Aquiles Machado, director artístico de la Temporada de Ópera de A Coruña: “Nuestra idea básica es apoyar al máximo el talento local”

Aquiles Machado (Barquisimeto, Venezuela, 1983) es, desde abril de 2022, director artístico de la Temporada Lírica de Ópera de A Coruña. Tenor de muy brillante carrera que hoy comienza a simultanear con las de director de escena y director musical, recuperado felizmente de un infarto sufrido hace un par de meses, Machado ha recibido a SCHERZO para comentar los pormenores de la edición 2025, que hace el número setenta y tres desde la fundación de la Asociación Coruñesa de Amigos de la Ópera, su organizadora, y que se abre el 5 de septiembre con la ya clásica producción de Carmen dirigida escénicamente por Calixto Bieito.
Este es su cuarta temporada en A Coruña. ¿Quizá algo pronto para hablar de la realización de un proyecto personal?
Poco a poco va definiéndose ese proyecto. Somos un equipo en el que todos estamos orientados hacia una idea básica que es apoyar al máximo el talento local. Un proyecto que eche raíces, que intervenga en el tejido cultural de A Coruña. Apostamos por talento joven y figuras emergentes, por desmarcarnos de esa tendencia generalizada en tantos teatros de que pareciera que solo hay siete u ocho cantantes en el mundo. Hay voces interesantísimas que se escuchan mucho menos de lo que merecen en los teatros de gran tradición. Hay que salir de ese sota, caballo y rey al que parece que se le está acostumbrando al público y que no le hace bien ni al género ni a la profesión. Tenemos que ser un lugar de oportunidades, en el que puedan arriesgar con un nuevo papel cantantes que no suelen abordarlo.
¿Comprende bien el público coruñés ese pacto necesario con la realidad, que es más razonable hoy por hoy apoyarse en promesas que vivir del pasado?
Esa nostalgia es inevitable. Mucha gente sigue recordando, aunque se pierda la perspectiva. Pero el público quiere espectáculos de calidad, donde se emocionen, más allá de los que busca el melómano, el especialista o el fanático, que cuando vayan al teatro se justifiquen las horas que allí pasan, el esfuerzo económico y el tiempo. Eso es lo que la gente quiere, necesita y espera. Cada año hemos tratado de ofrecer experiencias nuevas. En cada temporada hemos propuesto una ópera que no se había dado nunca aquí o una ópera de estreno, un título contemporáneo, compositores gallegos… Nuevas perspectivas a partir del repertorio, con voces nuevas, voces distintas, voces que prometen. Fíjese cómo a partir de aquí todas han despegado y volverlas a traer se nos hace complicado. En ese público nuestro hay mucha gente que entiende lo difícil que es hacer cuatro óperas con 500.000 euros, que tiene la sensibilidad de acercarse, de proponernos cosas, que viven plenamente su papel de socios.
¿Cuál es su presupuesto?
560.000 euros aproximadamente. Las instituciones, es decir, INAEM, Consorcio, Xunta, Diputación y Fundación Emalcsa, que colaboran con nosotros desde hace tiempo y con las que tenemos excelentes relaciones, aportan la parte fundamental. La taquilla nos ayuda a completar los huecos que quedan.
También sufren, como la Orquesta Sinfónica de Galicia, el alquiler del Palacio de la Ópera.
Hay que llegar a un acuerdo porque se lleva un tercio del presupuesto y tal gasto al final concurre en la salud cultural de la ciudad.
¿Qué criterio ha seguido a la hora de programar esta temporada?
Variedad, equilibrio y, como siempre, relación con la historia viva. Este año se cumplen ciento cincuenta del estreno de Carmen y de la muerte de Bizet. Yo diría que es importante el guiño que hacemos al público joven, después de Roméo et Juliette y L’elisir d’amore, con La finta semplice, escrita por un Mozart de doce años sobre la manipulación masculina y la inteligencia femenina. Pelléas et Mélisande no se ha hecho nunca aquí. No es nada fácil hacerla en versión escénica, pero nosotros tenemos la enorme suerte de disponer de la Sinfónica de Galicia, a la que le dices qué le parece y te contestan que sí, que la hacen con los ojos cerrados.
Y siempre la intención de proponer voces nuevas.
Por ejemplo, en Carmen, Sofija Petrovic va a ser una grandísima protagonista, por primera vez en España antes de que debute en el Liceu. Jean-Fernand Setti es el heredero de la gran tradición del bajo francés. Y a su lado, con Oreste Cossimo como Don José, todo un elenco completo de artistas gallegos, o que viven en Galicia como nuestra queridísima Maria José Moreno. El listado de nombres gallegos es muy amplio, algunos en el periodo de fin de estudios y comienzos profesionales y muchos desde nuestra primera temporada aquí. Ahí están Susana García, Gabriel Alonso, Irene Zas… Hay muchísimo talento en Galicia.
