BARCELONA / ‘Einstein on the beach’, virtuosismo minimalista

BARCELONA / ‘Einstein on the beach’, virtuosismo minimalista

Barcelona. Palau de la Música. 27-V-2019. Philip Glass: Einstein on the Beach (ópera en versión de concierto). Suzanne Vega, voz. Ictus Ensemble. Collegium Vocale Gent. Dirección: Georges-Elie Octors, Tom de Cock.

Estrenada el 25 julio de 1976 en el Festival de Aviñón, con puesta en escena y textos de Robert Wilson y coreografía de Lucinda Childs, Einstein on the beach fue la primera ópera escrita por Philip Glass, e inauguraba una trilogía dedicada a personajes históricos que para el músico representaban un ideal humano transformador de la sociedad, trilogía que se completaría con las óperas Satyagraha, dedicada a Gandhi, y Akhnaten, inspirada en la vida del faraón egipcio Akenaton. El Palau de la Música Catalana la ha ofrecido en una versión anunciada como de concierto (si bien hubo mínimas disposiciones escénicas, así como de vestuario), algo que en principio representaba un verdadero desafío, pues la obra tiene una duración de doscientos minutos durante los cuales el público se tiene que dejar seducir por la música sin los aliados de la ópera original, la danza, la escenografía y la puesta en escena. En este caso hubo asimismo una reducción de los textos originales de Wilson, leídos con gran sensibilidad con su peculiar y susurrante voz, por la cantante neofolk californiana Suzanne Vega [en la foto].

El excelente conjunto belga de música contemporánea Ictus Ensemble, dirigido magistralmente por Georges-Elie Octors, brindó una lectura de extrema precisión y virtuosismo en la que brillaron todos y cada uno de los intérpretes, con especial mención para el teclista Jean-Luc Plouvier y el violinista Igor Semenoff. Por su parte, la interpretación del Collegium Vocale Gent volvió a demostrar las reconocidas cualidades de este grupo vocal, famoso por su sonido transparente y el altísimo nivel de sus solistas. La peculiaridad de que, dada la duración del concierto -que se ofreció sin pausas- el público pudiera entrar y salir de la sala durante la interpretación, resultó en algunos momentos un factor distorsionador, ya que desde el principio se produjeron pequeñas pero continuas deserciones.

La mínima puesta en escena, voluntariamente desenfadada, con un vestuario más propio de un ensayo e integrando a los músicos como parte del público en sus momentos de descanso, no ha sido el mayor acierto de la velada, ya que desvirtuaba en buena medida el espíritu de la escenografía original y rompía la magia del concierto. En todo caso es de justicia reconocer la proeza y el acto de valentía por parte de la dirección del Palau al programar una ópera tan exigente y tan difícil de escuchar en directo, y sobre todo de hacerlo en formato concierto. La música de Einstein on the beach continúa ejerciendo la fascinación que produjo cuando se erigió en pieza emblemática del minimalismo de los setenta, con sus resonancias de otros géneros, como el jazz y el rock sinfónico, y cuyo efecto primordial sigue siendo entre hipnótico y salmódico, a la manera de los mantras de la música oriental.

Al final, el público, puesto en pie, ovacionó calurosamente el magnífico trabajo realizado por todos los intérpretes.