Andrei Korobeinikov y el control expresivo en Prokofiev

PROKOFIEV:
Concierto para piano y orquesta nº 2. Sinfonía nº 2. Andrei Korobeinikov, piano. Orquesta Filarmónica de los Urales. Director: Dmitri Liss. FUGA LIBERA (1 CD)
Hay muchas versiones de los conciertos para piano y orquesta de Prokofiev. Por eso atreverse desde una cierta marginalidad mediática a grabar, aunque sea solo uno de ellos, no deja de tener su riesgo. Es verdad que ello se compensa con la sensación de naturalidad con la que los protagonistas del caso —de este o de cualquier otro en el que nos llega gran repertorio de nombres poco habituales—, si confían en ellos mismos, se enfrentan con estas obras como con poco que perder y mucho que ganar. Tampoco es que Andrei Korobeinikov sea un desconocido, pues tiene unos cuantos discos de música de cámara grabados con una casa tan seria como Pentatone, y eso hace que en principio sea suficientemente atractiva una propuesta que, una vez escuchado el disco, es mucho más que eso.
El Segundo de Prokofiev, de 1913, es, como sus compañeros de catálogo, difícil de tocar, posee todos los rasgos iniciales de quien entonces era todavía estudiante en San Petersburgo, una especie de enfant terrible antes de irse de y volver a la Unión Soviética y enterarse de lo que valía un peine. La obra es enormemente atractiva y Korobeinikov sabe sacarle todo lo que lleva dentro con virtuosismo, energía y un control expresivo muy de agradecer para quien quiera hacerse a la idea de que hay otros mundos más allá de los grandísimos nombres. Magnífico en la amplísima cadenza del primer movimiento.
Dmitri Liss, que acompaña muy bien en el concierto negocia con pericia ese monumento del maquinismo, de la música cinética, del acero, el hierro y el vértigo que es la Segunda sinfonía, de 1925, periodo parisino, pues, de quien había amagado pero no dado con la Primera y que se convertiría en uno de los grandes sinfonistas del siglo XX —casi siempre se nos olvida a la hora de establecer la nómina—. Así, pues, un disco atractivo, nada pretencioso y muy ilustrativo.
Luis Suñén


