Primera grabación de la ‘Misa solemne’ de Mercadante

MERCADANTE:
Misa solemne. Francesco Meli, Matteo Lippi, Mario Cassi, Nicola Ulivieri. Coro y Orquesta del Teatro Carlo Felice de Génova. Director: Fabrizio Callai. DYNAMIC (1 CD)
Saverio Mercadante (1796-1870) pertenece a la transición estética entre el clasicismo y el romanticismo italianos, centrados en la ópera. Bajo el magisterio de Rossini, llega hasta la madurez de Verdi y los rasgos del largo momento se advierten en su obra escénica e instrumental.
Esta misa, que se ofrece en primera grabación mundial, fue compuesta hacia 1861 y presentada en 1868. Desde entonces, un espeso olvido la acompañó hasta que Callai, hurgador paciente de manuscritos musicales, la exhumó gracias a los originales conservados en el Conservatorio de Nápoles. Así se llega a este registro que data de 2021.
Mercadante parte de Rossini y enfoca la liturgia dentro del tradicional sesgo escénico que tiene en la Iglesia católica. Se oyen, así, arias, dúos, concertantes, coros, marchas y hasta un concertino para violín y violonchelo. Las demandas vocales son operísticas y exigen un sólido belcantismo. Lo mismo es solicitado al coro, auténtico personaje de la partitura. La orquesta ofrece un sensual colorido y el conjunto tiene una atmósfera de cofradía viril pues los solistas y la masa vocal son masculinas. Finalmente, y hasta la fecha, los sacerdotes católicos son varones.
La versión es de óptima propiedad. Callai entiende el mensaje y explaya lo que una misa tiene de relato, de sucesión de cuadros, de expresividad dramática. En especial durante el Credo es audible este carácter, pues en él se cuenta la vida de Jesucristo, entre su nacimiento virginal y su resurrección. Callai es pulposo de sonido, arrojado de fraseo, íntimo o imponente según las exigencias sonoras de cada secuencia. Estamos ante Mercadante, es decir entre Rossini y la juventud de Donizetti y Verdi. Cabe unir a esta compaginación el brillo de los solistas vocales, en especial Meli y Ulivieri, y las masas de bello timbre y aquerenciada disciplina.
Blas Matamoro


