ARRAIOLOS / El Quatuor Alfama, sobre el abismo

ARRAIOLOS / El Quatuor Alfama, sobre el abismo

Arraiolos (Portugal). Cine-Teatro. Quatuor Alfama (Witse Beels y Caroline Denys, violines; Morgan Huet, viola; Renaat Ackaert, violonchelo). Obras de Haydn y de Schubert.

También en Portugal van renaciendo poco a poco, siempre con un ojo puesto en las cifras de contagios, los festivales de música. Aunque fuera de sus habituales fechas primaverales, el Festival Terras Sem Sombra ha vuelto a recorrer las localidades del Alentejo cada dos fines de semana, en esta ocasión con Bélgica como país invitado. Como tal, el Quatuor Alfama tendió un puente entre las tierras belgas y el famoso barrio lisboeta con un programa integrado por dos sólidos representantes de la escritura cuartetística. Abrió programa el Cuarteto en Sol mayor op. 77 nº 1, Hob. III: 81. El Alfama mostró desde el principio y a todo lo largo del concierto poseer un empaste irregular, con momentos más conjuntados en materia de definición del sonido y otros más desajustados.

El problema vino casi siempre de un primer violín, a cuyo sonido le faltó brillo y un sonido más redondo en los pasajes por debajo del mezzo forte; y ello a pesar de sobresalir en materia de agilidad en los numerosos pasajes virtuosísticos que Haydn reserva para su parte en este cuarteto. Su vibrato fue siempre algo excesivo y más acusado que el del resto del grupo, lo que redundó en la mencionada irregularidad en materia de homogeneidad sonora y articulatoria. Si al Allegro moderato le hubiera venido bien algo más de incisividad en el ritmo, en cambio el Presto que funcionaba como trío del Menuetto se desenvolvió con brillante energía en los ataques y precisión en el fraseo.

Completó la velada ese monumento de la fuerza romántica que es el Cuarteto “La muerte y la doncella”, nº 14 en Re menor D 810, abordado en el Allegro inicial con fulgurante fuerza y tempo endemoniado, aquí sí con un sonido denso al que sólo le faltó otorgarle algo más de relieve al violonchelo, cuyas frases tanta carga dramática poseen. En la exposición y las dos primeras variaciones del Andante con moto rompió el clima de intimidad el sonido abierto y hasta chirriante de Beels, aunque en la impactante tercera variación el grupo consiguió un sonido muy compacto y una articulación muy marcada. Tras el rápido y expeditivo Scherzo, con un violonchelo aquí plenamente puesto de relieve, el Presto que cierra esta obra genial (una pena que no lo abordaran sin solución de continuidad desde el final del movimiento anterior, causando un efecto dramático sin igual) fue atacado con musculosos golpes de arco en una galopada infernal que desembocó en una muy intensa coda, posiblemente el mejor momento de todo el concierto.