BADAJOZ / OEX: el último de la fila

BADAJOZ / OEX: el último de la fila

Badajoz. Palacio de Congresos. 2-XII-2021. Orquesta de Extremadura. Director: Andrés Salado. Obras de Beethoven y Mozart.

En tiempos de Franco, al malo de la clase se le mandaba a la última fila. Ahora, como en aquellos tiempos tenebrosos de la dictadura, en la Orquesta de Extremadura del recién llegado Andrés Salado al ‘malo’ de la crítica se le deporta a esa posición. Sin embargo, y por fortuna, la última localidad de entre las últimas filas del Palacio de Congresos de Badajoz disfruta de una acústica confortable que sí permitió al crítico si no disfrutar, sí percibir detalles en la Primera sinfonía de Beethoven y en la Júpiter de Mozart más pulidos de lo que cabía esperar de un director, Andrés Salado, nuevo titular de la orquesta extremeña, que nunca se ha distinguido precisamente por sus refinamientos o hallazgos sobre el podio.

Tiempos certeros, vivos y consonantes con las nuevas corrientes interpretativas, casi a lo Gardiner, fueron base de interpretaciones que, salvo algunas carencias instrumentales y desmadres tan rudos como los acontecidos en el fugado último movimiento de la Júpiter, sobrepasaron, en su modesta ambición, la corrección. Cierto es que Andrés Salado no es precisamente el colmo de la elegancia sobre el podio, como puso de manifiesto con su gesto rebuscado y antinatural. Su imagen, grandilocuente, acelerada y con hueca mímica dirigida más a la galería y al postureo que a su efectividad musical, en absoluto contribuye a la esencial y pulida ligereza que requieren los aires clásicos de ambas sinfonías, de cualquier sinfonía. Frecuentemente agachado, con un pie adelante y el de la otra pierna para atrás, Salado parece más estar a punto de comenzar los cien metros lisos que a señalar el comienzo de una frase mozartiana. O beethoveniana.

Ni el flauta solista, que anduvo más de una ocasión vecino al tono, ni el timbalero, que, demasiado entusiasmado con sus flamantes instrumentos de época, parecía empeñado en convertir ambas sinfonías en conciertos para timbal y orquesta, lograron empañar una tarde que, instrumentalmente, se movió en el buen tono que acostumbra la orquesta extremeña. Al final del concierto, Salado, como si fuera Barenboim en concierto vienés de Año Nuevo, recorrió casi todos los atriles de la Orquesta dando manos y lanzando besos. Un número.

Como también la sarta de lugares comunes y equívocos de bulto que el sucesor de Álvaro Albiach soltó en su interminable introducción verbal al comienzo del concierto, en la que a nivel de reality show y micrófono en mano intentó explicar los intríngulis del programa. Algo más propio de función colegial que de una temporada de abono de una orquesta profesional. El próximo programa, Borís Izaguirre será el presentador. Sí, han leído tan bien como el jueves escuchó el último de la fila este concierto ya olvidado.

(Foto: Diego Pérez Aragüete)