BARCELONA / Cuarteto Gerhard: rigor y versatilidad

BARCELONA / Cuarteto Gerhard: rigor y versatilidad

Barcelona. Palau de la Música. 15-I-2020. Cuarteto Gerhard; Obras de Mozart, Magrané y Beethoven.

El Cuarteto Gerhard está ofreciendo en el Petit Palau, la sala de cámara del Palau de la Música Catalana, su interpretación de los seis cuartetos de Mozart dedicados a Haydn. Pero ha escogido interpretarlos no en  sesiones consagradas exclusivamente a ellos, sino en varios conciertos en donde uno de esos cuartetos se ofrece con otras muestras del género. En el caso que nos ocupa -el tercer concierto del ciclo- abrió el programa el primero de los ‘cuartetos Haydn’, el escrito en Sol mayor (KV 387, Primavera)  y lo cerró el último de los compuestos por Beethoven, el importantísimo Cuarteto nº 16, en Fa mayor, op. 135. En el centro del programa, sin intimidarse por tan imponentes vecinos, el Quartet de corda núm. 2, “Alguns cants òrfics” compuesto en 2013 por el joven compositor catalán (n. 1988) Joan Magrané.

Pros y contras de esta disposición adoptada por los intérpretes: les da la oportunidad -a ellos y a los oyentes- de establecer relaciones entre épocas y estilos diferenciados –incluso muy diferenciados- y de comprobar cómo la forma cuarteto, considerada con justicia la más exigente entre las de la música de cámara, es capaz de una versatilidad asombrosa manteniendo siempre su rigor; pero, por otra parte, no facilita la comprensión de la sutil pero formidable evolución que se da, no ya entre compositores y épocas distintas, sino en el propio conjunto de los ‘cuartetos Haydn’, entendido como un microcosmos dentro de la obra de Mozart.

Los cuartetos interpretados de Mozart y Beethoven se sitúan al principio y al final, respectivamente, del periodo que conocemos como Primera Escuela de Viena. Escucharlos en una misma velada nos brinda la posibilidad de ver cómo evoluciona la forma dentro de un estilo y cómo hace evolucionar al estilo mismo. Y la interpretación, en general excelente, del Gerhard evidenció lo invariable -rigor compositivo, dominio de la forma sonata, equilibrio de las voces, polifonía-, pero atendió al mismo tiempo con exquisita plasticidad a lo diverso, por ejemplo en la limpia ejecución del hermoso primer tema del Allegro vivace inicial del cuarteto mozartiano, contrapuesto enseguida por un desarrollo contrapuntístico intensamente cromático, contraposición que la ágil ejecución de los intérpretes supo explotar sabiamente. Del cuarteto de Beethoven, destaquemos cómo los Gerhard abordaron la transición entre el Grave inicial del cuarto movimiento y el Allegro, así como la resolución con que tocaron el enigmático comienzo de este último.

En fin, la obra de Magrané, interpretada por el Gerhard con cordial complicidad –el compositor estaba presente-, es una muestra muy apreciable de la versatilidad a que aludíamos de la forma cuarteto, explora los timbres más extremados, y los más delicados claroscuros. Y, lo dicho, los gigantes no le intimidaron.