Adriana González: “Plácido Domingo me dio un consejo: canta siempre legato”

Adriana González: “Plácido Domingo me dio un consejo: canta siempre legato”

La sorpresa saltó la pasada semana en Praga: la joven soprano Adriana González (nacida en octubre de 1991), ganó el prestigioso Concurso Operalia en sus dos apartados: ópera y música. Sorpresa por tratarse de una cantante de Guatemala, país con escasa tradición en la lírica. Intentando aún asimilar lo que supone haber conquistado este premio, Adriana González nos atiende por teléfono desde París, ciudad en la que tiene fijada su residencia desde hace varios años. Carraspea constantemente, lo cual sorprende por los altísimos calores que en estas últimas semanas ha sufrido la capital francesa.

¿Está resfriada?

No, no es resfriado, es el estrés acumulado por mi participación en Operalia. El día siguiente a la semifinal, ensayamos con Plácido Domingo por la mañana, pero por la tarde me quedé sin voz. La recuperé bebiendo mucha agua y un vaso de limón puro por la mañana y otro por la noche. Y reposando, porque hacía demasiado calor, lo cual tampoco ayudaba mucho. Todos estábamos al borde de la deshidratación y, de hecho, hubo una chica que casi se desmaya. También tuve que recurrir a una fisioterapeuta, porque la tensión se acumula en los músculos y tenía que relajarme como fuera antes de salir al escenario para cantar en la final.

Una soprano guatemalteca… Parece algo excepcional.

Excepción no soy, porque el primero que participó en Operalia fue Mario Chang, en 2014. Hay también otros cantantes guatemaltecos que están participando activamente en ópera, como es el caso de Ana Isabel Lazo en Italia.

¿Cómo aterriza usted en este mundillo?

Soy un poco producto de las circunstancias. Y de la suerte, del destino… En 2012 viaje a Chipre para participar en el Coro Juvenil Mundial, que se organiza todos los años con objeto de hacer una gira por diversos países. Gracias a ello, conocí al director español Iñaki Encina, quien estaba trabajando con el coro. Hice una audición para los solos e Iñaki me comentó que yo tenía una buena voz. Tomamos un café, me puso para que escuchara unas grabaciones y me dijo que quiénes eran las que cantaban. Acerté la mayoría: Montserrat Caballé, Renata Tebaldi… Me preguntó que si me gustaba la ópera y le respondí que sí, pero que mi problema era que en Guatemala no hay ningún teatro de ópera y que, en ese momento, solo había tres maestros de canto, dos de los cuales lamentablemente ya han fallecido. En otras palabras, era —y sigue siendo— realmente complicado tratar de estudiar ópera en Guatemala.

¿Cómo empezó?

Estudié en la Universidad del Valle de Guatemala y obtuve la licenciatura de Música, que es una carrera muy general, para nada enfocada al canto. Busqué alguien que me enseñara canto y di con Bárbara Bickford, quien por desgracia ha fallecido hace solo tres semanas. Ella fue la que me indicó que, si me quería dedicar a cantar ópera, tenía que aprender la técnica clásica. Me entregó para que leyera varias partituras con arie antiche y para que escuchara un par de CD con recitales de Cecilia Bartoli y Dmitri Hvorostovsky, también con arias antiguas. “La semana que viene nos vemos”, me dijo. Quedé fascinada por el hecho de que alguien pudiera producir un sonido así. Eso fue lo que me hizo dar el paso definitivo para dedicarme a la ópera. Estamos hablando de 2009.

Su encuentro con Iñaki Encina Oyón fue determinante.

Sí, él fue el que cambio mi vida por completo, porque, después de habernos conocido en Chipre, me invitó a participar en una producción suya en París, en el año 2013. Como Iñaki había estado en l’Atelier lyrique de l’Opéra national de París, invitó a Christian Schirm, su director, a que me escuchara. Justo en ese momento, Schirm estaba buscando una Zerlina para una producción de Don Giovanni que iba a hacer con l’Atelier lyrique en 2014. Me dijo que fuera a audicionar. Me preparé con Iñaki y buscamos, asimismo, un maestro para que solucionara algunos aspectos técnicos… ¡Y salí elegida! Hice esa Zerlina y me invitaron para formar parte del Opera Studio de París, en el que estuve hasta 2017. De esa manera llegué a Europa y, como antes les decía, de esa manera cambió mi vida.

Usted reside en París. ¿Por algún motivo concreto?

Mi base es París, entre otras cosas, ya que eso me permite seguir trabajando con Iñaki Encina y ya que allí también están mi agente y mi maestra de canto. A Guatemala regreso una vez al año, pues mis padres siguen viviendo allí y porque me gusta compartir con otras personas que están intentando cantar ópera en mi país lo que he podido aprender en Europa en estos años. Doy clases magistrales cada vez que viajo allí.

¿Por qué hay tan escasa tradición operística en su país?

La raíz del problema está en la tragedia que ocurrió en 1940, cuando la Orquesta Sinfónica de Guatemala, con algunos solistas cantantes, iba a hacer una gira por México y se estrelló el avión en el que viajaba. La mitad de la plantilla y varios cantantes fallecieron en este accidente. Dejaron un hueco cultural que no hemos sido capaces de llenar todavía. Era gente muy importante, pues estaba en posesión de toda la tradición de música clásica que había habido antes en Guatemala. La música clásica no es algo que haya nacido en Iberoamérica y aquella herencia que estaba en poder de la Sinfónica se perdió por completo por culpa del accidente aéreo.

