A CORUÑA / OSG: Maestra Chan

A Coruña. Palacio de la Ópera. 7-II-2025. Orquesta Sinfónica de Galicia. Directora: Elim Chan. Obras de Chaikovski.
La última vez que la OSG puso en atriles la Patética de Chaikovski fue hace poco menos de dos años en una muy pálida versión a cargo de Vasili Sinaiski. Y eso hacía que, al no ser muy positivo el recuerdo, apeteciera menos volver a obra tan transitada como, desde luego, genial. El atractivo estaba en que la directora, Elim Chan, es una de las batutas más solicitadas del panorama internacional como corroboran sus compromisos esta temporada: Mahler Chamber, Concertgebouw, Cleveland, San Francisco —donde hará idéntico programa al que aquí se comenta—, Boston, Sinfónica de Viena, Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, Suisse Romande… Traerla a la Sinfónica de Galicia daba la oportunidad a la filarmonía coruñesa de conocer a una de esas figuras que están moviendo las ramas del árbol de la música cada vez con más fuerza y, sobre todo, y como quedó claro en el concierto, ser capaces de ofrecer esas lecturas que hacen que los clásicos sigan siéndolo por algo.
Cerca de cumplir los cuarenta, la menuda maestra hongkonesa luce un aplomo en el podio sólo comparable con la seguridad con la que parece plantear sus criterios expresivos a través de una técnica mostrada, sobre todo, por una batuta que se mueve siempre incisiva, no ya para marcar este o aquel ataque sino, incluso, para matizarlo como si fuera la mano izquierda. Esa intensidad, ese buen criterio, esa seriedad apareció desde el inicio de la selección de El lago de los cisnes —única pega, quizá un cierto desequilibrio en el final favorable a los metales y propio de lo traicionero de la acústica del así dicho Palacio de la Ópera— que sustituyó como primera parte al anunciado Concierto nº 4 de Rachmaninov —para una vez que no se da ni el Segundo ni el Tercero— en el que estaba anunciado el vienés Lukas Sternath, joven discípulo de Igor Levit al que esperemos escuchar en otra ocasión pues las referencias son excelentes.
La Sexta de Chaikovski alcanzó una altura indudable, desde el ominoso arranque, impecablemente expuesto por el fagot de Steve Harriswangler, al final, con los metales ya en equilibrio perfecto en su coral y la cuerda grave mostrando el momento dulce por el que pasa. De un punto al otro, cantidad de detalles muy bien resueltos, rincones otras veces escondidos y esta certeramente señalados, más esa narratividad que hizo que la sinfonía fuera una historia personal pero perfectamente transferible, dicha con toda su carga emotiva, ni un átomo por encima —más Jansons que Rostropovich, para entendernos. De lo que fue una magnífica versión uno se quedaría con la progresión dinámica y rítmica del complejo Allegro molto vivace, una verdadera pieza de bravura para orquesta y director tras la que se produjo lo que ya casi parece inevitable, es decir, la irrupción de un aplaudidor a destiempo que nos privó del silencio necesario para entrar como es debido en el Adagio Lamentoso. Maestra y orquesta se sobrepusieron enseguida, aunque hay que reconocer que a algunos nos costó un poco recuperar la devoción después del alarido. Eso sí, a la conclusión, un largo, emocionado y respetuoso silencio antes de la gran ovación que premió a todos devolvió la autoestima a la parte más sensible del respetable.
Estupenda directora esta Elim Chan a la que nos gustaría volver a ver pronto por aquí. Y estupenda igualmente la OSG. Sobresalientes el citado Harriswangler en la sinfonía y el concertino Massimo Spadano, la oboe Carolina Rodríguez y la arpa Celine Landelle en El lago de los cisnes.
Luis Suñén
(Foto: Pablo Sánchez Quinteiro)


