AMSTERDAM / Emmanuelle Haïm y Claus Guth firman una excelente producción de ‘Semele’, de Haendel

Amsterdam. Dutch National Opera. 17-I-2026. Elsa Benoit, Nadezhda Karyazina, Jasmin White, Jakub Józef Orlinski, David Portillo, Florian Boesch. Le Concert d’Astrée. Direccón musical: Emmanuelle Haïm. Dirección escénica: Claus Guth. Decorados: Michael Levine. Vestuario: Gesine Völlm. Haendel: Semele
La Ópera Nacional Holandesa ha presentado, como ópera barroca de la temporada en curso, el estreno holandés de Semele, de Haendel, una desenfadada advertencia del caro sassone contra el apego a deseos inalcanzables. Aunque catalogada como una ópera-oratorio, en realidad estamos ante una de las mejores óperas inglesas de todos los tiempos. La trama, basada en un libreto de William Congreve, narra la historia de Semele, hija del rey griego Cadmo, que se ha enamorado de Júpiter. Cuando su anhelo por disfrutar plenamente de ese amor la lleva a exigirle al dios la promesa de revelarse ante ella en toda su gloria divina como el «Poderoso Señor del Trueno» (Mighty Thunderer), su deseo resulta fatal, ya que su cuerpo mortal es consumido por el fuego celestial. Un papel clave ligeramente humorístico en todo esto le corresponde a la diosa Juno, la esposa traicionada de Júpiter, que hace todo lo posible por acabar con su rival.
La historia original, que aparece en el tercer libro de Las metamorfosis de Ovidio, incluye connotaciones sexuales bastante explícitas, que en la Inglaterra del siglo XVIII había que suavizar, y Congreve lo hizo iniciando la obra con un matrimonio concertado por Cadmo, en contra de los deseos de su hija, con el respetable Atamante. Mientras que en Ovidio leemos que Semele responde a los planes de su padre con un aplazamiento tras otro, Congreve y Haendel condensaron esta subtrama en una boda concreta y en la negativa de Semele en el último momento (para deleite de su hermana Ino, que está enamorada de Atamante). Sin embargo, para el director de escena Claus Guth esta modificación se convierte en el tema principal de su montaje, estrenado en Múnich en 2023. En su propuesta, Semele representa la rebelión de una joven que lucha por su libertad y sueña con un amante cuyos abrazos le prometen una mayor satisfacción emocional y física. Cuando este sueño acaba en decepción, ella regresa silenciosa y emocionalmente distante a su antiguo mundo, donde Atamante se ha casado entretanto con su hermana Ino: ¡bien está lo que bien acaba!

Aunque esta aproximación da lugar a una puesta en escena visualmente impactante, la esencia de la ópera de Haendel no es la resistencia de Semele a un matrimonio concertado, sino su ansia de disfrutar de la vida, impulsada por una combinación de deseos eróticos y hedonistas. Al no tomar como punto de partida los anhelos y ambiciones casi obsesivos de la joven, sino las dos bodas —la fallida al principio y la exitosa al final—, la producción acaba pareciendo una apología de la complacencia burguesa a la que, según Guth declaraba en una entrevista, la protagonista se resiste precisamente.

Tras un comienzo algo irregular, la interpretación musical discurrió con gran fluidez, gracias en gran medida a la precisión y la frescura que Emmanuelle Haïm y Le Concert d’Astrée supieron imprimir a la soberbia partitura de Haendel. Paralelamente, el papel protagonista de Elsa Benoit, tras un comienzo no demasiado convincente, evolucionó hasta alcanzar una brillante ligereza de espíritu, transmitiendo en cada nota el entusiasmo de Semele por la vida y su deseo de placeres, coronando la interpretación con una irresistible interpretación de su aria final «No, no, I’ll take no less». Por su parte, el tenor David Portillo, en el papel de Júpiter, nos obsequió con varios pianissimi hermosos y seductores, pero no consiguió que el dios supremo fuera más que un objeto sobre el que Semele pudiera expresar sus deseos. Más carácter se pudo ver y escuchar en la especiada voz y la fuerte presencia escénica de la contralto Jasmin White, que literalmente bordó su interpretación de la diosa Juno. Desde el punto de vista vocal, el contratenor Jakub Józef Orlinski, en el papel de Atamante resultó aún más impresionante, combinando un virtuosismo sin igual con una articulación clara y un timbre aterciopelado. Que ese mismo Atamante, a quien Semele desprecia como marido, sea aparentemente contratado por Júpiter para realizar una break dance igualmente virtuosa para entretenerla, es uno de los momentos de mayor incongruencia escénica que hemos podido presenciar en cualquier producción operística moderna.
Paul Korenhof


