VIENA / Debut en el Musikverein: un hito en la historia de la Orquesta de Valencia

Viena, Musikverein, 16 de abril de 2026. Obras de Martín y Soler, Ravel, Brahms y Strauss. Dúo Silver-Garburg. Orquesta de Valencia, A. Liebreich.
La Gran Sala Dorada del Musikverein tal vez sea la sala de conciertos más famosa del mundo. Incluso el público totalmente ajeno al mundo de la música clásica reconoce su estética gracias al célebre concierto de Año Nuevo. Por ello, para cualquier orquesta, tener la oportunidad de tocar allí es todo un hito y una experiencia. En el caso de la Orquesta de Valencia, bastaba echar un vistazo a las redes sociales de los músicos para ver el entusiasmo que ya en el ensayo despertaba estar en el escenario y empezar a experimentar su mítica acústica.
El Musikverein, como ocurre con el Auditorio Nacional, no es un espacio con programación propia o gestión artística centralizada como el Palau de la Música de Valencia, sino que, en la sala, se presentan las programaciones de distintos promotores. Por ejemplo, es el espacio donde la Filarmónica de Viena celebra sus escasos y exclusivos conciertos de suscripción. En este caso, la Orquesta de Valencia actuaba dentro de la programación que organiza la promotora Jeunesse, que lleva adelante una interesante oferta que incluye tanto música clásica como todo tipo de géneros, en una original y ecléctica programación con la que consiguen crear su propio espacio en la competitiva oferta musical de la capital austríaca. De hecho, a la vez que nuestra orquesta actuaba en el Musikverein, Sir Simon Rattle dirigía la Novena de Mahler en el Konzerthaus a la Filarmónica y Ludovic Tézier interpretaba Simon Boccanegra en la Staatsoper. Todo ello en un radio de 500 metros: Viena es así.

El concierto comenzó con la obertura de L’arbore di Diana de Martín y Soler. Esta fue una de las tres óperas que el valenciano estrenó en la ciudad con libreto de Lorenzo da Ponte y nuestra orquesta quiso homenajearlo. A continuación, la suite n.2 de Daphnis et Chloé de Ravel, de la que la orquesta ofreció una brillante versión y en la que hay que destacar la actuación de María Dolores Vivó en el solo de flauta y al concertino Enrique Palomares.
Pero el plato fuerte de la primera parte era la actuación del dúo Silver-Garburg, quienes ofrecieron un arreglo del cuarteto para piano n.3 de Brahms para piano a cuatro manos y orquesta. Tal metamorfosis es obra de Richard Dünser, quien firma un más que digno trabajo en el que logra crear una obra equilibrada de pura sonoridad brahmsiana. Por su parte, el dúo demostró una insuperable complicidad y equilibrio sonoro de forma que las cuatro manos parecían obedecer a un único concepto. Como bis ofrecieron un scherzo para cuatro manos de Rachmaninov.
Para la Orquesta de Valencia y su director Alexander Liebreich, la gran prueba llegó en la segunda parte con Así habló Zaratustra de Strauss. La obra llegaba a Viena bien “rodada”, pues ya se interpretó en Madrid el pasado febrero y la semana pasada en Valencia; pero, además, los que seguimos desde hace décadas a esta orquesta sabemos que en las ocasiones más comprometidas siempre da lo mejor de sí. El resultado fue una versión flexible, intensa y precisa, con un Liebreich que demostró no solo un dominio absoluto de la obra, sino también musicalidad y entrega. En cuanto a las intervenciones solistas, hay que subrayar la entregada musicalidad de Anabel García del Castillo (concertino), a Iván Balaguer (chelo), Santiago Cantó (viola), Javier Eguillor (timbales) y Pablo Márquez (órgano). El público ocupó unos tres cuartos de la sala y reaccionó con afecto a la actuación de la orquesta.
César Rus
Foto: Max Slovencik


