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Meloterapia




PorBlas Matamoro - Publicado el 14 Diciembre 2015

Meloterapia

El caso del pianista James Rhodes, autor del libro Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, corre el peligro de convertirse en un desdichado buen éxito, carne de banquetes mediáticos. En su texto, sometido al juicio de los tribunales para evitar/permitir que lo leyera un hijo suyo, menor de edad, Rhodes cuenta que fue violado repetidamente, entre sus seis y sus diez años, por un profesor de gimnasia. Luego: autolesiones, droga, alcohol, internación psiquiátrica, matrimonio, paternidad, divorcio, nuevo matrimonio.No entro ni salgo en el valor documental del libro ni en el examen de su historia clínica, materias ajenas a mí. Simplemente, me detengo en el hecho de que Rhodes ha podido convertirse en un pianista reconocido y aprobado, y que él mismo admite que la música ha contribuido a lo que, rápidamente, podríamos denominar su vuelta al mundo, su retorno al mundo de los otros.

El valor curativo de la música ha sido reiterado y estudiado a lo largo de la historia. A veces con figuras míticas como Orfeo, por personajes de opereta como Papageno o seres de la literatura como el flautista de Hamelin. En el caso de Rhodes, vuelve a la consideración el vínculo entre locura y música, un abismo, es decir un espacio sin fondo. ¿Fue un gran músico Robert Schumann porque su locura es hermana del genio, o le sirvió la música para evitar la locura, como una suerte de intervalo lúcido y creador? Tengo una opinión al respecto pero está fuera de este texto.

Lo llamativo de Rhodes es que se ha hecho tatuar en un brazo y en caracteres cirílicos el apellido Rachmaninov, un pianista y compositor con notoria obra pianística. ¿Es el apellido del nuevo Rhodes, es Rachmaninov su nuevo padre? Me lo pregunto no por pretensión psicoanalítica sino porque Rhodes no hace jugar en su relato a su familia, más concretamente a su padre. El caso llegó a denunciarse por un tercero. Tal vez la ausencia de un padre justiciero que pusiera las cosas en su lugar habría cambiado el rumbo del relato. En su lugar, hubo una madre omnipotente, la música. Corrijo: una madre que es también la abuela mítica, la Madre de las madres, la Sakti de los hindúes. Ella engendró a Rachmaninov, que engendró al nuevo Rhodes, con el que felizmente compartimos el mundo gracias al arte de los sonidos.

Blas Matamoro