¿Mi disco del año? Tengo unos cuantos…

Empecemos con aquellos sobre los que, por una u otra razón, no he llegado a escribir reseña.
Me he enamorado de las Variaciones Goldberg de Vikingur —al parecer, él mismo ha decidido prescindir de ese largo apellido islandés— una grabación que he escuchado al menos media docena de veces. No escribí crítica en el momento del lanzamiento porque ya fue suficientemente alabada por la prensa y tenía poco que añadir. Me encanta este disco (DG).
El ciclo completo que el Doric String Quartet va a dedicar a Beethoven está brillantemente planificado. El primer álbum doble incluye cuartetos de diferentes periodos del compositor, casi contrapuestos. Es como un paseo con el propio Beethoven por su vida creativa. Espero con impaciencia la siguiente entrega (Chandos).
El registro de los cuatro Conciertos para piano de Rachmaninov y la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Yuja Wang en un único concierto copó titulares de prensa por la proeza física. Más allá de este gancho se encuentra su exquisita musicalidad (DG). Por su parte, la lectura de estas mismas obras de Boris Giltburg con la Filarmónica de Bruselas es más cálida, más contemplativa (Naxos).
Mi dosis de Vaughan Williams comenzó este año con la grabación del ballet Job y otras piezas a cargo la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra (Onyx). Y no puedo resistirme a incluir en la lista la grabación de Die Propheten de Kurt Weill, a pesar del plomizo y controvertido texto de Franz Werfel (Capriccio).
Entre los discos sobre los que sí he publicado crítica, la lectura de la Sinfonía ‘Resurrección’ de Mahler por la Filarmónica Checa y Semyon Bychkov figura en la primera posición en cuanto a interpretaciones profundas y soberbiamente ejecutadas (Pentatone). La última grabación en vida de la compositora finlandesa Kaija Saariaho me ha tocado fibras sensibles que yo mismo desconocía poseer (BIS). La combinación de sonatas de Brahms y música norteamericana que firma Anthony McGill se antoja tan conmovedora como inolvidable (Cedille) y he disfrutado mucho escuchando la poco atendida Sinfonía en Re menor de César Franck a cargo de Alain Altinoglu (Alpha).
Pero cuando se trata de grabaciones que consiguen detener el tiempo, hay dos publicadas este año que resistirán sin lugar a duda el paso de los años. La primera es el canto del cisne discográfico del Emerson Quartet, un deslumbrante menú compuesto por obras de Schoenberg, Berg, Hindemith y Chausson que ningún otro conjunto habría podido concebir ni mucho menos llevar a buen puerto, con Barbara Hannigan como solista vocal. La grabación es realmente increíble y absolutamente imprescindible (Alpha).
Dicho lo cual, solo queda mencionar el disco que, en mi modesta opinión, se alza con toda justicia como mejor grabación del año: la integral de sinfonías de Carl Nielsen por Fabio Luisi y la Sinfónica Nacional de Dinamarca, la lectura más idiomática e inmersiva de todas cuantas se han llevado a un estudio de grabación, entre las que se encuentran las de Bernstein, Blomstedt y otros ilustres predecesores. Luisi y sus daneses alcanzan la esencia. Nada más que decir. No se la pierda (DG).
Feliz año nuevo.
Norman Lebrecht


