VIGO / Un ‘Don Giovanni’ con distintas luces

Vigo. Teatro Afundación. 1-XI-2026. Borja Quiza, Laura del Río, Gerardo Bullón, Francisco Corujo, Ruth Terán, Pedro Martínez-Tapia, Carolina Moncada, David Cervera. Orquesta y Coro Gaos. Director musical: Fernando Briones. Directora de escena: Teresa Garzón. Priducción Amigos de la Ópera de Vigo. Mozart: Don Giovanni.
Todo acercamiento a esta ópera de óperas suscita el interés. En ella se plantean temas, relaciones, secuencias, giros dramáticos y cómicos que van conformando una rara unidad, de una monumental riqueza musical y humana. La habilidad e inspiración mozartianas impidieron que la ópera fuera un relato anárquico, caótico, desequilibrado, tal es lo variado de su contenido. Naturalmente, hemos de pensar, ese carácter, que aúna lo bufo napolitano y lo dramático y fantasmagórico propio de la tradición alemana —a la que se acoge, por ejemplo, el Fausto goethiano—, emana fundamentalmente de la música de Mozart, que se mostró aquí a su máximo nivel de inspiración.
Lo dicho revela que llevar a escena esta obra maestra plantea enormes dificultades. A Teresa Garzón, en un montaje que proviene de una previa función en los Jameos del Agua de Lanzarote, no le faltan imaginación e inventiva, decisión y valor, aunque creemos que no ha acertado del todo en su acercamiento al manejar ideas y crear subrayados que distraen de lo nuclear, lo relevante, lo sustancial de las acciones interiores y exteriores. Ese equipo de jóvenes bien adiestradas, que se mueven, bailan, adoptan las más diversas posturas, que corretean de aquí para allá, que manejan abanicos (ya sabemos que la acción transcurre en Sevilla), que merodean y salpimentan los acontecimientos, desdibujan los perfiles dramáticos y distraen. Por otro lado, el vestir a Don Giovanni y a Doña Elvira con ropajes estrambóticos que parecen indicar una supuesta conexión con lo diabólico no encaja con el carácter y significación de la historia. Son dos seres humanos plenos con sus contradicciones.
Toda esa parafernalia acaba por disimular en ocasiones los perfiles de la historia real, las contradicciones humanas, las pasiones que se nos muestran en el libreto dapontiano y la música mozartiana. Luces violentas y directas, cortinas que suben y bajan, sillas, focos, son aquí elementos permanentes. El Comendador no aparece físicamente y es sustituido por luces rojas. Curioso es que Don Ottavio, que es aquí un caballero ciego, sea el que mata inconscientemente al Comendador en vez de Don Giovanni.
En lo puramente musical, hubo un problema. La Orquesta GAOS, integrada en esta ocasión por veintipocos instrumentistas, casi todos muy jóvenes, que pusieron todo su empeño, no tiene la afinación y la soltura necesarias. Su director, Fernando Briones, es un buen músico, pero no pudo resolver los problemas de empaste, de clarificación y planificación. El Coro, en sus escasas intervenciones cumplió. Como en general lo hizo el amplio reparto.
Hay que destacar en primer lugar las intervenciones de los dos barítonos principales. Borja Quiza, en estado de plenitud vocal, mostró sus credenciales: timbre pleno y lustroso de barítono lírico bien equipado, de agudo fácil y rotundo, de dibujo a veces algo grueso y de pasajeras exageraciones expresivas. Salió bastante airoso de sus tres intervenciones a solo. Por su parte, Gerardo Bullón, de espectro algo más oscuro, exhibió su acostumbrada nobleza tímbrica y su fraseo bien cincelado. Francisco Corujo, en proceso de evolución vocal hacia un lirismo más pleno, cantó aquejado de un ostensible vibrato, pero lo hizo con gusto y elegancia, aunque con volumen de escasa amplitud. David Cervera dejó constancia como Commendatore de su bien hacer con un timbre adecuadamente penumbroso. El no cantar en escena supuso que su arenga final quedara no poco desdibujada. Puede que en exceso lírico, Pedro Martínez-Tapia se desenvolvió aceptablemente como Masetto.
Por lo que respecta a las féminas apuntamos en primer lugar la homogeneidad emisora y tímbrica, el fraseo convincente de Laura del Río como Doña Ana. Bien entonadas sus dos arias. Valiente en los 14 La naturales de Or sai chi l’onore y aplicada en Non mi dir. Ruth Terán, de metal tímbrico muy rico, a veces un poco agresivo, remató aceptablemente la difícil aria Mi tradì, aunque tuvo algunos problemas de ejecución en otros instantes, como el de su entrada. Elvira requiere una voz con mayor caudal. Muy refinada y flexible se mostró como Zerlina Carolina Moncada. Soprano lírico-ligera de estilizadas maneras y vibrato pasajeramente acusado.
Consignemos finalmente que en esta representación se prescinde de la moraleja final en la que los protagonistas, desaparecido ya el Don, comentan las circunstancias de la historia. El público, que llenaba prácticamente el antiguo Teatro García Barbón, pareció disfrutar y aplaudió con calor. Premio para los solventes programadores y rectores de los Amigos de la Ópera viguesa que han cogido el toro por los cuernos y han apostado por una producción discutible pero, con todas sus peculiaridades, de rara valentía.
Arturo Reverter


