A CORUÑA / OSG: uniendo generaciones

A Coruña. Palacio de la Ópera. 14-XI-2025. Orquesta Sinfónica de Galicia. Orquesta Infantil de la OSG. Concertino y directora: Olatz Ruiz de Gordejuela. Obras de Holst, Elgar, Chaikovski y Gaos.
Tras la intensidad de programas anteriores, la Orquesta Sinfónica de Galicia proponía esta vez una sesión dedicada a su sección de cuerdas, dirigida por una de sus concertinos, Olatz Ruiz de Gordejuela, e integrada por lo que podríamos llamar tres miniaturas —la Suite St Paul’s de Holst, la Serenata de Elgar y la Impresión nocturna de Andrés Gaos— y una pieza mayor como la Serenata de Chaikovski. Una velada ligera en la suma de su sustancia estrictamente musical pero muy útil en su funcionalidad, pues si de un lado aligeraba la carga presupuestaria de la programación de la temporada, de otra mostraba al público el excelente estado de forma de una parte de la orquesta —compartido, es verdad con el resto de los sinfónicos coruñeses— y, de propina, ofrecía un cierto relajo después del Beethoven de Cuarta y Séptima, el Mozart de la Júpiter y el Réquiem o el Brahms de la Primera. No solo de honduras viven la melomanía y sus adláteres.
El concierto fue, si se me permite decirlo y en todo el sentido de la palabra, delicioso. El menú que ofrecía era ligero y disfrutable. También hasta cierto punto engañoso si no se aborda con el necesario cuidado, pues, por ejemplo, la preciosa suite de Holst hay que hacerla pensando muy bien en lo que la sostiene rítmicamente —por eso fue tan importante que la aparición en el Finale de Greensleeves trajera consigo el punto de emoción que siempre debe acompañarla en ese trance—, la Serenata de Elgar se movió con elegancia —el Larghetto nobilmente, como le gustaba al autor— y ligereza, y la de Chaikovski se tradujo en su punto justo, ese en el que la facilidad aparente cae frente al resultado de la inspiración real. Lectura, esta, muy luminosa pero también muy concentrada, en parte por el hecho de que el orgánico no fuera demasiado nutrido —10/7/6/5/4— a pesar de que al autor parecía más bien agradarle lo contrario. Pero es cierto que ello hubiera ido en detrimento de lo más recogidas que, en ese aspecto, debían ser el resto de las obras del programa.
Todo ello pasó en un gratísimo suspiro bajo las leves indicaciones de Ruiz de Gordejuela tras las que se intuía un muy buen trabajo en los ensayos. La cosa iba a terminar con esa joyita que es Impresión Nocturna del coruñés Andrés Gaos y ahí surgió la sorpresa cuando se nos anunció que a las cuerdas de la OSG se unirían las de la Orquesta Infantil —que dirigen Enrique Iglesias y Jorge Montes— en una suerte de afirmación paternofilial justo cuando la crisis parecía ponerlo todo más difícil. Ha habido preguntas en todo este periodo de reconfiguración de la gestión de la Sinfónica, está habiendo respuestas y esta es una de ellas. El caso es que el escenario se llenó de la suma de veteranos y noveles, de profesores y chavales y que entre todos , con la directora y concertino al frente, escuchamos una extraordinaria versión de esa pequeña pieza maestra del siempre reivindicable Gaos. Tras la repetición, como encore, de la Jig de la obra de Holst hubo ovaciones para todos, felicitaciones, besos y abrazos en el escenario y, entre el respetable, la satisfacción de comprobar que hay futuro.
Luis Suñén
(Foto: Pablo Sánchez Quinteiro)


