ALICANTE / María Dueñas, una estrella del violín

ALICANTE / María Dueñas, una estrella del violín

Alicante. Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA). 4-XI-2019. María Dueñas, violín. Orquesta Nacional Filarmónica de Rusia. . Director: Vladimir Spivakov. Obras de Massenet, Paganini y Chaikovski.

El segundo concierto del ciclo sinfónico del ADDA se presentó con el gran atractivo de propiciar la actuación en Alicante de la jovencísima violinista granadina María Dueñas, precedida de un gran reconocimiento artístico por ser ganadora de varios concursos internacionales de interpretación musical. Entre ellos destacan el Premio Vladimir Spivakov, el Premio Yankelevitch, el Leonid Kogan de Bruselas y el Internacional Mozart de Zhuhai (China), así como haber sido galardonada en el Concurso de Composición Von fremden Ländern und Menschen en honor al centenario de Robert Schumann por su obra Farewell. Venir de la mano de un gran violinista como es el maestro Vladimir Spivakov, director titular de la Orquesta Nacional Filarmónica de Rusia, significa la garantía de que esta intérprete ha pasado el filtro de un criterio seguro de valoración, como así se pudo comprobar con el Concierto para violín y orquesta nº 1 en Mi bemol mayor op. 6 de Niccolò Paganini, una de la obras de este repertorio con mayor exigencia técnica.

Tras la presentación de la orquesta con una vibrante versión de la Danza navarra de la ópera El Cid, de Jules Massenet, en la que destacaba la prevalente calidad de su sección de cuerda, María Dueñas se introducía en la música imposible del genio genovés después de la expansiva y rítmica introducción con la que se abre este concierto de violín. Los iniciales arpegios ascendentes dejaban patente el poderío técnico de esta violinista que supo alternar, con significativo gusto, los contrastes que se producían ante los amplísimos intervalos que ejecutaba con precisa afinación y gran determinación en ataque. La endiablada velocidad de sus dedos en el mástil del instrumento se acompañaba de un gran dominio expresivo en el arco, que maneja con asombrosa seguridad a la vez que con gran amplitud dinámica; esto le permite dibujar el sonido con una generosidad de matices sólo posible en los músicos predestinados. La demostración de su singular talento estuvo en su espectacular versión de la cadenza de primer movimiento, hasta el punto de hacer que el oyente olvidara la inconsistencia del pensamiento musical de Paganini en este pasaje, creado más para un prestidigitado lucimiento que para el logro de una mínima trascendencia estética.

Su musicalidad quedó demostrada en el Adagio central, el movimiento de mejor sustancia de este concierto. María Dueñas se hizo con el carácter lírico de su contenido con ese sentido de canto que la llevaba a situarse en una expresividad que transformaba la música en pura acción dramática. Esta se se proyectaba entre el acompañamiento de la orquesta que seguía las indicaciones del maestro Spivakov con sentido de dialogo, favoreciendo en todo momento el brillo de la solista que no hacía sino incrementar la admiración de un público atónito ante el inmenso caudal sonoro que brotaba del violín.

En el Rondo final, María Dueñas volvía a los destellos del primer movimiento de manera más jovial y distendida sin perder un ápice de la seguridad, precisión y perfección ofrecida a lo largo de la obra. Supo predisponer su conclusión como el desenlace de una comedia, en la que demostró ser una auténtica prima donna en la escena con su prodigioso instrumento: un deslumbrante Guarneri del Gesù de 1736 que tiene por sobrenombre “Muntz” en referencia a un decimonónico coleccionista británico de instrumentos de cuerda. El instrumento perteneció también a la gran violinista norteamericana Guila Bustabo durante las décadas centrales del siglo XX. Ante los enardecidos aplausos de un público asombrado, ofreció la preciosa y también muy difícil versión que Rugiero Ricci hizo de la conocida pieza para guitarra Recuerdos de la Alhambra, de Francisco Tárrega, con la que finalizaba su esplendorosa actuación y que la convertía en el que sería a la postre el principal centro de atracción de la velada. Sin duda, su esperada y deseable progresión artística la llevarán a convertirse en una de las estrellas españolas de la interpretación musical del siglo XXI.

El concierto continuó con una serie de pasajes de la suite extraída de los ballets El cascanueces y El lago de los cisnes de Chaikovski que la orquesta interpretó con dominio de lenguaje y sentido del espectáculo. Esta se vio favorecida por la abierta sonoridad de sus vientos, la explosiva contundencia de su percusión y la fineza de su cuerda, sin duda, la mejor sección instrumental del conjunto. Vladimir Spivakov condujo con espontánea soltura, sabedor de las posibilidades de esta formación musical como director titular y artístico, convertida en un instrumento a su gusto que responde con fidelidad a la personalidad estética de este maestro. Posiblemente se hubiera disfrutado de esta orquesta con mayor placer de haber interpretado en la segunda parte de esta cita sinfónica del ADDA un programa de más enjundia musical. María Dueñas compensó con creces esta circunstancia.