A CORUÑA / Concierto de Navidad de la OSG: Todos contentos

A Coruña. Palacio de la Ópera. 13-XII-2024. Orquesta Sinfónica de Galicia. Director: Giancarlo Guerrero. Obras de Shostakovich, Dvorák, Mozart, Giménez, Rossini y Chaikovski.
Con un lleno hasta la bandera, el Concierto de Navidad de la Orquesta Sinfónica de Galicia —dado el día antes en el Auditorio de Ferrol— reunió a sus abonados y al público menos frecuente en torno a un repertorio brillante y agradecido, de esos que alimentan por igual la nostalgia por aquellos tiempos en los que los aficionados que hoy peinamos canas éramos jóvenes y la esperanza de que tanta alegría en solfa anime a repetir a los poco habituales. No hay orquesta que se precie que no tenga su concierto navideño en el que, además, rebajar el nivel sería hacerle flaco favor al patrocinador y una falta de consideración al respetable. Lo fetén, como en este caso, es que a la popularidad del programa corresponda la competencia en su ejecución.
Que la cosa iba a ir bien lo garantizaba la presencia al frente de la OSG de un director querido por orquesta y público, el nicaragüense de nacimiento y costarricense de adopción Giancarlo Guerrero, que cerrará la presente temporada de la orquesta con la Octava de Bruckner y ha protagonizado estupendas veladas con los sinfónicos coruñeses. Esta vez mostró, además, una divertida vertiente comunicadora, explicando con gracia cada obra de las que componían un programa que comenzaba con la Obertura Festiva de Shostakovich y concluía con la 1812 de Chaikovski —cañones, incluidos y disparados por ordenador. Entre ambas, la Obertura “Carnaval” de Dvorák, la de La bodas de Fígaro de Mozart —magnífica versión, lo mejor de la tarde, a pesar de lo nutridísimo del orgánico—, el Interludio de “La boda de Luis Alonso” de Gerónimo Giménez y la Obertura de “Guillermo Tell” de Rossini.

Músicas, pues, todas las del concierto, sin complicaciones de escucha pero a veces no tan fáciles de plantear si quien propone se deja llevar por el cliché. Por eso fue muy gratificante ver lo que del Chaikovski que más nos gusta oculta una pieza que a él no le gustaba nada, o qué gran música es cuando se hace bien —en realidad hasta cuando se hace mal— la de Gerónimo Giménez. La Carnaval nos recordó a algunos aquella costumbre de Wolfgang Sawalisch —lo hizo con la ONE— de unirla a En la naturaleza y Otelo —como saben tienen un tema común en su decurso respectivo— como casi completa primera parte de sus programas. Y, a este crítico, una versión igualmente “completa” en un inolvidable concierto de la muy benemérita —profesionales retirados y músicos jóvenes— Orquesta Filarmónica de Sonoma dirigida por el también costarricense Norman Gamboa. Respecto de la Guillermo Tell, me da la sensación de que pocos espectadores conocían a ese Llanero Solitario a que hacía alusión el maestro en su introducción. Sic transit… Como encore, una Marcha Radetzky en la que Guerrero dirigió las palmas a un público que cumplió muy bien, de espaldas a una orquesta que tocaba sola. Lo hizo magníficamente atril a atril y en su conjunto a lo largo de toda la sesión.
Gratísimo concierto, pues, a cuyo final su patrocinador, la cadena de supermercados Gadis —hay que dar nombres cuando tanto pedimos que las empresas se involucren en la cultura— obsequió a público y músicos con un refrigerio en el que todos departieron acerca del buen rato vivido.
Luis Suñén
Foto: Pablo Sánchez Quinteiro