Pero material humano sí que ha habido, porque en toda Iberoamérica aparecen constantemente grandes talentos canoros, casi todos procedentes de la música folclórica.

Más que material humano, lo que ha faltado en estos últimos ochenta años es estructura. Poco a poco nos vamos recuperando, aunque las instituciones gubernamentales (Universidad, Conservatorio, la Orquesta Sinfónica, el Coro Nacional…) se tendrían que coordinar mejor para que la gente tuviera un acceso más fácil a todo lo que es la música clásica. Pero sí, como usted bien dice, la música folclórica es la base para todos nosotros.

El pasado año hizo un recital, acompañada al piano, por Iñaki Encina en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y en 2017 participó en Barcelona en el Concurso Francesc Viñas 2017, donde quedó segunda. Han sido sus únicos contactos, por ahora, con España.

Mi primer encuentro con España fue una audición en el Liceu, para el rol de Corinna en Il viaggio a Reims. Paralelamente, me había inscrito en el Concurso Francesc Viñas. Debuté en el Liceu en el verano de 2017 y, a raíz de mi participación en el concurso, hice ese recital al que usted se refiere en el Teatro de la Zarzuela. Y bueno, ahora tengo varios proyectos bien encaminados, sobre todo, en Barcelona. Puedo decirle que el Liceu me ha hecho un regalo impagable: poder debutar con Mimí, de La Bohème. La fecha no está aún fijada. Es como un sueño.

¿Cuál es su repertorio predilecto?

Mi voz se enfoca al repertorio romántico italiano y francés. Ahí es donde me siento realmente cómoda y donde creo que mi voz puede desarrollar todas sus cualidades. Me refiero a papeles como Liù, Micaëla, Contessa, Mimi…. Incluso, la Lauretta de Gianni Schicchi, con el que debutaré el próximo año en Japón. Siento que con ellos mi voz fluye con mayor naturalidad. Pero también me encuentro a gusto con roles como Marguerite o Juliette.

Precisamente en Operalia cantó un aria de Juliette.

Sí, escogí el aria del veneno.

Ganó en el apartado de ópera y, también, el de zarzuela. ¿Lleva mucho tiempo cantando zarzuela?

No conocía prácticamente nada de la zarzuela hasta que canté en Madrid el pasado año. Empecé a rebuscar cosas relacionadas con este género y di con una grabación de Monserrat Caballé: quedé asombrada con la cantidad de belleza que hay en la zarzuela. A la hora de escoger las arias para Operalia, consulté a Iñaki Encina sobre qué era lo más apropiado, porque no me iba a poner a cantar por las buenas De España vengo, ya que yo no vengo de España, o Me llaman la primorosa, porque tampoco las coloraturas son algo en lo que me sienta especialmente cómoda. Quería dar con una romanza que no solo pudiera hacer bien, sino con la que me pudiera identificar. Iñaki me sugirió la romanza de Mirentxu, de Guridi. Iñaki es vasco, claro, y a él le parecía normal cantar en euskera, pero a mí al principio me chocó. Luego, cuando fui estudiando esta pieza, me di cuenta de que la podía defender muy bien. Y también es algo bastante diferente a lo que tradicionalmente se hace en zarzuela.

¿Qué le dijo Plácido Domingo tras ganar el concurso?

Estuvo muy cariñoso. Me dijo que había cantado preciosamente y que teníamos que organizar varios conciertos. Me preguntó por mis próximos proyectos y me dio un consejo: “Siempre canta legato. Nunca olvides el legato. No importa cuál sea la escritura de la música, canta siempre legato”. Es increíble la energía que desprende Plácido Domingo. Acaban de cumplirse cincuenta años de su debut, pero sigue con el mismo entusiasmo de un principiante. Solo verlo a él, comprobar su energía y la dedicación que le dispensa a cada cantante que se sube al escenario… eso no solo infunde respeto, sino que sirve de fuente de inspiración.

Acaba de grabar su primer disco, a lado, cómo no, de Iñaki Encina.

Lo grabamos en marzo para el sello Audax Records y saldrá a principios de 2020. Son veintidós canciones de Robert Dussaut y de su esposa, Hélène Covatti. Se trata de música francesa de la primera mitad del siglo XX, entre 1910 y 1940. Dussaut ganó el Prix de Rome en 1924. A raíz de ese premio, se fue a Italia, a Villa Médici, para componer estas canciones.

Audax es un sello especializado en música antigua. De hecho, su disco es el primero que no encaja en la línea editorial del sello. ¿Le interesa a usted el Barroco?

Cuando conocí a Johannes Pramsohler, director de Audax Records, me empecé a interesar más en la música barroca. Yo ya había hecho, en el Opera Studio de París, Les Fêtes d’Hébé de Rameau. Me fascinó esa música, porque está escrita en una tesitura muy cómoda para mi voz y porque permite mucha flexibilidad. Obliga, eso sí, a estar activamente involucrado en cada nota. Si tuviera oportunidad de cantar ópera barroca, por supuesto que diría que sí. Me encantaría poder cantar, por ejemplo, la Alcina de Haendel.

¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos?

El más inmediato es Contessa, de Le Nozze di Figaro, en Nancy, que también haré después en Luxemburgo. Pero antes tengo un par de conciertos en Guatemala. Como ya le he comentado, el próximo año me estrenaré en Japón, en el Festival de Primavera de Tokio, cantando Lauretta de Gianni Schicchi y otro papel en Sour Angelica (si quiere que le diga la verdad, ahora mismo no recuerdo qué papel es, porque todos son sores). Para finalizar la temporada, cantaré Micaëla en Zúrich y en Tolón.