Anja Thauer, tragedia de una gran violonchelista

Anja Thauer, tragedia de una gran violonchelista

Una visita furtiva a la tienda de caridad de la esquina puede deparar gratas sorpresas. Es lo que le sucedió al editor y periodista musical Phil Hebblethwaite, en 2018. Revolviendo viejas grabaciones donadas al establecimiento se topó con un elepé de Deutsche Grammophon. Una grabación del Concierto para violonchelo, de Dvořák, con la Filarmónica Checa y Zdeněk Mácal. No conocía el nombre de la solista, Anja Thauer, una joven violonchelista alemana que posaba sonriente en la portada. Pero, al llegar a casa, y poner el disco en el reproductor, escuchó uno de los inicios de la parte solista más insolentes y descarnados de toda la fonografía.

 

La grabación se había realizado en Hamburgo, en marzo de 1968. Y Thauer parecía reflejar con su violonchelo todas las zozobras y pasiones que se vivieron en los meses siguientes de aquel año, desde el asesinato de Martin Luther King a la invasión soviética de Praga, pasando por el Mayo francés. Pero pronto comprobó que esta excelente violonchelista alemana, nacida en Lübeck, en 1945, había sido una estrella fugaz. Una simple consulta a la Wikipedia alemana revelaba el fatal desenlace de su corta vida: se suicidó, con 28 años, a causa de Liebeskummer o mal de amores. La tragedia fue portada del diario sensacionalista alemán Bild, el 27 de octubre de 1973.

Hebblethwaite cuenta todo esto en un excelente episodio de Sunday Feature, un programa de BBC Radio 3, que se emitió el pasado 22 de noviembre. Lo tituló Mito y misterio de Anja Thauer y adelantó parte de su contenido, dos días antes, en las páginas de The Guardian. El mito responde a que Thauer sigue siendo una figura venerada por los coleccionistas de discos japoneses, que pagan sumas astronómicas por ejemplares de sus únicos tres elepés.

Aparte de este disco de Dvořák, Thauer tan sólo publicó otro disco anterior en DG, grabado en 1964. Una versión de referencia de la Suite nº 3 para violonchelo solo, de Reger, junto a la Fantasía, de Jean Françaix, acompañada por el compositor al piano. Y su primer lanzamiento, publicado en 1962 por el sello Attacca, está relacionado con su Grand Prix del Conservatoire parisino, donde estudió con André Navarra. Incluye una pieza de Françaix, junto al Concierto de Eugen d’Albert y la Arpeggione, de Schubert. DG recuperó en CD, en 2015, el contenido de sus dos elepés, pero la otra grabación sigue inédita en formato digital.

 

Por fortuna, entre 2011 y 2013, el sello Hastedt Musikedition ha recuperado varias cintas de Thauer de la Radio de Bremen. Tres CD donde se incluyen versiones intensas y desinhibidas de las sonatas de Chopin, Debussy y Shostakóvich o de los conciertos de Schumann y Saint-Saëns, junto a las Variaciones Rococó, de Chaikovski.

En cuanto al misterio, Hebblethwaite trata de despejar las muchas incógnitas sobre su biografía. Una joven culta y solitaria que creció dominaba por su madre, Ruth Meister, una exitosa violinista durante el Tercer Reich cuya carrera se truncó de forma prematura. Tras la muerte de Anja, Ruth ocultó e hizo inaccesible el legado de su hija. Puede verse a ambas al inicio del único documento audiovisual difundido de la violonchelista, que se grabó en Baden-Baden, en 1970, poco antes de un recital, y que distribuyó hace seis años el sello Meloclassic en su perfil de Facebook.

También está su trágica historia de amor con un médico casado de Wiesbaden que terminó con el suicidio de ambos. En otro contexto, quizá habría podido enfocar mejor su corta carrera, aunque tampoco le ayudó que DG volcase toda su atención violonchelística en Mstislav Rostropovich, después de 1968. Ya había en el mercado otra estrella femenina del instrumento, que grababa para EMI, y desgraciadamente no parecía que hubiera lugar para ninguna más. De hecho, en Alemania, todavía sigue hablándose de Thauer como la versión germana de Jacqueline Du Pré, por su forma de tocar y también porque fueron rigurosamente coetáneas sobre los escenarios. No obstante, ese anhelo y fuego interior de Thauer, yo no lo escucho en Du Pré, al menos en Dvořák.