Más papistas que el Papa

Más papistas que el Papa

Primero, la buena noticia: pronto estará disponible una nueva integral de las 555 sonatas para clave de Domenico Scarlatti. Hasta ahora solo había dos disponibles: la legendaria de Scott Ross (registrada en el sello Erato en los años 80) y la simplemente aseadita de Jan Pieter Belder (grabada para el sello Brilliant en el primer decenio de este siglo). En la nueva integral —acometida el pasado verano en distintas localidades del sur de Francia, con tomas en directo de conciertos— participan cerca de treinta clavecinistas, a cada uno de los cuales se le ha encomendado un mínimo de diecisiete sonatas.

Y ahora, la mala noticia: entre esa treintena de clavecinistas no hay ni uno solo español. No están ni siquiera Diego Ares o Andrés Alberto Gómez, autores de dos de las mejores grabaciones con sonatas de Scarlatti que se han hecho en los últimos tiempos. Lo de Ares es especialmente sangrante: no es que su Scarlatti sea absolutamente referencial, que lo es; es que estamos ante el clavecinista estrella de un sello francés del más alto nivel (ni más ni menos que Harmonia Mundi).

Pero, en cierta forma, tenemos lo que nos merecemos. Si a un británico le preguntas que quién es el compositor más importante de la historia en aquellas islas, contestará sin duda que George Frideric Handel (con esta grafía, pues así es como él firmaba). O sea, un sajón de Halle que luego se naturalizó inglés. Si le haces la misma pregunta a un francés, hay muchas probabilidades de que conteste que el mejor compositor galo de la historia es Jean-Baptiste Lully. Es decir, un florentino —que, como Handel, también cambió su nacionalidad— al que en la pila bautismal se le impuso el nombre de Giovanni Battista Lulli. Pero si la pregunta se la hacemos a un español, en ningún caso mencionará que el mejor músico español de la historia es Domenico Scarlatti, Luigi Boccherini o Francisco Corselli. Y no porque no sean buenos músicos, sino porque en España no son considerados españoles, aunque discurriera en España más de la mitad de sus vidas y aunque los tres fallecieran en Madrid (como tantos otros músicos, pintores o arquitectos italianos que se ganaron honrada y dignamente la vida en España).

En nuestra atávica cerrazón cultural, estos y otros músicos italianos que llegaron a España con la nueva dinastía de los Borbones nunca fueron tenidos por españoles. Y, no solo eso: se les tildaba de bárbaros invasores que habían venido a destruir la esencia de la —anodina— música española desarrollada a lo largo del siglo XVII. Es tal el desdén que durante casi tres siglos se ha sentido hacia ellos que ni siquiera sabemos qué fue de los restos mortales de Scarlatti y Corselli. El primero fue enterrado en un convento que se hallaba ubicado en la actual plaza de los Mostenses; el segundo recibió sepultura bien cerca de Scarlatti, en la Iglesia de San Martín de Tours. Ambas fueron demolidas por orden del rey José Bonaparte, sin que se hiciera cargo de los huesos de Scarlatti y Corselli (que, por cierto, eran vecinos, ya que residían en la calle Leganitos). Boccherini, por su parte, corrió peor suerte: enterrado en la antigua Iglesia de San Justo y Pastor (en la actualidad, Basílica Pontificia de San Miguel), a Alfonso XIII, otro rey que —como Bonaparte— tenía ideas de casquero, no se le ocurrió nada mejor que regalarle a Benito Mussolini en 1927 los huesos del músico, para que les diera sepultura, con todo tiempo de boato, en la ciudad en que había visto la luz, Lucca.

A lo que íbamos: en esta nueva integral de Scarlatti participan clavecinistas de un buen número de nacionalidades: francesa (Jean Rondeau [en la foto], Olivier Baumont, Aurélien Delage, Bertrand Cuiller, Béatrice Martin, Arnaud de Pasquale, Violaine Cochard, Justin Taylor, Mathieu Dupouy, Mario Raskin…), italiana (Paolo Zanzu, Giulia Nuti, Enrico Baiano, Rossella Policardo, Francesco Corti, Luca Guglielmi…), norteamericana Kenneth Weiss, Frédéric Haas…), danesa (Lars Ulrik Mortensen), austriaca (Thomas Ragossni), húngara (Miklos Spanyi), japonesa (Kazuya Gunji) y hasta turca (Carole Cerasi). Como si los actuales clavecinistas españoles fueran de segunda categoría… Como si Domenico Scarlatti no hubiera tenido nunca nada que ver con España… Como si la sustancia de estas 555 sonatas no fuera fundamentalmente española…

En fin, resignémonos y disfrutemos con esta integral, que, a falta de ser publicada comercialmente, se puede saborear ya, a modo de aperitivo, en esta página:

https://www.francemusique.fr/recherche?q=L%E2%80%99int%C3%A9grale%20des%20sonates%20de%20Scarlatti

Una muestra: Sonata K178 en re mayor (Vivo), Sonata K179 en sol menor (Allegro) y Sonata K180 en sol mayor (Allegro vivo) de Domenico Scarlatti por Jean Rondeau, grabado en el Théâtre de l’Usine en St-Céré: