino de Jacob Lehmann, asistido por ese otro gran violinista y concertino habitual de Le Concert des Nations que es Manfredo Kramer. De hecho, toda la sección de cuerdas —y en especial los violines— rindió con plenitud, con un sonido claro y un cuidado en la articulación y las dinámicas de asombrosos resultados.

La borrosidad y los fallos puntuales en las trompas naturales empañaron algunos pasajes, pero se impuso la calidez y riqueza de una paleta de colores exuberantes, con detalles de gran belleza y elegancia en las maderas y rotundos timbales. En la Octava, tras un primer movimiento algo irregular, se disfrutaron grandes momentos —especialmente en el Allegretto scherzando y en el tercero, Tempo di Menuetto—gracias a la ágil y flexible dirección de Savall, con tempi ligeros, gran vigor rítmico y acierto expresivo a la hora de dar relieve a los golpes de humor, con pausas inesperadas y notas sorprendentes, que animan esta extraordinaria sinfonía.

La incorporación de músicos jóvenes, a través del proyecto Academia Beethoven 250, ha inyectado buenas dosis de energía y entusiasmo a los conjuntos de Savall, y en el caso de la Novena, el éxito ha acompañado la presentación en público del nuevo coro profesional de La Capella Reial de Catalunya, preparado con óptimos resultados por Lluís Vilamajó. Hablamos de cantantes jóvenes profesionales especializados en la interpretación historicista, que fueron seleccionados la pasada primavera en diversas audiciones realizadas en París y Barcelona. Y su gran actuación en la Novena —los tenores son realmente buenos— asegura un espléndido futuro a una formación que el propio Savall presentó con el nuevo nombre de Capella Nacional de Catalunya, aunque, teniendo en cuenta que el Gobierno francés ha sido, con diferencia, el más generoso y comprometido con el proyecto Beethoven de Savall, quizá lo más consecuente sería ponerle un nombre galo.

La respuesta coral —por calidad, homogeneidad y expresividad— fue lo mejor de una Novena que tuvo sus más felices momentos orquestales en el Molto vivave, de arrolladora fuerza y en un Adagio de sublimes matices.  En el glorioso movimiento final, con un fraseo de vigorosos acentos, el brillo coral fue muy superior al rendimiento del voluntarioso, musical y no siempre audible cuarteto de solistas vocales, integrado por la soprano Sara Gouzy, la mezzosoprano Laila Salome Fischer, el tenor Mingjie Lei y el barítono Manuel Walser.

Probablemente, este concierto se habría podido disfrutar mucho mejor en el Palau de la Música o el Auditori, pero en el Liceu, con el escenario ocupado por el montaje de Rigoletto y una tarima tapando el foso, los efectivos orquestales y corales y los solistas ocuparon un espacio muy limitado, sin la holgura y perspectiva adecuadas.

(Foto: A. Bofill – Gran Teatre del Liceu)