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Festival CAFe de Budapest: Penderecki, humano, bastante humano




PorSantiago Martín... - Publicado el 24 Noviembre 2016

Festival CAFe de Budapest: Penderecki, humano, bastante humano

En el próximo número de Scherzo, inminente, les dedico algo de información sobre la presencia del compositor polaco Krzystof Penderecki en el hermoso Festival CAFe de Budapest, que tuvo lugar el pasado mes de octubre. Penderecki era el compositor homenajeado. Ya decimos en el artículo impreso que el público le demostró cariño y algo más. Ahora quisiera recordar algunas de las cosas que dijo durante uno de esos dos conciertos, el íntimo, el de cámara, en el que él hablaba y respondía a preguntas sobre su vida y su carrera, sobre la música y hasta sobre cosas que rozaban la política. Inevitable. Era el 18 de octubre en el Centro de Música de Budapest.

Para componer tengo que estar solo, decía. Ese estar solo, podríamos decir, es estar con un montón de cosas que forman tu vida y que no son tangibles, pero que son muy reales: memoria, evocaciones, lecturas, sonidos, todo imaginado y visto por la mente. Sí, sin duda es mejor estar solo en el momento de la creación artística. Nunca estás solo, siempre estás con algo. Nunca estás en un sitio, siempre estás en varias partes.

Penderecki se refería también a la importancia de la estructura en una composición. Supongo que un compositor no empieza a escribir una obra con una estructura puesta. Estructura es tal vez el equivalente a construcción en los que nos dedicamos (pese a quien pese) a escribir piezas teatrales. No empiezas con el esqueleto de la casa, pero él se levanta y consigue imponer una razón, un sentido. Ser libre, podríamos decir, no es desconocer la clave de fa. Desconocer es ignorar. Ignorar es lo contrario de ser libre. Ser cultos para ser libres, escribió Martí, y no importa que una tiranía haya secuestrado esa verdad para su propia mentira.

No se enseña a componer, dice este gran compositor, que tanto hace por los compositores jóvenes que ya tienen un centro completísimo al lado de su propia casa, más allá de Cracovia, cerca de la frontera este. Recuerdo a Woody Allen (y que conste que esto no banaliza la cuestión, sino que la potencia), creo que en Maridos y mujeres, nada más empezar la película: no se enseña a escribir guiones o comedia, eso no se enseña, eso no se aprende.

¿Qué es lo importante? ¿La inspiración? A veces la inspiración viene por el encargo, dice socarrón el bueno de Penderecki. Sí, así lo vivió Stravinski. Que, además, pensaba que la plena libertad llevaba al naufragio creativo: necesito un encargo que me limite, la ausencia de límites te hace estéril. Pero qué mejor fuente de inspiración que el haber vivido (casi) toda mi vida en la música, dentro de ella, con ella. Algo así decía nuestro compositor en aquella sala íntima cuajada de libros, partituras, colegas, amigos y admiradores.

Ante la audición de un fragmento de su Primera Sinfonía, sonríe (¿socarrón consigo mismo?) y dice que entonces era de vanguardia, y nos viene a sugerir que entonces era obligatorio ser de vanguardia, y además serlo con gestos claros de que “soy de vanguardia”. Ay, no pasan los siglos, don Krzystof, si yo le contara sobre la obligatoriedad institucional de ser vanguardista, renovador, rupturista, todo eso que hoy no es más que falsa conciencia de los que efímeramente parecen mandar en las instituciones artísticas y en los propios grupos de teatro y de música de cámara: “eso no es moderno”. Sabrás tú…

La audición de un fragmento de la Segunda Sinfonía nos lleva a otro mundo, el de quien empieza a ser de verdad Penderecki. De pronto, quise escribir una melodía. Y de ahí, piensa uno, vino todo. Todo, ya me entienden, a poco que conozcan la obra de Penderecki.

Penderecki es jardinero, y en su jardín hay cientos de especies vegetales, árboles y plantas. ¿Soy jardinero-compositor?

Les habla a los húngaros, allí presentes, porque estamos en Budapest, de cómo vivió el dramatismo, la tragedia, de la Revolución de 1956, aplastada por la URSS y sus satélites (Hungría era uno de ellos en virtud del abuso del Tratado de Yalta). Precisamente estuvo por vez primera en Budapest en 1956-1957, en tiempos de estudiante, con veintitrés, veinticuatro años. Y habla de poetas polacos a los que gusta de extraer la música que llevan oculta en sus poemas.

Ha escrito una composición al menos en homenaje al papa Juan Pablo II, benéfico para Polonia y francamente reaccionario para España, cuyos obispos más valiosos apartó, y para América Latina, para la que sin duda añoraba un católico devoto como Videla, que leía la Biblia mientras lo procesaban por crímenes de guerra. Bien, admitamos que fue el papa y no el sindicato Solidaridad el que libró a Polonia (y a esa parte de Europa Central) del comunismo desfalleciente, pero no nos creamos los mitos del vecino o del pariente. Solo son suyos. En la Polonia de hoy resulta evidente aquello que decía Norman Mailer, que los fantasmas duran más que los cadáveres. Bueno, en muchas partes, todo hay que decirlo. El propio Penderecki se refiere al papa, con afecto pero con un apunte de ironía, como a un gran actor. Era un excelente actor. Dejémoslo ahí: un actor.

Dentro de unos días se estrenará en Madrid el Cuarteto de cuerda número 4 de Penderecki. Conociendo los tres anteriores, esto va a ser una sorpresa. Ojalá lo veamos a él. En aquella sala fue imposible cruzar más de tres frases con él: te lo arrebatan sin consideración alguna. Pero sí hablé con esa mujer llena de talento y energía que es Elzbieta Penderecka. Que algunos también conseguían arrebatarte.

Pueden mirar esto, allí está ella. Defiende la causa de su vida. Causa muy bien defendida, esa es la verdad.

https://www.youtube.com/watch?v=HUpfmznbgyM

Fotos: Posztós János / CAFe Budapest