Vytautas Bacevicius (1905-1970)

“Un auténtico creador es un hombre de ideas que no presta atención a los obstáculos de la vida”. Con estas palabras se definía en 1963 un músico para el que términos como exilio o exclusión determinaron de modo inexorable buena parte de su carrera artística y casi la mitad de toda su existencia. Vytautas Bacevicius nació en Lodz, en el seno de una familia polaco-lituana marcada profundamente por la práctica musical. Su padre, Vincas, enseñó en Lodz y, más tarde, en Kaunas. Su hermano mayor, Kestutis, fue un importante pianista graduado en Varsovia y luego profesor en Kaunas, Varsovia y Lodz. Y la mayor de sus dos hermanas fue la gran compositora y violinista Grazyna Bacewicz, que prefirió conservar la grafía polaca de su apellido.
Bacevicius, que a los 9 años compuso su primera obra y a los 11 debutó como pianista y violinista, estudió composición en Lodz con Sikorski, profesor también de Rigamey, Panufnik y Baird y piano con Turczynski, alumno de Busoni. Tras graduarse en 1926 y obtener una temprana reputación como pianista y compositor, se trasladó a Kaunas (capital provisional de Lituania durante el período de entreguerras) para estudiar filosofía y estética. Un año después marchaba a París para formarse con Nikolai Cherepnin en el Conservatorio Ruso y asistir a clases de filosofía en la Sorbona. La estancia en la capital francesa le permitió entrar en contacto con un abigarrado círculo de músicos emigrados -Martinu, Tansman, Lourié o Alexander Cherepnin, entre otros- además de recibir las enseñanzas del pianista barcelonés (nacionalizado francés) Santiago Riera, antaño profesor de Ravel.
De nuevo en Kaunas desde 1931, y establecido ya como compositor, pianista y profesor, el combativo Bacevicius, “apasionado defensor de las últimas tendencias musicales” en palabras de MacDonald, dirigió en 1934 con gran revuelo entre la audiencia más conservadora el estreno de una de sus primeras (pese a lo reducido de su tamaño) grandes obras orquestales, un agresivo Poème électrique (1932) que delataba sin disimulo el impacto que sobre el joven músico habían ejercido algunas partituras recientes de estética ‘maquinista’ como Pacific 231 de Honegger, La Bagarre de Martinu, La fundición de acero de Mosolov o ciertas páginas similares de Prokofiev y Antheil. Con las sonoridades violentas y estridentes de esta breve pieza Bacevicius plasmaba su deseo de recrear el espíritu del nuevo siglo: “Una pulsión vital excepcionalmente poderosa y el maquinismo, que son las características de nuestra era eléctrica, son los principales aspectos de esta obra”, según su descripción.
Para entonces el incipiente catálogo del músico incluía ya su Sinfonía nº 1 (1926), el gigantesco Poème cosmique (1928), para 180 instrumentistas, los primeros Poemas y piezas breves para piano, a caballo entre la descendencia debussysta y una notoria afinidad —tanto estrictamente musical como espiritual— con el Scriabin más visionario, y el Concierto para piano nº 1 (1929) que, estrenado en Kaunas por el músico al teclado y Malko en el podio, se convertiría muy pronto en su obra más ejecutada, oída en Varsovia, Riga, Praga y París.
Durante la década de 1930 la actividad de Bacevicius, más allá de su faceta compositiva adscrita por entonces a un expresionismo atonal, se desplegó en múltiples frentes: como pianista en más de 300 conciertos por Europa y América, como responsable de la presencia de Lituania en la SIMC, como jurado en concursos internacionales… En 1939 Bacevicius partió hacia Sudamérica para realizar una gira de conciertos. Al poco, Lituania era invadida por la Alemania nazi y posteriormente ocupada por la Unión Soviética. Bacevicius no volvería a pisar su tierra natal. Aislado, sin noticias de su familia, los acontecimientos bélicos le inspiraron su trágica Sinfonía nº 2 “Della Guerra”, compuesta en Buenos Aires en 1940, para la que anotó con excepcional minuciosidad sus sobrecogedoras imágenes sonoras: Alemania ataca Polonia, los aviones arrojan una lluvia de bombas, interminables cortejos fúnebres, una imagen del frente del Oeste…
En 1940 Bacevicius se estableció en Nueva York, donde lucharía sin éxito para que sus obras fueran reconocidas. Apátrida muchos años, fracasó en varios intentos de obtener la ciudadanía estadounidense —no la consiguió hasta 1967— y durante la ‘caza de brujas’ de McCarthy a punto estuvo de ser deportado por supuestas simpatías comunistas. Pese a la adopción momentánea, como en la Sonata nº 3, de un cierto neoclasicismo más acorde a los gustos del público, las obras más originales y fascinantes de su esotérico “período cósmico”, como la Sinfonía nº 6 “Cosmique” (1960), Graphique (1964) o su serie de Mots para teclado, en las que pueden hallarse ocasionales paralelismos con las obras de su admirado Varèse, Jolivet o Messiaen, pasaron inadvertidas.
Según Bacevicius la música era “el elemento clave en la existencia del Universo, un producto constante de su vibración, que crea un magnetismo responsable de mantener todo el Universo en equilibrio”. No es de extrañar su absoluta aversión al american way of life, reflejada en la ingente correspondencia mantenida con sus hermanos: “Para los estadounidenses, la cultura equivale a los aparatos de lujo en sus cocinas, el aire acondicionado, los frigoríficos, los coches, los televisores en color…”.
Juan Manuel Viana
Caja
Discografía:
Sinfonías nº 2 “Della Guerra” y 6 “Cosmique”. Poème électrique. Graphique. Concierto para piano nº 1 “Sur les thèmes lituaniens”. Puodziukas. O. S. Nacional Lituania. Lukocius. Staskus. TOCCATA CLASSICS 0049 (1 CD)
Spring Suite. Conciertos para piano nº 3 y nº 4 “Symphonie Concertante”. Alekna. O. S. Nacional Lituania. Lyndon-Gee. NAXOS 8.573282 (1 CD)
Cuarteto de cuerda nº 3. C. Vilnius. VILNIUS RECORDING STUDIO 078 (1 CD)
Seis Poemas. Sonata para piano nº 2. Karnavicius. MÚSIC INFORMATION CENTRE LITHUANIA 038 (1 CD)
Mots para piano, órgano y dos pianos. Alekna. Lewis. Oppens. TOCCATA CLASSICS 0134 (1 CD)
Obras para piano, volumen 2. Alekna. TOCCATA CLASSICS 0328 (1 CD)


