Bach desde el confinamiento

Bach desde el confinamiento

En los últimos meses se han normalizado los lanzamientos discográficos grabados durante el confinamiento (o lo que ya se conoce en Europa como el “primer confinamiento”). Discos de clásica inspirados por la incertidumbre, relacionados con giras canceladas y retransmisiones por Internet desde salas vacías. Pero también bocanadas de música impulsadas por la necesidad de volver a tocar juntos, tras meses de encierro y pantallas partidas. Al primer caso pertenece la grabación que BIS lanzó, el pasado 4 de septiembre, de la Pasión según san Juan, con Masaaki Suzuki y su Bach Collegium Japan. Un disco que surgió a partir de lo que en Alemania ya se conoce como Geisterkonzert o “concierto fantasmal”. Actuaciones en directo frente a un público invisible y conectado a distancia por medio de ordenadores, televisiones inteligentes y dispositivos móviles. Un formato cada vez más habitual en estos meses y al que se ha sometido hasta el mismísimo Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena.

Pero el lanzamiento fonográfico más tempranero inspirado por la pandemia lo publicó Alpha este verano. Un proyecto titulado Redención de la soprano alemana Anna Prohaska junto al grupo Lautten Compagney y Wolfgang Katschner con un popurrí de fragmentos de cantatas de Johann Sebastian Bach. El programa se había diseñado en 2019, pero se interpretó siguiendo las restricciones impuestas por el coronavirus. Fue grabado en la famosa Iglesia de Cristo del distrito berlinés de Oberschöneweide, a principios de junio, con el violagambista Benjamin Dreßler como ingeniero de sonido. Se notan las ganas de volverse a juntar para hacer música. Y quizá esa ansia haya acelerado el proceso habitual de grabación y edición, que ha permitido un lanzamiento récord en menos de un mes. Alpha aprovechó también la coyuntura para mostrar alusiones a la emergencia sanitaria, tanto en su libreto como en su promoción. Y difundió fotos de Lautten Compagney ataviados con mascarillas o de la solista vestida con unas alas negras.

El disco representa una buena forma de hacer de la necesidad virtud. Lo explica el periodista musical Benedikt von Bernstorff en las notas del libreto. Esa limitada instrumentación de las cantatas de Bach, que suele plantear problemas en grandes auditorios, ahora resulta beneficiosa. Tampoco se atrevería nadie a cuestionar en tiempos del coronavirus la famosa teoría de Joshua Rifkin, basada en el Entwurff de 1730, que propone un coro reducido a los cuatro solistas. Y mucho menos discutir arreglos instrumentales de algunos corales. El programa no sólo está exquisitamente cantado y tocado, sino también perfectamente ensamblado. No se trata tanto de buscar nexos narrativos como de gestionar la intensa calidad musical de estas partituras.

No hay más que escuchar el aria para soprano de la cantata BWV 115, Bete aber auch dabei Mitten in dem Wachen! (“Pero sigue rezando aun en medio de tu vigilia”), que abre el disco. Esa exhortación, Bete (“reza”), arropada por la conversación contrapuntística entre una flauta travesera y un violonchelo piccolo, dentro de una textura camerística de sonata en trío. Por desgracia, eso no fue suficiente para Prohaska. Y la soprano alemana arruina el final de la grabación con una ridícula versión jazzística de esa misma aria. La licencia podría haber sido divertida en otro disco y en otro contexto. Pero no aquí.

El corte anterior habría sido la conclusión ideal del CD. Me refiero al coro final de la cantata BWV 150, Meine Tage in dem Leide endet Gott dennoch zur Freude (“Dios pone fin a mis días de sufrimiento, sin embargo, con alegría”), una bellísima chacona cuyo bajo inspiró a Johannes Brahms el movimiento final de su Cuarta sinfonía. No obstante, lo mejor de esta grabación lo encontramos en su parte central: las arias inicial y final de la cantata BWV 82a, Ich habe genug (“Ya es suficiente”), en su segunda versión para soprano solista, de 1731. Prohaska moldea ambas con una magistral vocalidad y dispone de un acompañamiento ideal, desde lo cremoso a lo crepitante.

Todavía más inspirado sonó Bach desde Colonia al principio del confinamiento. El propio Masaaki Suzuki relata, dentro del libreto de su disco, la fascinante historia de esta grabación. La gira del treinta aniversario de su grupo Bach Collegium de Japón quedó arruinada, en marzo pasado, por la irrupción del coronavirus. De los once conciertos programados en seis países, con la Pasión según san Juan en los atriles, siete tuvieron que cancelarse. Entre ellos, su actuación en España, dentro de los ciclos de Ibermúsica en el Auditorio Nacional. El último concierto de esa infausta gira tuvo lugar, el 15 de marzo, en la Philharmonie de Colonia, aunque frente a un auditorio completamente vacío. El intendente de la sala, Louwrens Langevoort, optó por retransmitirlo por streaming a través del perfil de Facebook de Kölner Philharmonie y su pagina web: www.philharmonie.tv.

