ALICANTE / Homenaje a Rodríguez Albert

ALICANTE / Homenaje a Rodríguez Albert

Alicante. Auditorio de la Diputación de Alicante. 13-XII-2019. ADDA-Simfònica. Jesús Gómez, piano. Director: Josep Vicent. Obras de Falla, Rodríguez Albert y Stravinsky.

La dirección artística del Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), entre sus objetivos fundamentales, tiene como intención prioritaria poner esta importante infraestructura cultural al servicio de la vida y la historia musical de la provincia. En este ámbito hay que situar la programación de un concierto homenaje al compositor alicantino Rafael Rodríguez Albert (1902-1979), doble Premio Nacional de Música en los años 1950 y 1961, figura de la música española que está un tanto olvidada. Tal razón era más que justificada para generar la gran expectación suscitada por esta cita extraordinaria de ADDA-Simfònica pensada para dar a conocer al músico y para ser grabadas dos de sus obras con la intención de ir haciendo un archivo video-fonográfico de la actividad de la orquesta y de los eventos del ADDA.

El programa, que se sucedió sin descanso, se inició con una versión de Josep Vicent de la Jota final del ballet El sombrero de tres picos de Manuel de Falla, con la que quiso hacer una presentación espectacular del trepidante virtuosismo de esta orquesta alicantina, dando un sentido coreográfico a su ejecución y haciendo que la sección de metal asumiera cierto protagonismo de canto. El contraste entre su rítmico moderato con la presencia pesante de su sonido reflejó la vibrante tensión de esta danza aragonesa que levantó los primeros aplausos del público.

Seguidamente se escucharon Cinco piezas para pequeña orquesta y piano de Rafael Rodríguez Albert que, aún siendo independientes entre sí, giran en torno al tema de una canción valenciana estructurada a modo de Pavana. El maestro Josep Vicent las dirigió con una orientación expresiva caleidoscópica favorecido por el discurso del solista Jesús Gómez al piano, que desarrollaba su función con un manifiesto estilo concertato en el sentido barroco del término. Ambos entendieron los secretos de la obra desde el puro detalle de su factura compositiva, reflejando con fidelidad la personalidad creativa del compositor y así dejar una sensación de gran musicalidad en el oyente.

Siguió la obra orquestal Sonata del mar y el campo del mismo autor. De ésta habría que destacar el tratamiento que dio el director a los pasajes dodecafónicos, que supo cuidar con especial atención y detalle, sin perderse en momento alguno las ideas paisajísticas que encierran sus pentagramas como elementos evocadores sustentados en pequeños motivos entrelazados con sabia habilidad compositiva. Se notaba el trabajo serio de análisis efectuado por Josep Vicent, sabiendo sacar y transmitir a la orquesta ese aire mediterráneo de la obra, bien dibujada en sus indicaciones y mejor comprendida en sus intenciones. Estas piezas me produjeron una sorpresa positiva por la finura de su escritura, la diáfana proyección de sus mensajes y la pulcritud estilística de sus formas, que reflejan la elegancia musical de un compositor de distinguido pensamiento.

Para finalizar la velada Josep Vicent dirigió la segunda suite orquestal del ballet El pájaro de fuego de Igor Stravinsky con la que quiso, una vez más, demostrar al público los logros alcanzados con ADDA-Simfònica en sus pocos meses de existencia. Con una marcada proyección de superación, la orquesta seguía sus indicaciones con precisión técnica y sentido musical, que dejaban la sensación en el espectador de ser una máquina de sonido de acusada personalidad artística por su capacidad para adaptarse con facilidad  y rápida intuición colectiva a las diversas funciones que exigen las obras y desean los directores. En este sentido, cada vez más se aprecia el fluido sentimiento de identificación entre el maestro y el instrumento, lo que redundó en una interpretación ágil, directa y contundente de esta música genial.

Como respuesta a las ovaciones del público, se interpretaron dos bises de diferente carácter: el preludio de la zarzuela La revoltosa de Ruperto Chapí y el Vals triste de Jean Sibelius, culminándose así otra noche triunfal de ADDA-Simfònica que ha sabido poner en el valor que se merece la música de Rafael Rodríguez Albert, compositor que seguramente se seguirá descubriendo y disfrutando en el futuro desde la inquietud técnica, artística y empeño personal del maestro Josep Vicent.