BADAJOZ / La música de los conventos femeninos italianos

Badajoz. Claustro de la Catedral. 13-IX-2026. XXXI Festival de Música Sacra y Antigua. Pérgamo Ensemble (Guillermo Turiuna, violonchelo barroco; Eva del Campo, clave; Elisabeth Hetherington, soprano). Obras de Leonarda, Cozzolani, Vizzana y Badalia.
Un magnífico y descubridor programa el diseñado por el Pérgamo Ensemble para su intervención en este trigésimo primer Festival de Música Sacra y Antigua de la Sociedad Filarmónica de Badajoz. Descubridor, digo, porque el programa nos daban a conocer composiciones de monjas italiana del siglo XVII que, en muchos casos, pudieron entrar en las clausuras gracias a sus dotes musicales. Músicas de gran calidad, en algún caso conocidas como Isabella Leonarda, pero otras perfectas desconocidas más allá del ámbito meramente académico.
Y no pudieron contar con una mejor intérprete que prestase su voz a estas mujeres enclaustradas que hicieron de la Música su única válvula de escape a su monótona vida. Elisabeth Hetherington posee una voz que no se puede calificar de otra manera sino de angelical. El timbre es bellísimo, con brillo y proyección sobrada como para llenar las dos alas del claustro de la catedral sin ningún problema. El color es cristalino, sin apenas vibrato y sabe hacer uso de su gama cromática en función de las necesidades expresivas de cada pasaje o texto. El dominio técnico es absoluto, con un amplísimo fiato que le permitía alargar las frases finales en interminable filados sin un ápice de vacilación. Si se le añaden dos cuestiones esenciales más, como es su dominio de la coloratura propia del XVII y, sobre todo, la expresividad de su fraseo, sólo cabría añadir la claridad de su articulación y su impoluta pronunciación del latín para definir a esta excepcional artista.
Todas estas virtudes asomaron ya desde su primera intervención con el motete O Maria, tu dulcis de Chiara Margarita Cozzolani, con magníficas disminuciones vocales y un uso magistral de los reguladores. Al motete multiseccional Si penando, de Isabella Leonarda, supo aplicar un matiz diferencial en la expresión de su fraseo en cada una de las secciones, rematando con unas brillantes vocalizaciones sobre “Hallelujah!”. El inicio de Ave Stella matutina, de Lucrezia Orsina Vizzana, fue un momento mágico con la voz de Hetherington flotando sobre la palabra “Ave” y sobre el pizzicato del chelo de Turina. Para ella los recitativos merecen tanta expresión de los afectos mediante el fraseo como las arias y así quedó patente en esta obra y en la brillante Victoria, de Isabella Leonarda, con despliegue de vocalizaciones y otras coloraturas.
Tuvo la Hetherington un acompañamiento de lujo con Turina y del Campo. Turina puso el potente sonido de su chelo al servicio de la expresividad y de la resolución de las complejas disminuciones de la anónima Sonata sopra la monica y en la Sonata nº 12 de Isabella Leonarda, obra esta última en la que adecuó el color de su sonido a cada pasaje con gran sabiduría. Hay que alabarle la habilidad y el gusto por insertar pequeños glissandi con el consiguiente efecto expresivo de desplazamiento tonal ligero en el primer movimiento de la Sonata nº 12 de Leonarda. Eva del Campo prestó su soporte armónico y supo también desarrollar voces alternativas. Fue especialmente brillante su manera de graduar el ostinato de la primera sección de Non piangete, de Rosa Giacinta Badalla.
Andrés Moreno Mengíbar
(Fotografía: Federico Mantecón)


