ARANJUEZ / Sarao de Musas: el esplendor del tono humano

ARANJUEZ / Sarao de Musas: el esplendor del tono humano

Aranjuez. Palacio Real (Patio de Caballos). 25-IX-2021. XXVIII Festival de Música Antigua de Aranjuez. Mariví Blasco, soprano. Sarao de Musas. Directora y viola da gamba: Johanna Rose. Obras de Ortiz, Marín, Butler, Selma y Salaverde, Hidalgo, Cabanilles, Bataille y anónimas.

El tono (el humano, más que el divino) es una las grandes aportaciones de España a la música occidental. Salvando las distancias, viene a ser lo que el air de cour en Francia. Pero, confrontado con este, su éxito ha sido siempre limitado, pese a su enorme calidad tanto musical como literaria. No pasemos por alto el dato: el tono nace, se desarrolla y muere en el siglo XVII. Es decir, en el Siglo de Oro, el periodo de mayor florecimiento de las letras y de las artes en nuestra historia. Los franceses han mimado su air de cour, como emblema de su grandeur artística. Los españoles, en cambio, casi nos avergonzamos de nuestro Setecientos musical, emparedado por la fastuosidad de la polifonía renacentista (Victoria, Morales, Guerrero…) y la chispeante pujanza del Barroco (Nebra, Durón, Literes, Torres…).

Añadamos otro factor que ha influido en la postergación del tono: el escaso cariño que durante décadas se le ha dispensado, ya en tiempos modernos, a la música española del XVII. De esa música se ha ocupado manos poco cualificadas- Especialmente, manos extranjeras… incapaces de entender la idiosincrasia del torno y, sobre todo, incapaces de apreciar que lo esencial en este es el texto. Hay, por ejemplo, grabaciones discográficas de afamados grupos (angloparlantes, sobre todo) que causan rubor ante la ininteligibilidad de los cantantes. La música del XVII español es como la porcelana de Meissen o la de Limoges: si no se la trata con la delicadeza que requiere, se hace añicos.

Por fortuna, una nueva generación de músicos nacionales ha puesto en valor el siglo XVII. Y es cuando nos hemos dado cuenta de la insondable grandeza que encierra esta música. Sarao de Musas es uno de esos grupos. Fundado por la violagambista Johanna Rose (sevillana de Tübingen) y por la soprano Mariví Blasco, se presentó en 2020 en el Ciclo de Músicas Históricas de León que impulsa el CNDM. Junto a ellas aparecen la vihuelista-guitarrista-laudista Belisana Ruiz, las arpistas Sara Águeda y Flora Papadopoulos (alumnas aventajadas ambas de Mara Galassi, que se van turnando en Sarao de Musas en función de sus muchos compromisos profesionales) y la percusionista Nasrine Rahmani (australiana de padre iraní y madre mauritana, afincada en Madrid y gran especialista en flamenco).

Sarao de Musas ha ofrecido en el Festival de Música Antigua de Aranjuez (en esta ocasión, con Papadopoulos al arpa doppia) un precioso programa con tonos de los dos grandes maestros de este repertorio: Juan Hidalgo y José Marín. También con algún tono anónimo e, incluso, con el célebre El bajel está en la playa, obra de un francés, Gabriel Bataille, lo que corrobora la importancia que tuvo el tono humano incluso al otro lado de los Pirineos (en ello influyó la reina Ana de Francia —hija de Felipe III, esposa de Luis XIII y madre de Luis XIV—, que tuvo como maestros de música a los Bataille, padre e hijo, y que introdujo el gusto por lo español en la corte de París).

El programa de Sarao de Musas viene a ser una recopilación de los greatest hits del XVII español, con tonos como Ojos pues me desdeñáis; La noche tenebrosa; Esperar, Sentir, Morir; Ay, que me río de Amor o, por supuesto, El bajel está en la playa), trufados con piezas instrumentales de Diego Ortiz, Henry Butler (violagambista inglés al servicio de Felipe IV, al que rebautizaron aquí como Enrique Botelero), Bartolomé de Selma y Salaverde (español que hizo toda su carrera musical en Italia y Austria), Juan Cabanilles y un ramillete de esas maravillosas Flores musicales que recopiló Antonio Martín y Coll.

Hay pocas voces tan cualificadas para este repertorio como la de Mariví Blasco. Ya no es solo una cuestión de gusto vocal (exquisito en su caso), sino de prosodia. La soprano valenciana acaricia primorosamente cada frase, cada palabra, cada sílaba… sabedora de que lo importante en un torno es lo que se cuenta, más que lo que se canta. Tiene, además, un gracejo inigualable, que le sirve para meterse al público en el bolsillo. Sarao de Musas lleva poco tiempo en activo, pero parece como si todas sus integrantes llevaran una tocando vida juntas. Johanna Rose estuvo espléndida en sus intervenciones solistas (estrenaba viola de gamba de siete cuerdas, de sonido profundo, pero a la vez algodonoso). Y Belisana Ruiz, Flora Papadopoulos y Nasrine Rahmani aportaron todo su conocimiento, que no es poco. La velada tuvo mucho de mágica, no solo por la excelente música, sino por el entorno: el patio de caballos del Palacio Real de Aranjuez, con la progresiva penumbra del atardecer y con el vuelo fascinante de decenas de golondrinas que han hecho del palacio su refugio y que regresaban a sus nidos.