Arioso de Próspero

Arioso de Próspero

Señoras y señores, yo iba a entrar en mi bitácora, como de costumbre, cuando se me presenta una persona, acaso personaje en busca de autor, que me espeta lo siguiente:

Comprendo sus recomendaciones para entretener el confinamiento. Las suyas y las de tantas firmas en tantos medios. Da gloria ver esas películas, esas óperas, esos conciertos, esos ballets. Basta con acudir a la red, buscar apenas y apretar el ratón. El confinamiento se convierte en algo más o menos molesto, solo eso, que bastantes personas pueden disfrutar como si allá afuera no estuviera pasando nada, como si no fuera con ellos, un tiempo fastidioso, dos o tres meses, y después todo el mundo regresa a lo normal y la cosa vuelve a empezar. Acaso con nuevas pautas, pero el caso es que el confinado entre videos y audios (y se diría que sin cargas familiares, y hasta con espacio suficiente para aislarse de la realidad exterior y de la de dentro de casa) no comprende que tal negocio de las esquina no coloca sus productos, que en consecuencia no demanda a su voz otros, y que entre todos se dan casos dramáticos de necesidad, y hasta de hambre.

El hundimiento del tejido económico es muy peligroso. No solo atañe a los que están en el malestar, o peor, en la frustración; o peor, en la desesperación. Le atañe a usted, no le quepa duda. En lo económico y en lo político, porque la bestia quiere volver al poder. Usted tendrá que apoquinar, amigo. No me vale con que objete que estuvo más de cinco décadas en el mercado laboral, cinco y media, ya lo sé. Si no hay, no hay. Si a usted le recortan el diez por ciento de sus retribuciones; ¿va a protestar? ¿Se va a unir al gamberrismo de Núñez de Balboa? ¿Va a aprobar los presidentes de comunidad jaleadores de la incivilidad y enfrentamiento civil, como Ayuso o Torra?

¿Se imaginan éstos qué podría suceder si los del otro bando jalearan un día a los suyos para que se armara la pugna civil que parecen añorar ambos representantes?

Bueno, el caso es que no basta con aplaudir en los balcones a los trabajadores de la sanidad. Hay que sacar la cartera, hay que pagar a esa gente que se juega la vida en la clínica, que no se desfoga en el barrio de Salamanca. Hay que salvar a los que se han quedado sin nada de hoy a mañana.

Ah, por cierto, rece para que solo sea un diez por ciento.

Ah, por cierto, eche usted un vistazo a la Deuda pública.

Y ya puestos, pronto habrá que echar un vistazo a las agencias de calificación, ésas que viven de que los niños y los viejitos griegos perezcan de hambre. Sí, llámeme demagogo.

Pero prepárese la ciudadanía: si yo doy mi diezmo, la banca tiene que dar el suyo. Y esta vez que no vengan con eso del interés general. Si ese vecino no puede abrir, el casero no puede torcerle el cuello. Lo digo porque conozco casos, en especial en ciertos barrios en que los alquileres tuercen y aplastan cualquier iniciativa empresarial autóctona y seria.

Tenga cuidado, amigo buenista: contra lo que muchos creen, esta sociedad (española, europea, qué sé yo) va a cambiar, sí, pero tal vez no en la dirección que pretenden usted y los buenos chicos, sino en la que preparan ya los buitres y los amotinados de Aranjuez y Serranostrasse. Sin criterio, sin más contenido que su odio o su desdén (¿qué será peor?) repiten su eslogan; sí, eslogan, porque pensamiento no tienen, Hayek les resulta demasiado duro y además defiende las libertades, y ellos solo las gritan, no saben lo que son ni les interesa. Y ese eslogan trata de cazar al gobierno en plena faena sanitaria como si fuera un equipo de piratas que nos convertirán en la Venezuela de Chávez y Maduro. Y ese eslogan lo repiten una y otra vez sin saber el daño que hacen tanto a la verdad como al porvenir de este pueblo: incompetencia, dicen; arribismo, dicen; comunismo, dicen. Repítase usted, Santiago, no tenga miedo: “a la vuelta quieren privatizar la sanidad y vendérsela a los amigos”, como si no se hubiera demostrado de sobra que eso es nocivo para la propia salud. Aguirre, la ira de Dios. O Aguirre, la ira del barrio de Salamanca. Firmado: Yo, Aguirre, traidor.

Los ánimos están calientes, jaleador oficial –proclama mi invitado. Ten cuidado tú y que tengan los tuyos. La ruptura que intentáis, con tanta mentira que muchos no tragan, puede volverse contra vosotros.

Mientras –me dice el personaje- yo mismo veo esas óperas que usted me recomienda. No puedo hacer gran cosa más, aunque lo lamente. Veo con aprobación que pueda abrir el peluquero, que aguante el quiosco, que se recupere el pulso…

Permítame que yo también le haga una recomendación musical:

Vaya a Youtube y busque las sinfonías de Mahler con solo escribir lo siguiente: Mahler Festival online. Y le saldrán las nueve, y hasta La canción de la tierra. Orquesta del Concertgebouw con direcciones de Mariss Jansons, Daniele Gatti, Lorin Maazel, Ivan Fhischer, Fabio  Luisi, Pierre Boulez y Bernard Haitink. No uno de esos ciclos que ustedes recomiendan como insuperables, inauditos y otras hipérboles que uno se toma como lo que son, y no de otra manera. No, pero es un ciclo de un espléndido nivel, y con una sola orquesta, que es lo que da carácter de ciclo. No sé si me explico bien. Si no, haga el favor de corregirme. No piense que me meto en el terreno de ustedes, solo soy su lector. Y, ahora, su personaje de usted.

Mueve la cabeza, se detiene, y después continúa: Me parece buen gesto el de Scherzo, eso de no acudir a sangrar lo público con regulaciones. Resistir, hasta donde se pueda. No sé si resistir es vencer, lo dudo. Pero es signo de gallardía. Gallardía frente a gestos como el de la dama (¿dama?) millonaria británica que acude a un erte.

Sí, ya sé, siempre habrá algún malasombra que, so capa de análisis, confunda con la realidad sus deseos de que desaparezcan ustedes y los que son como ustedes. Menos mal que existen, así que no desaparezcan, acudan puntualmente todos los meses. Resistan, se lo ruego, no les den oportunidades a toda esa Schadenfreude.

Llámeme Próspero.

Hasta pronto, Próspero.

No. Quien vendrá será Miranda, o tal vez Ariel.

También recibiría a Calibán, si él lo tiene a bien.