Akal edita una monografía de Sjeng Scheijen sobre Serguei Diáguilev

Serguei Diáguilev (1872-1929) logró convertirse en una figura imprescindible del panorama artístico de principios del siglo XX sin pintar cuadros, componer música o escribir libros. Lo hizo como creador y empresario de los Ballets Rusos, la compañía con la que supo involucrar —con un olfato incomparable— a los más destacados y innovadores artistas de su época, entre los que se contaban pintores como Picasso, escritores como Jean Cocteau y compositores como Stravinsky, Falla, Debussy, Ravel, Prokofiev, Satie o Poulenc. El pájaro de fuego, La consagración de la primavera, El sombrero de tres picos, Daphnis et Chloé o Parade son algunos de los hitos que encumbraron la capacidad de Diáguilev para asentar nuevos conceptos en el ámbito del ballet.
Además de empresario clarividente, Diáguilev fue una personaje controvertido en sus relaciones humanas —como con su primer bailarín Vaslav Nijinski— y su vida, rica en encuentros, tiene algo novelesco. Así lo entiende también el eslavista y especialista en arte ruso Sjeng Scheijen, autor de la monografía Serguei Diáguilev. Una vida por el arte, que acaba de publicar en España la editorial Akal en traducción de Juan González-Castelao Martínez (539 pág.).
La posibilidad de Scheijen de acceder archivos inéditos, como los de la sobrina nieta de Diáguilev en San Petersburgo, enriquece la biografía con datos y material gráfico con los que ningún otro estudio anterior contaba. Senior Research Fellow de la Universidad de Leiden, Scheijen ha sido también comisario de exposiciones y agregado cultural de la embajada de los Países Bajos en Moscú entre 2007 y 2009. Es asimismo autor de Los Vanguardistas. La revolución rusa en el arte (1917-1935).


