BARCELONA / De la música de Vivaldi a la noche de los cristales rotos

BARCELONA / De la música de Vivaldi a la noche de los cristales rotos

Barcelona. Palau de la Música Catalana. 20-II-2021. Sinfónicos en el Palau. Lina Tur Bonet, violín. Vespres d’ Arnadí. Director y clave: Dani Espasa. Obras de Vivaldi.

Fue una tarde noche que empezó con una excepcional Lina Tur Bonet al violín (arropada por el conjunto Vespres d’Arnadí, bajo la dirección de Dani Espasa), interpretando Vivaldi, pero que terminó con los actos vandálicos que provocaron la rotura de diversas vidrieras del exterior del Palau. Por fortuna, no quedaron dañadas las vidrieras más representativas del edificio, al estar protegidas. Pero nos encontramos ante uno de los actos de vandalismo más repudiables que ha sufrido la arquitectura del Palau –patrimonio mundial de la UNESCO desde 1997- en sus más de cien años de historia. Varios cientos de espectadores tuvieron que resguardarse en el interior del edificio hasta que los vándalos fueron dispersados, si bien no hubo que lamentar desgracias personales.

Pero… vayamos a la música excepcional que se escuchó en el Palau. El nombre de Lina Tur va ligado al redescubrimiento de una nueva manera de interpretar, de leer y de comprender la música. Su sólida formación musicológica y su talento artístico –forjado desde los tres años- nos han permitido tener una nueva mirada de páginas tan célebres como pueden ser algunas sonatas para violín de Beethoven, gracias a un estudio profundo de la técnica del legato y de los golpes de arco que ha resultado revolucionaria y que se aparta no solo de las versiones ‘modernas’ de estas obras, sino también de buena parte de las versiones historicistas. Lina Tur también nos ha acercado a la música de Corelli con un estudio de la ornamentación realmente asombroso. ¡Y qué decir de su versión referencial de las Sonatas del Rosario de Biber, que ha recibido un aplauso unánime a nivel internacional!

La violinista balear compareció esta vez junto una quincena de músicos de cuerda de Vespres d’Arnadí, formación que tantos y tantos momentos excepcionales nos ha regalado a lo largo de sus más de quince años de historia, con interpretaciones de música del Barroco y Clasicismo que son una pura delicia y que hacen honor al antiguo dulce valenciano que lleva por nombre el grupo. Lina Tur dio una vuelta de tuerca más a la música de Vivaldi, para presentarnos una de las lecturas más interesantes que hemos escuchado jamás de las celebérrimas Cuatro estaciones.

Los contrastes súbitos; los tempi rápidos muy en la línea de Reinhard Goebel o Fabio Biondi; las ornamentaciones añadidas en los movimientos lentos; la creación de sonoridades nuevas buscando siempre el efecto; los golpes precisos de archetto; los pianissimi bellísimos y la fogosidad de la ejecución impregnaron esta música de Vivaldi de una constante variedad de colores. Con ello, la violinista y Vespres d’Arnadí lograron dar un realce a esa rítmica que en tantas ocasiones queda desapercibida y que aquí permitió disfrutar al máximo de todos los entresijos armónicos de Vivaldi, en especial, en el segundo movimiento del Otoño.

Los efectos de eco, con cuidadas apoyaturas, creando una voluntad descriptiva del sonido de los pájaros, de las inclemencias meteorológicas o los estados etílicos producidos tras la vendimia, fueron una permanente evocación en esta personal manera de enfocar las tantas veces escuchadas Cuatro estaciones. Tur buscó los efectos sin entrar en desmesuras, pero la fogosidad de su violín brilló en una plenitud máxima, proporcionando así un nuevo punto de vista colorista, vibrante, pasional de la música del veneciano.

Si previamente Lina Tur y Dani Espasa, al órgano, ya habían mostrado su talento en una maravillosa interpretación del Concierto para órgano en Re menor RV 541, tras las Estaciones Tur nos regaló el delicioso segundo movimiento del Concierto para violín en “tromba marina”, en el que Vivaldi pretendía recrear la afinación particular con intervalos de tercera y cuarta propios de un instrumento muy extendido durante el siglo XVII, especialmente en monasterios de mujeres de Francia y Austria. Fue una interpretación fascinante, en la que Tur utilizó el puente del violín para crear esos efectos y para despedir una noche musical excepcional que quedó un tanto empañada por los repudiables actos vandálicos que se produjeron a continuación.