Durante los ensayos, Tamaki Suzuki, esposa del director japonés e integrante de su coro bachiano, propuso realizar una grabación. Era algo anómalo, pues el centenar de lanzamientos discográficos en BIS del Bach Collegium de Japón siempre habían sido registrados en Kobe o Saitama. Pero la idea del disco cristalizó como una forma de superar la angustiosa situación. Disponían, en principio, de la sala de la ciudad alemana sin coste alguno y también contaban con el visto bueno del director de BIS, Robert von Bahr, para su publicación. El problema era conseguir, en tiempo récord, el personal y el equipo de grabación necesario con una pandemia en plena eclosión.

Unas llamadas bastaron para localizar todo lo necesario en Múnich, a seis horas en coche desde Colonia, y tras la cancelación de otra grabación. Reclutaron, además, al excelente ingeniero de sonido Stephan Cahen, propietario de Myrios Classics, que reside en la misma ciudad renana. Pero faltaba un productor. Y Masato Suzuki, hijo del director y clavecinista del conjunto, tuvo una idea. Optó por llamar a Martin Sauer, el prestigioso productor de Harmonia Mundi, con quien había trabajado en el último disco del violista Antoine Tamestit. Sauer se encontraba en París trabajando, pero también celebrando el cumpleaños de su esposa. Lo dejó todo y llegó a Colonia a tiempo de ponerse al frente de la primera sesión.

Reinaba la inquietud entre los solistas y los integrantes del Bach Collegium de Japón. Las noticias sobre la diseminación del virus por Europa, que iba cerrando fronteras y cancelando centenares de vuelos, iba a dificultar el regreso a casa del grupo. Pero el disco fue para todos una experiencia catártica. “Iniciada la grabación, nuestra colaboración con Martin [Sauer] prosiguió con gran ritmo y musicalidad. Pronto olvidamos nuestras aflicciones y nos sumergimos totalmente en el mundo de la Pasión según san Juan“, reconoce Suzuki en sus notas. Las sesiones, que habían empezado el 14 de marzo, incluyeron el referido concierto por streaming del día siguiente, y se alargaron hasta el día 17, cuando la mayoría de los restaurantes y edificios públicos de la ciudad alemana estaban cerrados.

Pero el último día pasó algo sorprendente. Mientras realizaban las correcciones finales, irrumpió la policía en la Philharmonie de Colonia. Debían marcharse de inmediato, pues el edificio tenía que cerrarse. Medió con ellos el manager de la orquesta, Lionel Freuchet. Y uno de los policías, que mostraba interés por la música de Bach, reconoció haber visto la referida retransmisión por Internet del día 15. Convenció a sus colegas para que les dieran una hora con el fin de poder terminar la grabación. “Echando la vista atrás, todo fue una especie de milagro, e incluso ahora me parece un sueño”, asegura Suzuki. Y concluye: “La tensión de la experiencia, combinada con la intensidad dramática de la Pasión según san Juan, permanecerá en nuestras mentes para siempre. ¿Quién se habría imaginado que el trigésimo aniversario del Bach Collegium Japan iba a resultar tan sobrecogedor?”

Esa intensidad dramática impregna la nueva grabación de Suzuki al frente de su grupo ya desde los primeros compases del coro Herr, unser Herrscher (“Señor, nuestro dueño”) que abre la obra. No hay más que compararlo con sus dos registros previos de la Pasion según san Juan en CD para BIS, en abril de 1998, y en DVD para Euroarts, en julio de 2000. Suzuki rebaja hasta un minuto la duración de ese coro inicial. De 9:06, en CD, y 9:28, en DVD, se pasa a 8:16 en esta nueva grabación de Colonia. Ello muestra, además, una interesante evolución interpretativa. Si la primera grabación destacaba por su componente espiritual, y la segunda supuso un acercamiento menos contemplativo, esta tercera pone el drama bachiano en primer término.

Suzuki entreteje admirablemente los famosos “hilos semánticos” trinitarios que abren la obra. Me refiero a la famosa teoría del musicólogo Martin Geck en su análisis de la introducción orquestal que publicó dentro de la colección Meisterwerke der Musik. Esa superposición del diálogo sincopado y disonante entre flautas y oboes, que simboliza el sufrimiento de Cristo, las cascadas de semicorcheas en la cuerda, como representación del Espíritu Santo, y el pedal del bajo en ostinatocon la fundamental en Sol menor, para la imagen inalterable de Dios Padre. Una mezcla de ansiedad y estatismo que empujan al oyente, desde los primeros minutos, a convertirse en testigo, y hasta en participe, de la peripecia emocional de esta asombrosa composición.