A la manera de los trovadores medievales

A DAY WITH SUZANNE
Obras de Leonard Cohen, Lasso, Guédron, Des Prez, Attaingnant, De Vicent, Créquillon y anónimas Ensemble Phoenix Munich. Director, voz y laúd: Joel Frederiksen. DHM (1 CD)
Es probable que más de uno quede un tanto descolocado ante la última grabación del bajo y laudista Joel Frederiksen y su Ensemble Phoenix Munich (integrado en esta ocasión por la cantante —especializada en repertorio renacentista— y laudista Emma-Lisa Roux, y por los violagambistas Hille Perl y Domen Marincic), ya que se trata de un homenaje al cantautor canadiense Leonard Cohen (1934-2016), Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011, a quien Frederiksen considera un ‘trovador moderno’. Sin embargo, no es la primera vez que el norteamericano afincado en Alemania se adentra en estos insólitos vericuetos: hace años rindió homenaje (“an elizabethan tribute”, así lo definió) en el sello Harmonia Mundi a otro cantautor: el británico Nick Drake (1948-1974), considerado por algunos como uno de los más grandes artistas del siglo XX a pesar del escaso éxito comercial que tuvo durante su vida.
Aparecen aquí entrelazadas canciones del Renacimiento con composiciones de Cohen. Por ejemplo, en la primera pista, junto a la celebérrima Suzanne (de ahí, el título del cd) figura Susanne un jour de Orlando di Lasso; junto a A Thousand Kisses Deep aparece Un jour l’amoureuse Sylvie de Pierre Guédron; junto a Hey, That’s no Way to Say Goodbye viene Adieu mes amours de Josquin Des Prez… Y así, hasta llegar a la última pieza, el inevitable Hallelujah de Cohen. Plena coherencia, por tanto, por mucho que, insisto, pueda resultar un tanto chocante la mezcla.
Siempre es un placer escuchar la inigualable voz de bajo profundo de Frederiksen, que marida a las mil maravillas con el delicadísimo color de Roux. Y mientras entonan estas canciones, tañen ambos el laúd, como haría un trovador medieval o un bardo de la Inglaterra isabelina como John Dowland. Estamos, sin duda, ante una delicatesen diseñada para paladares exquisitos.
Eduardo Torrico


