ALTRON / Fuego, furor y lágrimas

ALTRON / Fuego, furor y lágrimas

Altron. Iglesia de Sant Serní. 2-VIII-2019. Cristina Segura, mezzosoprano. Ensemble Exclamatio. Director: Oleguer Aymamí. Obras de Vivaldi y Haendel.

El Festival de Música Antigua de los Pirineos, dentro de su política de diversificar su amplia oferta de conciertos por el mayor número de localidades del Pirineo catalán, llevó a la pequeña pero pintoresca localidad de Altron un apasionante concierto protagonizado por Cristina Segura y el Ensemble Exclamatio, con un programa llamado “Traditore” y centrado en el tema de la traición en la ópera barroca y en sus diferentes manifestaciones: desesperación, furor, locura, desolación… El conjunto instrumental (Alba Roca y Germán Echeverri, violines; Elizabeth Gex, viola; Andrew Ackermann, contrabajo; Gregori Ferrer, clave; Oleguer Aymamí, violonchelo y dirección) sobresalió desde el Concierto RV 457 de Vivaldi inicial por su sonido potente, que no rehuye de perfiles de aspereza como recurso expresivo, pero que mantiene el brillo y la precisión tonal. Unos perfiles incrementados por una articulación enérgica, rica en acentos y en inflexiones dinámicas y en cuyas interpretaciones sobresalieron los juegos de imitación y respuestas entre los dos violines, así como la garra de los pasajes del chelo. Ello no impidió que en las arias más sentimentales emergiera un delicado juego de colores en el violín de Alba Roca sostenido por los pizzicati de Echeverri y Gex en el acompañamiento del aria vivaldiana Sento in seno.

Cristina Segura se ha formado en Ginebra con Nathalie Stutzmann y la huella de tal maestra se nota en la redondez y el color sombreado del timbre de su voz. Un timbre que engancha desde las primera notas por sus tornasolados perfiles, su velluto inconfundible y la anchura y presencia de su registro central y grave. Emisión poderosa y articulación clara puestas al servicio de una más que notable capacidad expresiva basada en la búsqueda de los acentos clave para transmitir la amplia gama de afectos desplegada por Vivaldi y Haendel en sus arias. A las agilidades en las arias di furore se sumaba la poética línea cantabile en las escenas más lastimeras, como en Vedrò con mio diletto del Giustino del cura pelirrojo. Sólo en Crude furie del Serse haendeliano se notó cierta fatiga vocal y la emergencia de notas metálicas y destempladas en las notas más agudas. Nada que pudiese empañar un recital de altísima nota global.