VILABERTRAN / La voz mágica de Ruzan Mantashyan ilumina la Schubertíada

Vilabertran (Girona). 23-VIII-2026. Schubertíada. Ruzan Mantashyan soprano. Margarit Sargsyan, piano. Obras de Komitas, Dvorak, Chaikovski, R. Strauss.
La soprano armenia Ruzan Mantashyan (1990) retornó a la Schubertíada de Vilabertran tras su debut un año atrás con un programa dedicado a Komitas, Rachmaninov, Liszt y Richard Strauss. Mantashyan posee magnetismo vocal, sensibilidad expresiva y una personalidad sobre el escenario que la convierten en una artista con un aura especial. Su voz de timbre aterciopelado, de prístina dicción, con una proyección diáfana, con realización de agudos nunca saturados, volvió a amoldarse ante un repertorio ecléctico y exigente ofrecido en la Schubertíada de Vilabertran.
Su trabajo en el Conservatorio Komitas de Ervan, en la Accademia de belcanto de Mirella Freni en Módena, en la Hochschule de Frankfurt, le permite cultivar un repertorio ecléctico que abraza desde roles mozartianos, verdianos, straussianos o del repertorio francés y ruso. Premios en el Concurso Viñas, actuaciones en Viena, Londres, Glyndebourne o Berlín avalan a esta artista que la próxima temporada ofrecerá en el Auditori de Barcelona las Cuatro últimas canciones de Strauss, una actuación para no perderse.

Si una virtud posee Mantashyan es su pureza vocal. Cuando la soprano afrontó las canciones de Komitas, bajo el acompañamiento al piano de su compatriota Margarit Sargysan, catedrática de piano del conservatorio de Ervian, se iniciaba otra noche mágica en la Canónica de Vilabertran. Desgranó con gusto exquisito las melodías basadas en temas folklóricos, envueltas bajo una sensibilidad próxima a la espiritualidad y unos melismas afrontados con un gusto exquisito. Las melodías modales emparentadas con el folklore armenio cautivaron por la capacidad de ensoñación que alcanzó Mantashyan. Siguieron las ocho melodías que integran las Canciones de amor op. 83 de Dvorák. Si inolvidable resulta la grabación que realizó años atrás Magdalena Kožená, el canto ofrecido por Mantashyan nos deslumbró por su naturalidad e intimismo. La capacidad de transmitir esta idea del amor no correspondido que acecha durante el ciclo fue expresada con serenidad y elegancia de canto; una antesala interpretativa al rol de la ninfa Rusalka que encarnará el próximo mes en la Opera del Capitole de Toulouse.
Acto seguido, Mantashyan adaptó su canto a las exigencias expresivas de las seis canciones de Chaikovski seleccionadas para el recital, entre ellas la bellísima Ottxego (¿Por qué?). Sin exagerar la proyección, la voz de la soprano sonó más corpórea, enfocada hacia un concepto operístico, con solvencia en la realización de los agudos, con proyección firme, cautivando por el sentir melancólico que envuelve melodías como “Olvidar tan pronto” o “Que reine el día”. El acompañamiento pianístico de una excelente Margarit Sargsyan respaldó con esmero la voz de la soprano, una faceta que resultó primordial para los seis lieder de Strauss con los que finalizaba el programa. Bajo un tempo sumido en la lentitud, recreándose en cada palabra del poema “Zueignung” (“Dedicatoria”), la soprano armenia terminó definitivamente por deslumbrarnos. Cálida y a su vez firme, robusta en los agudos y con una línea repleta de pureza que desgranaba sutilmente lieder como “Die Nacht” o “Cäcile”, su voz se apoderó de toda la esencia straussiana. Bravos y más bravos despidieron el recital, no sin antes retornar fuera de programa a la delicada música armenia como punto final a una noche de lied que resultó memorable.
Lluís Trullén
(foto: David Borrat)


