BARCELONA / John Eliot Gardiner, la gloria del Barroco alemán

Barcelona. Palau de la Música. 8-VI-2022. Ciclo Palau100. Monteverdi Choir. English Baroque Soloists. Director : John Eliot Gardiner. Obras de H. Schütz, J.H. Schein y J.S. Bach.
John Eliot Gardiner ha vuelto al Palau de la Música Catalana, sala que le es especialmente grata, esta vez al frente del Monteverdi Choir y los English Baroque Soloists, para ofrecer un programa dedicado al Barroco alemán, de cuya producción selecciona dos momentos claves: los inicios, con las figuras rigurosamente coetáneas de Heinrich Schütz (n. 1585) y Johann Hermann Schein (n. 1586), y la culminación con Johann Sebastian Bach, nacido un siglo después, en 1685.
La primera parte estuvo dedicada a los dos pioneros y, en su mayor parte, a Schütz, del que se ofrecieron tres motetes sobre textos de tema bíblico y la obra Musikalische Exequien, compuesta en 1636 para los funerales del príncipe Von Reuss, un ejemplo señero de la complicación formal, temática y musical que entronca con la tradición luterana y, al mismo tiempo, con los nuevos estilos italianos, introducidos por Schütz, Schein y otros. La segunda parte estuvo consagrada al gran Bach, del que se ofrecieron la cantata de iglesia Gottes Zeit ist die Allerbeste Zeit BWV 106, “Actus Tragicus”, y el motete O Jesu Christ meins Lebens Licht BWV 118.
Se ve ahora este comentarista en la necesidad de echar mano de la imponente advertencia witgensteniana, “sobre lo que no se puede hablar es mejor callar”. Porque el concierto —cuya crítica, embarazados, intentamos— fue perfecto en cada minuto de la interpretación y la perfección es casi inabordable por el análisis. Intentemos decir alguna cosa: parte instrumental y parte vocal —en ambos casos tanto los tutti como los solistas— fueron tratadas por Gardiner como un mismo purísimo sonido, levantado por unos bajos que se limitaban a dos y, en ocasiones, a tres de estos instrumentos: contrabajo, viola da gamba y violonchelo. Sobre esto, con una ausencia absoluta de violines y violas, pero con una riqueza extraordinaria de instrumentos de viento —flautas de pico, cornetos, trombones, sacabuches— y con arpa, laúd y órgano al continuo, Gardiner construyó una verdadera orquesta, musculada a veces, otras sutil. Y siempre capaz de los más exquisitos matices.
En cuanto a los coros y los solistas vocales —tenor, contralto/contratenor, soprano, bajo— la perfección de la afinación, la pureza de la emisión, la belleza misma de la voz, todo eso transcurría con aparente felicidad, como música que bajara del castillo en el cielo. Fue un concierto glorioso, de la gloria del barroco alemán.
José Luis Vidal