El montaje de Calixto Bieito es ya un clásico.
Desde que se estrenó en 1999 ha demostrado su vigencia a lo largo del tiempo en los principales teatros del mundo y nos pone en ese circuito. La gente ya ha hecho la suficiente digestión para verlo con deleite y con intensidad, con reflexión y con sentido crítico. Ya han pasado veinticinco años, pero no deja de ser un montaje de una inteligencia y de una lucidez fantásticas.
La finta semplice tiene mucho que cantar…
Mozart parece allí como una especie de psicópata del recitativo. Yo espero que Sabatini será coherente con el discurso musical y nos hará disfrutar esa distancia formal sin que se transforme en una complicación para quien escucha. Son cuatro horas y no está de más aligerar.
¿Nos sorprenderá Sabatini con su paso del escenario al foso?
Seguro que sí. Mi experiencia con él ha sido fantástica. Es un artista que inspira y que sabe muy bien con quién está hablando, que ha sufrido en carne propia las dificultades del cantante.
Pérez-Sierra parece un seguro de vida para Pélleas.
Es nuestro director invitado y la Sinfónica de Galicia confía plenamente en él. Yo diría que, además, es la manifestación viva del legado que Alberto Zedda dejó en esta ciudad. Un legado que hay que cuidar.
Háblenos de Lírica Inclusiva.
Los conciertos con jóvenes que llamamos Lírica Inclusiva se crearon hace muchos años y siguen llevando el canto a distintas zonas de la ciudad, para que lo conozcan quienes viven más alejados de la actividad cultural diaria. Son artistas jóvenes, naturalmente, descubiertos en concursos, en nuestras propias clases magistrales —este año el profesor es Carlos Álvarez—, ese talento local que es mi obsesión. Y no olvidemos los conciertos didácticos, que este año reunirán a mil escolares en el auditorio de A Fundación.
Después de las dificultades del año pasado, en este la Gala Lírica es en realidad un recital de Samuel Mariño.
Que va a ser extraordinario, muy variado, con un largo recorrido que va de Caccini a Bernstein. Esperamos recuperar la gala lírica en su formato tradicional, pero hay que tener en cuenta que es muy difícil, por cuestiones logísticas, prolongar parte de los elencos de las óperas para que actúen en un concierto que requiere de ensayos muy especiales. Nos encargaremos de arreglarlo.
Se echa de menos un ciclo de Lied todo el año, quizá con la Sociedad Filarmónica…
Para eso debiéramos ampliar la duración de lo que llamamos temporada. Y ahí sería más fácil incluir la actividad camerística. Consolidar esa temporada algo más larga nos permitiría también establecer una relación distinta con el tejido comercial de la ciudad, con distintas empresas que puedan colaborar con nosotros. Y podríamos desarrollar ideas como la de reconstruir, con la Orquesta Sinfónica de Galicia, lo que fue en su momento el Festival Mozart de A Coruña.
¿Piensa en una colaboración más estrecha con temporadas, digamos geográficamente más cercanas, como Oviedo o Bilbao, por ejemplo en forma de coproducciones?
Desde el primer momento he estado en contacto con Cesidio Niño (Bilbao) y Celestino Varela (Oviedo). El uso de las producciones propias nos ayudaría a reducir costes. Y saber cómo piensan programar a aprovechar la venida de determinados artistas que prolonguen su estancia en la temporada coruñesa.
¿Y en el ámbito estrictamente gallego?
Yo sigo con la idea loca de tratar de concertar a mis colegas vecinos y crear una gran ópera en A Coruña. Y para eso hablo con Santiago o con Vigo, para que hagamos algo juntos, aunque sea un par de títulos al año.
Su carrera como tenor se ha ampliado también a la dirección de escena y de foso. ¿Cuáles son sus proyectos?
Como es fácil de imaginar, no podía pasar este año sin cantar una Carmen y lo haré en la apertura de la temporada en Caracas. Por cierto, dirigí también una Carmen para niños en el Maestranza de Sevilla. Tengo recitales, un Réquiem de Verdi en la Ópera de Metz y vuelvo a cantar El caballero de Olmedo, de Arturo Díez Boscovich. Como regista una Traviata en gira y una Bohème en la Ópera de Clermont-Ferrand. Y como director de orquesta en diciembre un Réquiem de Verdi en Madrid con la Orquesta Sinfónica Carlos Cruz-Díez.
Luis Suñén


